Un grupo de empleadas de limpieza de un hotel logró perder peso, redujeron su presión arterial y disminuyeron su grasa corporal, todo ello sin ir al gimnasio ni cambiar sus rutinas diarias.
La única diferencia radicaba en lo que creían: que su trabajo era ejercicio. Sus mentes lo creían, así que sus cuerpos respondían en consecuencia.
Los resultados del estudio se publicaron por primera vez en 2007 en la revista Sage Journals. Hoy en día, un creciente número de investigaciones confirman este poderoso descubrimiento: lo que nuestra mente cree sobre nuestro cuerpo puede producir cambios físicos concretos.
El poder de la creencia
El efecto placebo es un ejemplo bien documentado de la conexión mente-cuerpo. Ocurre cuando nuestras expectativas sobre un tratamiento, una mejoría o una experiencia —incluso si el tratamiento no es real— desencadenan cambios biológicos genuinos. Los investigadores sugieren que lo que impulsa este cambio es una combinación de creencia, asociación emocional, sensación de seguridad y expectativa.Un estudio histórico de doble ciego publicado en 2013 todavía se cita hoy en día en diversos campos científicos por la naturaleza sorprendente de sus resultados.
Los pacientes con dolor traumático significativo en la rodilla, desgarros de menisco y osteoartritis de rodilla resistente al tratamiento convencional fueron asignados aleatoriamente a dos grupos: uno recibió cirugía real de menisco y el otro recibió una cirugía placebo "falsa", en la que se les sometería a una simulación de la cirugía de menisco.
Ambos grupos mostraron una mejoría significativa, y el grupo sometido a cirugía real no presentó una mejoría mayor que el grupo placebo.
Lo que nos dice la neurociencia
El efecto placebo no es el único mecanismo implicado. La neuroplasticidad y el sistema nervioso también desempeñan un papel fundamental.Tanto el efecto placebo como la neuroplasticidad comparten un mecanismo clave: la capacidad del cerebro y del sistema nervioso para generar cambios fisiológicos basados en expectativas y creencias.
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro y del sistema nervioso para formar, modificar y fortalecer las conexiones neuronales en respuesta a pensamientos, comportamientos y experiencias repetidas. Cada vez que repetimos ciertos pensamientos, asociamos emociones con experiencias o practicamos hábitos, las neuronas del cerebro se activan a lo largo de vías específicas, fortaleciendo estas conexiones con el tiempo hasta que se vuelven automáticas.
Este descubrimiento científico desmintió la creencia generalizada de que las personas no pueden cambiar, abriendo la posibilidad de generar un crecimiento mental y físico significativo a cualquier edad.
Los investigadores descubrieron que incluso prácticas sencillas como la visualización, el ensayo mental y la práctica del pensamiento pueden producir cambios neuroplásticos medibles en el cerebro. Los hallazgos científicos han demostrado que desarrollar una mayor consciencia y control sobre aquello en lo que enfocamos nuestros pensamientos y emociones conlleva mejoras medibles: mejor conectividad cerebral, menor miedo, mejor regulación emocional y mayor resiliencia al estrés.
Sin embargo, los cambios físicos y neuroplásticos derivados de la meditación no se limitan al cerebro. Un estudio publicado en Psychoneuroendocrinology reveló que incluso un solo día de práctica de atención plena entre meditadores experimentados produjo cambios a nivel celular en la expresión génica, desactivando genes que causan inflamación.
La meditación también se ha asociado con cambios positivos en nuestra microbiota intestinal, los cuales se han relacionado con una menor ansiedad, depresión, disfunción inmunológica y enfermedades cardiovasculares.
Sin misterios
A medida que las investigaciones sobre el efecto placebo y la neuroplasticidad empezaron a insinuar el poder de la creencia y la expectativa para crear nuevas vías de cambio en nuestros cuerpos, los neurocientíficos comenzaron a centrarse más en los resultados impulsados por las expectativas, un cambio que despertó interés en la manifestación y el establecimiento de objetivos.La Dra. Tara Swart, neurocientífica y autora que divulga conocimientos sobre neurociencia, advierte sobre la importancia de no mistificar este proceso. "Como neurocientífica, uno de los mayores malentendidos que encuentro en el ámbito de la manifestación es que se explica que funciona por frecuencias o vibraciones externas. En realidad se trata de nuestra propia capacidad de dirigir el poder de nuestro cerebro", explicó a The Epoch Times. En términos neurocientíficos, la manifestación es simplemente fijar una meta clara y tomar las acciones necesarias para alcanzarla.
Por qué importa el sistema nervioso
El sistema nervioso decide si el cambio es posible, determinando si percibimos nuestro entorno como seguro o amenazante.Los traumas y el estrés prolongado pueden perjudicar este proceso de filtrado, lo que nos lleva a centrarnos en lo negativo, generando incluso efectos nocebo, que produce resultados negativos.
Los investigadores descubrieron que las hijas de madres con depresión se centraban más en las expresiones faciales negativas que en las positivas. Otros estudios sobre el sesgo de negatividad hallaron que las personas con antecedentes de abuso infantil eran más propensas a atribuir emociones negativas a expresiones faciales neutras en comparación con las personas no traumatizadas.
Los investigadores también descubrieron que el trauma puede alterar la red neuronal por defecto en nuestro cerebro, un área fundamental para el procesamiento emocional, la autorreflexión, la exploración mental y la creación de nuevas narrativas mentales.
Nuestros cerebros y sistemas nerviosos refuerzan las vías de amenaza conocidas en lugar de las posibilidades nuevas y desconocidas, e incluso pueden crear efectos nocebo.
Los efectos nocebo son similares a los efectos placebo, pero provocan cambios negativos y se ha comprobado que generan resultados negativos, como dolor, cuando las personas creían y esperaban una respuesta negativa a una intervención.
Cómo cultivar las condiciones para el cambio
Para utilizar el poder del pensamiento y la creencia para reconfigurar nuestro cerebro, las personas pueden emplear algunas estrategias sencillas para encontrar lo que mejor les funcione:- Ejercicios de respiración: Los ejercicios de respiración consciente son sencillos y eficaces para restablecer el sistema nervioso. Se pueden probar diferentes métodos, como la respiración cuadrada, el suspiro fisiológico, el ejercicio de la media salamandra o usar aplicaciones como The Breath Space, explicó Swart.
- Pasar tiempo en la naturaleza: Estar en contacto con la naturaleza reduce el estrés y mejora el funcionamiento celular y el procesamiento emocional.
- Practicar ejercicio o actividades corporales: El yoga y otras formas de movimiento permiten que su cuerpo supere las emociones negativas y creen nuevas vías neuroplásticas en el cerebro.
- Repetir afirmaciones positivas: Las afirmaciones o recordar pasajes bíblicos pueden cambiar las creencias negativas sobre uno mismo.
- Practicar la gratitud: La gratitud reconfigura el cerebro y transmite una sensación de seguridad al sistema nervioso.
- Fomentar la conexión social y el juego: Dos de los reguladores más poderosos del sistema nervioso, la conexión social y el juego, devuelven al cuerpo a un estado de apertura, curiosidad y compromiso.
Nuestras células responden constantemente a las creencias y al significado emocional que les atribuimos. Cuando cultivamos seguridad, coherencia y esperanza, nuestros pensamientos pueden convertirse en poderosas señales biológicas con consecuencias reales para nuestra salud y nuestra vida.













