De la niebla de África a la bruma en América Latina: Convergencias de la insurgencia híbrida y la erosión del Estado

Miembros del grupo disidente Segunda Marquetalia, perteneciente a las FARC, marchan en una finca de Llorente, zona rural de la ciudad portuaria de Tumaco, departamento de Nariño, Colombia, el 31 de agosto de 2024. Menos de tres meses después de haber iniciado conversaciones de paz con el gobierno, uno de los grupos rebeldes de izquierda más grandes de Colombia dijo que las negociaciones están "bloqueadas" y acusa al gobierno del presidente Gustavo Petro de no cumplir con sus principales demandas.  (Foto de JOAQUIN SARMIENTO/AFP vía Getty Images)

Miembros del grupo disidente Segunda Marquetalia, perteneciente a las FARC, marchan en una finca de Llorente, zona rural de la ciudad portuaria de Tumaco, departamento de Nariño, Colombia, el 31 de agosto de 2024. Menos de tres meses después de haber iniciado conversaciones de paz con el gobierno, uno de los grupos rebeldes de izquierda más grandes de Colombia dijo que las negociaciones están "bloqueadas" y acusa al gobierno del presidente Gustavo Petro de no cumplir con sus principales demandas. (Foto de JOAQUIN SARMIENTO/AFP vía Getty Images)

19 de mayo de 2026, 9:39 p. m.
| Actualizado el19 de mayo de 2026, 9:39 p. m.

Aquí se analiza, con base en situaciones en evolución, la desestabilización estatal sistémica mediante una comparativa entre el Sahel africano, la región de los Grandes Lagos y el arco andino en América Latina.

Se plantea que, a pesar de las divergencias ideológicas, los grupos insurgentes en Malí, Nigeria, la República Democrática del Congo (RDC) y Colombia comparten un patrón de "insurgencia híbrida".

Este fenómeno aprovecha los vacíos de gobernanza para erosionar la soberanía nacional, utilizando el control territorial y la infiltración institucional como herramientas para profundizar grietas, debilitando estados soberanos.

Historias relacionadas

Países de Latinoamérica condenan el ataque terrorista atribuido a disidencias de las FARC en Colombia

Países de Latinoamérica condenan el ataque terrorista atribuido a disidencias de las FARC en Colombia
Historias relacionadas

Fiscal General de Colombia confirma nexos del Ejército y el gobierno de Petro con la guerrilla

Fiscal General de Colombia confirma nexos del Ejército y el gobierno de Petro con la guerrilla

El fenómeno de la bruma geopolítica

La literatura de seguridad internacional ha tendido a compartimentar los estudios de estabilidad estatal por regiones, impidiendo visualizar convergencias estructurales de alto valor explicativo. El asesinato del ministro de Defensa de Malí, la infiltración yihadista confirmada en Abuja, y la escalada de violencia armada en Colombia en vísperas electorales no son eventos desconectados: son expresiones de un mismo fenómeno sistémico de erosión del orden westfaliano en sus márgenes más vulnerables.

La metáfora de la "niebla" y la "bruma" no es un capricho: remiten deliberadamente a la Kriegsnebel (niebla de guerra) de Clausewitz, pero aquí se resignifican para describir la opacidad institucional que permite a los actores armados operar en los márgenes del Estado; describen una condición de incertidumbre estratégica donde las líneas entre el crimen organizado, el terrorismo ideológico y la insurgencia política se difuminan.

En la última década, la comunidad internacional ha sido testigo de una transición desde conflictos convencionales hacia estados de confrontación perpetua de baja y mediana intensidad. Esta realidad es palpable en el Sahel, donde el avance del grupo Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) y los rebeldes tuareg representan un colapso de la arquitectura de seguridad postcolonial, encontrando un eco en Colombia, donde la intensificación de la violencia frente a procesos democráticos revela que el control territorial por actores no estatales es un desafío directo a la estabilidad de la república.

<em>Una columna de humo negro se eleva sobre los edificios mientras el tráfico pasa junto al monumento de la Torre África en Bamako el 26 de abril de 2026. Los ataques sorpresa del 25 de abril de 2026, sincronizados por los rebeldes tuareg de la coalición Frente de Liberación de Azawad (FLA) y el grupo yihadista Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), tuvieron como objetivo varias zonas del vasto país árido. Los combates se reanudaron el 26 de abril en varias zonas, incluidas Kita, cerca de Bamako, Kidal, Gao y Severe. Mientras tanto, los rebeldes tuareg anunciaron un acuerdo que permitía a las fuerzas rusas que apoyaban al ejército de Malí retirarse de la ciudad norteña de Kidal, que, según afirmaban, estaba "totalmente" bajo su control. (Foto de AFP vía Getty Images)</em>Una columna de humo negro se eleva sobre los edificios mientras el tráfico pasa junto al monumento de la Torre África en Bamako el 26 de abril de 2026. Los ataques sorpresa del 25 de abril de 2026, sincronizados por los rebeldes tuareg de la coalición Frente de Liberación de Azawad (FLA) y el grupo yihadista Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), tuvieron como objetivo varias zonas del vasto país árido. Los combates se reanudaron el 26 de abril en varias zonas, incluidas Kita, cerca de Bamako, Kidal, Gao y Severe. Mientras tanto, los rebeldes tuareg anunciaron un acuerdo que permitía a las fuerzas rusas que apoyaban al ejército de Malí retirarse de la ciudad norteña de Kidal, que, según afirmaban, estaba "totalmente" bajo su control. (Foto de AFP vía Getty Images)

El epicentro de la niebla: El Sahel Central y el colapso regional

Como se mencionará, el reciente asesinato del ministro de Defensa de Malí, el general Sadio Camara, y la amenaza de bloqueo sobre Bamako, capital de Malí, marcan un punto de inflexión donde el Estado ya no enfrenta una rebelión periférica, sino un asedio a su núcleo vital.

Esta vulnerabilidad se ha manifestado con especial crudeza a través del ataque continuo al suministro de combustible, una maniobra táctica del JNIM que ha logrado paralizar la capital y sus funciones básicas. Al cortar las arterias logísticas que conectan a Bamako con los puertos de abastecimiento en la costa occidental de África, la insurgencia ha transformado la carestía de hidrocarburos en una forma de guerra psicológica y económica.

La paralización del transporte público, la interrupción de los generadores eléctricos que sostienen hospitales y centros administrativos, y el encarecimiento exponencial de los bienes de consumo han generado una presión social interna que erosiona la legitimidad del general Assimi Goïta, presidente transitorio del país, de forma más efectiva que un enfrentamiento militar directo.

Esta crisis energética no es un evento fortuito, sino el resultado de una campaña sistemática de sabotaje a convoyes de camiones cisterna y la ocupación de nodos viales estratégicos. Según los análisis del Proyecto de Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados (Armed Conflict Location & Event Data Project) (ACLED, 2024), esta sinergia operativa ha logrado desmantelar la capacidad de respuesta del ejército maliense, extendiendo la inestabilidad hacia Burkina Faso y Níger.

En estos países, la incapacidad de las instituciones civiles para contener el avance del Estado Islámico en el Gran Sáhara (EIGS) ha derivado en una sucesión de golpes militares que, lejos de pacificar el territorio, han incrementado la violencia contra la población civil.

El desabastecimiento en Bamako funciona como un espejo de lo que ocurre en las capitales vecinas, donde el control de los recursos estratégicos por parte de actores no estatales ha fragmentado aún más la autoridad central, obligando a los gobiernos a negociar o colapsar bajo el peso de la parálisis logística (Crisis Group, 2023).

En Nigeria, la situación adquiere una dimensión de vulnerabilidad urbana crítica. En diferentes documentos difundidos por el Departamento de Seguridad del Estado en Nigeria en el año 2024, se advertía sobre la infiltración de militantes yihadistas en la capital federal, Abuja, con el objetivo de atacar infraestructuras de alto nivel.

Este movimiento representa el paso de una guerra rural hacia una guerra urbana asimétrica, donde el Estado pierde la capacidad de proteger incluso sus centros de poder administrativo, un patrón que refleja la fragilidad estructural frente a la corrupción y la cooptación de los organismos de seguridad.

El polvorín de los grandes lagos y el cuerno de África

La inestabilidad se extiende hacia el sur y el este del continente, donde la dinámica de conflicto en la República Democrática del Congo (RDC) ilustra la persistencia de las guerras por delegación o proxy wars.

La reactivación del grupo M23 en el este de la RDC ha exacerbado las tensiones con Ruanda, país acusado de brindar apoyo logístico a los insurgentes, lo que nos lleva a identificar fenómenos similares asociados a las porosidades fronterizas que los grupos armados en Colombia explotan para evadir la justicia.

El Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre la RDC (Naciones Unidas, 2023) ha documentado cómo esta violencia se retroalimenta de la explotación ilegal de minerales, creando una economía de guerra que sostiene la insurgencia por encima de cualquier pretensión política.

Esta amalgama de intereses se observa también en Uganda y en su lucha contra las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF).

Lo que comenzó como una insurgencia local ha evolucionado hacia una forma más híbrida, con redes de terrorismo global tras su juramento de lealtad al Estado Islámico, expandiendo su radio de acción hacia suelo congoleño y complicando la seguridad regional (Congo Research Group, 2024).

Mientras tanto, en Burundi, la represión política interna y la fragilidad institucional mantienen al país en un estado de latencia conflictiva, y en Sudán del Sur, el Sudd Institute (SUDD, 2024) advierte que la persistencia de milicias personales impide la consolidación de un Estado funcional, dejando al país atrapado en un ciclo de violencia fratricida que anula el contrato social.

La bruma en América Latina: El espejo colombiano

Mientras África se enfrenta a extremismos religiosos, Colombia experimenta una versión secular de esta erosión estatal que se ha expandido hacia un ecosistema criminal transnacional.
<em>Un miembro del Frente Carlos Patiño de la guerrilla disidente de las FARC patrulla junto a cultivos de coca en el Cañón de Micay, una zona montañosa y bastión del EMC en el departamento del Cauca, al suroeste de Colombia, el 24 de marzo de 2024. Extensas plantaciones de coca de un verde intenso cubren las laderas del estrecho Cañón de Micay, corazón del territorio de la guerrilla colombiana, que gobierna su feudo como un pequeño estado. A lo largo de caminos de tierra, en laboratorios improvisados, los agricultores mezclan abiertamente hoja de coca con gasolina para extraer una pasta utilizada para elaborar la cocaína pura, uno de los principales productos de exportación de Colombia. El Cañón de Micay es una importante fuente de tensión en las negociaciones entre el gobierno y el Estado Mayor Central (EMC), que se separó de las FARC tras la firma del acuerdo de paz de 2016. (Foto de RAUL ARBOLEDA/AFP vía Getty Images)</em>Un miembro del Frente Carlos Patiño de la guerrilla disidente de las FARC patrulla junto a cultivos de coca en el Cañón de Micay, una zona montañosa y bastión del EMC en el departamento del Cauca, al suroeste de Colombia, el 24 de marzo de 2024. Extensas plantaciones de coca de un verde intenso cubren las laderas del estrecho Cañón de Micay, corazón del territorio de la guerrilla colombiana, que gobierna su feudo como un pequeño estado. A lo largo de caminos de tierra, en laboratorios improvisados, los agricultores mezclan abiertamente hoja de coca con gasolina para extraer una pasta utilizada para elaborar la cocaína pura, uno de los principales productos de exportación de Colombia. El Cañón de Micay es una importante fuente de tensión en las negociaciones entre el gobierno y el Estado Mayor Central (EMC), que se separó de las FARC tras la firma del acuerdo de paz de 2016. (Foto de RAUL ARBOLEDA/AFP vía Getty Images)

La intensificación de ataques previos a los comicios del 31 de mayo refleja una estrategia de gobernanza criminal donde las disidencias de las FARC y el ELN han dejado de ser actores puramente locales. Estos grupos han consolidado un corredor estratégico que utiliza a Venezuela como santuario y plataforma logística.

Según informes de InSight Crime (InSight Crime, 2024), la presencia del ELN en más de doce estados venezolanos ocurre con la anuencia del gobierno local, permitiéndoles gestionar minería ilegal y narcotráfico con una profundidad operativa que borra la frontera binacional.

Esta expansión se manifiesta, en forma similar, en Ecuador, que ha pasado de ser un país de tránsito a un centro de operaciones logísticas.

Las disidencias de las FARC, particularmente el Frente Óliver Sinisterra, han podido traspasar las estructuras de seguridad ecuatorianas para alcanzar la salida de cocaína por los puertos de Guayaquil y Esmeraldas, desencadenando una crisis de seguridad en la nación andina (Fundación Paz & Reconciliación, 2024).

La complejidad de esta "bruma" se agrava con la convergencia de intereses extrarregionales.

<em>Lugareños intentan extinguir el fuego en la maquinaria pesada destruida por las fuerzas armadas durante una operación en una mina de oro ilegal en Triángulo de Telembi, Colombia, el 25 de enero de 2023. Desde un helicóptero del ejército que sobrevolaba la zona, las fuerzas de seguridad colombianas divisaron varias minas de oro ilegales en la selva. Las fuerzas armadas aterrizaron repentinamente y se encontraron con trabajadores enfurecidos, pero los repelieron y destruyeron la maquinaria utilizada para extraer el oro. La operación representa un duro golpe a la minería ilegal y una ofensiva contra los grupos armados que se lucran con las minas ilícitas en este país asolado por el conflicto. (Foto de DANIEL MUNOZ/AFP vía Getty Images)</em>Lugareños intentan extinguir el fuego en la maquinaria pesada destruida por las fuerzas armadas durante una operación en una mina de oro ilegal en Triángulo de Telembi, Colombia, el 25 de enero de 2023. Desde un helicóptero del ejército que sobrevolaba la zona, las fuerzas de seguridad colombianas divisaron varias minas de oro ilegales en la selva. Las fuerzas armadas aterrizaron repentinamente y se encontraron con trabajadores enfurecidos, pero los repelieron y destruyeron la maquinaria utilizada para extraer el oro. La operación representa un duro golpe a la minería ilegal y una ofensiva contra los grupos armados que se lucran con las minas ilícitas en este país asolado por el conflicto. (Foto de DANIEL MUNOZ/AFP vía Getty Images)

Reportes de inteligencia y estudios del Center for a Secure Free Society (SFS, 2024) han señalado la persistente influencia de Irán y su brazo operativo, Hezbollah, en el arco minero de Venezuela y zonas fronterizas con Colombia. La red de Hezbollah aprovecha las estructuras de las economías ilícitas para el lavado de activos, estableciendo un nexo entre el extremismo del Medio Oriente y las insurgencias latinoamericanas.

Esta presencia iraní no solo se limita al ámbito financiero; el intercambio de tecnología táctica y la asesoría en operaciones de inteligencia asimétrica fortalecen la capacidad de las disidencias y el ELN para desafiar la soberanía estatal, creando un puente de inestabilidad que conecta las tácticas del Sahel con la realidad sudamericana.

Historias relacionadas

Ejército de Ecuador desmantela red de minería ilegal en la frontera con Colombia

Ejército de Ecuador desmantela red de minería ilegal en la frontera con Colombia
Historias relacionadas

EXCLUSIVA | El Plan de Seguridad 2026: El cambio para México y Colombia (Victor Avila, ONDCP)

EXCLUSIVA | El Plan de Seguridad 2026: El cambio para México y Colombia (Victor Avila, ONDCP)

Convergencias tácticas

La comparación entre el cinturón de inestabilidad africano y el caso colombiano revela patrones de deterioro que trascienden las fronteras geográficas.

Una de las convergencias más notables es el "armamento del hambre", donde los bloqueos de capitales en Malí encuentran su equivalente en el confinamiento de comunidades enteras en departamentos como el Chocó.

Asimismo, la explotación de recursos naturales, oro en el Sahel y la RDC, cocaína y otros minerales en Colombia, sirve como el principal combustible financiero para la permanencia de la guerra.

La tecnología también ha jugado un papel nivelador en estas insurgencias híbridas.

<em>Esta ilustración muestra a una mujer mirando una cuenta de TikTok del Frente Franco-Benavides, perteneciente a la guerrilla disidente de las FARC, en Bogotá, el 2 de abril de 2024. La AFP encontró en TikTok, y en menor medida en Facebook, decenas de cuentas, cientos de publicaciones y varias comunidades de propaganda de grupos armados que responden al Estado Mayor Central (EMC). Unos 3.500 combatientes integran el EMC y se financian principalmente con el narcotráfico, según la inteligencia militar. (Foto de LUIS ACOSTA/AFP vía Getty Images)</em>Esta ilustración muestra a una mujer mirando una cuenta de TikTok del Frente Franco-Benavides, perteneciente a la guerrilla disidente de las FARC, en Bogotá, el 2 de abril de 2024. La AFP encontró en TikTok, y en menor medida en Facebook, decenas de cuentas, cientos de publicaciones y varias comunidades de propaganda de grupos armados que responden al Estado Mayor Central (EMC). Unos 3.500 combatientes integran el EMC y se financian principalmente con el narcotráfico, según la inteligencia militar. (Foto de LUIS ACOSTA/AFP vía Getty Images)

El uso de drones comerciales para vigilancia y ataques asimétricos es ahora una realidad tanto para los grupos yihadistas en Nigeria como para las organizaciones criminales en los Andes.

Esta democratización de la letalidad, sumada a la infiltración institucional, sugiere que el Estado ya no solo combate a un enemigo externo, sino a una metástasis que utiliza las herramientas de la modernidad para desmantelar la soberanía.

Conclusión

El tránsito de la "niebla" africana a la "bruma" latinoamericana demuestra que el deterioro social contemporáneo es un proceso de fragmentación sistémica.

La caída de figuras clave en Malí, el asedio a Abuja y la violencia electoral en Colombia son síntomas de un cambio global donde el Estado-Nación tradicional está perdiendo la batalla por el control territorial.

Para revertir esta tendencia, es imperativo que las respuestas de seguridad no se limiten a la acción militar, sino que se enfoquen en la recuperación de la legitimidad institucional y la protección de los procesos democráticos.

Si la bruma continúa espesándose, el riesgo inminente no es solo la pérdida de territorio, sino el riesgo de extinción de la paz social como concepto alcanzable en el siglo XXI.

Recomendación de política

La expansión de insurgencias híbridas y economías ilícitas transnacionales exige respuestas que combinen seguridad, fortalecimiento institucional y cooperación regional.

Más allá de la acción militar, los Estados deben recuperar presencia efectiva en territorios vulnerables, fortalecer capacidades de inteligencia y proteger procesos democráticos frente a la coerción armada y la infiltración criminal.

Asimismo, América Latina debe extraer lecciones del Sahel: la erosión gradual de la autoridad estatal, si no se contiene a tiempo, puede transformar crisis localizadas en amenazas sistémicas de largo plazo.

Una estrategia coordinada, centrada en gobernanza, control territorial y resiliencia institucional, resulta esencial para evitar la consolidación de espacios de soberanía fragmentada.

Sobre el autor

El Contraalmirante (R) Leonardo Quijarro Santibáñez es estratega naval y especialista en logística de defensa, con más de 38 años de servicio en la Armada de Chile. Ingeniero Naval Electrónico y Especialista en Estado Mayor, ocupó altos cargos de conducción estratégica, entre ellos fue Subjefe del Estado Mayor General de la Armada, Director de Ingeniería y Sistemas Navales, Director General de Logística y Presidente del Directorio de Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR). Es Magíster en Ciencias Navales y Marítimas y cuenta con diplomados en Ingeniería Industrial y Gestión de Empresas, Asuntos Antárticos y Alta Dirección. Actualmente es profesor residente en la Academia de Guerra Naval y docente investigador del Centro de Estudios Navales y Marítimos. Es coautor del libro Tecnologías emergentes y su impacto en la guerra naval (2023) y es miembro sénior, del MSI²

El MSI² (Miami Strategic Intelligence Institute) reúne a un grupo de expertos no partidista especializado en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría.

Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la posición de The Epoch Times


Cómo puede usted ayudarnos a seguir informando

¿Por qué necesitamos su ayuda para financiar nuestra cobertura informativa en Estados Unidos y en todo el mundo? Porque somos una organización de noticias independiente, libre de la influencia de cualquier gobierno, corporación o partido político. Desde el día que empezamos, hemos enfrentado presiones para silenciarnos, sobre todo del Partido Comunista Chino. Pero no nos doblegaremos. Dependemos de su generosa contribución para seguir ejerciendo un periodismo tradicional. Juntos, podemos seguir difundiendo la verdad, en el botón a continuación podrá hacer una donación:

Síganos en Facebook para informarse al instante

Comentarios (0)

Nuestra comunidad prospera gracias a un diálogo respetuoso, por lo que te pedimos amablemente que sigas nuestras pautas al compartir tus pensamientos, comentarios y experiencia. Esto incluye no realizar ataques personales, ni usar blasfemias o lenguaje despectivo. Aunque fomentamos la discusión, los comentarios no están habilitados en todas las historias, para ayudar a nuestro equipo comunitario a gestionar el alto volumen de respuestas.

TE RECOMENDAMOS
ÚLTIMAS NOTICIAS