Francia pondrá en marcha un importante operativo de seguridad, desplegando tropas para reforzar a la policía durante las protestas previstas para el fin de semana, según anunció el gobierno, que reconoció fallos en su respuesta a los recientes disturbios.
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, declaró el martes ante los legisladores en la Asamblea Nacional que la prioridad inmediata era restablecer el orden tras los disturbios y saqueos registrados en París, Marsella, Lyon y otras ciudades.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó al Parlamento que los militares asumirán ciertas tareas de vigilancia estática, permitiendo así que los agentes de policía queden libres para responder a los disturbios. Por su parte, el gobierno se comprometió a modificar sus tácticas, tras las críticas generalizadas por haber dejado los centros urbanos en una situación de vulnerabilidad.
Lecornu atribuyó la violencia durante las protestas a grupos de extrema izquierda.

No leas más noticias. Entiéndelas.
En Epoch Times Español queremos estar en contacto directo contigo
Seleccionamos para ti lo que de verdad importa, sin ruido ni agendas. Es un canal abierto: si nos escribes, te respondemos.
"Un cierto número de individuos violentos, procedentes de la extrema izquierda radical y de la ultraizquierda, optaron por actuar en enjambre para sembrar la violencia de manera metódica, valiéndose de herramientas digitales", afirmó.
Por su parte, los legisladores de izquierda acusaron al gobierno de no abordar el descontento provocado por el deterioro de los servicios públicos y el elevado costo de la vida.
La principal organización estudiantil de Francia, la UNEF, convocó nuevas protestas para el sábado y prometió seguir ejerciendo presión sobre el gobierno del presidente Emmanuel Macron, denunciando lo que considera un sistema educativo infra-financiado y en proceso de deterioro.
Por otro lado, grupos que se identifican como "chalecos amarillos" (Gilets Jaunes) convocaron manifestaciones en protesta por el aumento de los precios del combustible.
El movimiento de los "chalecos amarillos", que había permanecido prácticamente inactivo en los últimos años, surgió en 2018 —durante el primer mandato de Macron— a raíz de los planes para incrementar los impuestos sobre los carburantes; tras meses de bloqueos de carreteras, el movimiento logró forzar al gobierno a realizar concesiones.
Una elección entre "la violencia y la República"
El primer ministro describió la crisis como una elección "entre la violencia y la República", en un contexto en el que el país se encuentra conmocionado tanto por la magnitud de los disturbios como por la aparente incapacidad de la policía para contenerlos.La agitación comenzó a gestarse a finales de septiembre, cuando los estudiantes bloquearon varios institutos de enseñanza secundaria en Seine-Saint-Denis, una zona situada justo al norte de París con una importante población inmigrante. Posteriormente, las protestas se extendieron por todo el país.
El próximo año se celebrarán elecciones presidenciales, en un contexto en el que la élite política se ve amenazado por el creciente apoyo a Marine Le Pen —líder del partido de derecha Agrupación Nacional— y al candidato de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon. Según una encuesta de Ifop-Fiducial publicada por la cadena francesa TF1, Le Pen cuenta con una clara ventaja en la intención de voto.
Fallos en los servicios de inteligencia
Lecornu reconoció que hubo fallos en los servicios de inteligencia durante la respuesta nacional a los actos violentos del pasado fin de semana: el despliegue policial no fue lo suficientemente rápido y las autoridades no cancelaron de inmediato los permisos de los agentes."Lamento profundamente lo ocurrido. Asumo mi parte de responsabilidad", declaró Núñez.
El lunes, Macron rechazó su oferta de dimisión.
Las protestas en otros países europeos, incluidos Italia y Albania, han avivado la preocupación de que el descontento generalizado por el fuerte aumento del costo de vida pueda extenderse por todo el continente, en un momento en que muchas naciones —entre ellas Francia— enfrentan economías estancadas y un malestar social derivado de la inmigración masiva.
El Parlamento está poniendo en marcha una investigación para determinar las causas de los disturbios, mientras que las autoridades han asignado a 200 investigadores la tarea de identificar y localizar a los responsables de los actos violentos.
Las manifestaciones congregaron a unas 550,000 personas en todo el país, incluidas 110,000 en París, según el Ministerio del Interior.
El gobierno estima que al menos 3000 establecimientos comerciales resultaron dañados o fueron saqueados. Las autoridades han informado de cerca de 2400 detenciones, mientras que 997 agentes de policía, gendarmes y bomberos resultaron heridos, siete de ellos de gravedad.
Se produjeron ataques contra edificios públicos y tiendas. El martes, la policía detuvo a un hombre sospechoso de provocar un incendio que destruyó el ayuntamiento de la ciudad de Limoges, en el centro del país, durante los disturbios. Según las autoridades, el individuo pertenecía a un grupo de extrema izquierda y figuraba en una lista de seguimiento de seguridad.
Con información de Reuters y Etienne Fauchaire.





















