Opinión
Lo sucedido con el ahora expresidente Nicolás Maduro en Venezuela era previsible desde el momento mismo en que Donald Trump proclamó la nueva vigencia de la Doctrina Monroe: América para los americanos, es decir, cuando manifestó su propósito de mantener o restaurar la hegemonía de Estados Unidos en el Continente.
Esto significa que los Estados alineados a la izquierda, en la línea del Foro de Sao Paulo y cuyas alianzas van desde Rusia y China hasta el narcotráfico, se verán obligados a cambiar de horizonte para evitar el riesgo de estar en la línea de una peligrosa confrontación con el poder estadounidense, o aceptar vivir fuertes presiones económicas y políticas sin tener alianzas externas que los apoyen. Y en casos extremos, sufrir la intervención militar estadounidense.
La alternativa en la relación con Estados Unidos derivará en alianza o subordinación, amistad o sometimiento. Rusia y China no son a partir de ahora una alternativa frente a esta cruda realidad.
La autodeterminación de los países latinoamericanos será posible siempre y cuando tenga una dosis de pragmatismo efectivo. Los gobiernos tiránicos y corrompidos son débiles en este esquema.
La exitosa operación militar estadounidense en Caracas no solo llevó a juicio a un mandatario comprometido directamente con el narcotráfico, sino suprimió la entrega de petróleo a China, otorgado a cambió de deuda desde tiempos de Hugo Chávez quien decía que China era "una bendición de Dios".
Ahora Trump reclama administrar ese petróleo como pago de los daños sufridos por la expropiación de empresas estadounidenses y promete velar porque haya una derrama de beneficios hacia una población venezolana hundida en la miseria cuando su país es dueño de las mayores reservas petroleras del mundo.
Hace 33 años, por razones profesionales, viví una breve temporada en Caracas. Traté a militares de tierra y de la aviación, cené una vez con Italo Velázquez –el secretario del presidente Carlos Andrés Pérez–, a quien le dije, por pregunta expresa suya, que el Tratado de Libre Comercio el cual México negociaba con Estados Unidos era posible equilibrara la relación entre los dos países, conviví con escritores y sus artistas de teatro, extraordinarios y entusiastas todos, caminé solitario por sus calles nocturnas, admiré también su pujanza económica, su vitalidad a pesar de la memoria reciente del Caracazo, cuando un aumento de la gasolina hizo bajar de las barriadas pobres a gente que comenzó saqueos reprimidos con metralla por la Guardia Nacional de ese entonces.
Recuerdo que un militar me contó cuando a un coronel le habían hecho un cuadro con los soldados a su mando para degradarlo al quitarle sus insignias y luego expulsarlo a empujones, para que se lo llevaran a la cárcel por haberse dedicado al narcotráfico. Recordé eso años después al trascender cómo los militares se corrompieron bajo el chavismo, especialmente en el gobierno de Maduro.
En 1993 Carlos Andrés Pérez fue destituido por una acusación de malversación de fondos. Seis años después Hugo Chávez, un antiguo golpista fallido, tomó el poder democráticamente y comenzó lo que llamó Revolución Bolivariana.
El petróleo sufragó desde ese entonces los préstamos chinos que alcanzaron un monto de cien mil millones de dólares. Ese acuerdo deuda por petróleo terminó siendo fallido y desequilibrado, sufragó ayudas sociales que el viento de la inflación y la deuda evaporaron y también obras de infraestructura convertidas en auténticos elefantes blancos.
El régimen bolivariano chavista terminó quebrando la anteriormente próspera economía venezolana. Más de ocho millones de venezolanos huyeron de Venezuela. La delincuencia, la basura, la ruina y el hambre se hicieron presentes. Caracas se volvió una ciudad peligrosa.
Las ilusiones despertadas por la demagogia chavista se convirtieron en una agresiva polarización. Los opositores al chavismo fueron tratados todos como "traidores a la Patria". Los colectivos bolivarianos surgidos de las barriadas no dudaron en actuar como delatores y dar palizas a miembros de la oposición.
El chavismo acusó de corruptos a todos los políticos anteriores de su país -sin duda había corrupción-, pero la hija mayor de Hugo Chávez es ahora la mujer más rica de Venezuela y acaban de congelar casi 10 mil millones de dólares en cuentas de bancos suizos a Nicolás Maduro.
Ahora la UNAM y la UAM, las dos grandes universidades públicas de México, publicaron manifiestos por el apresamiento estadounidense de Nicolás Maduro, un acto de fuerza que no por esperado deja de romper la normalidad en el Continente.
Pero en esa circunstancia lo normal en el caso venezolano fue llenar sus cárceles de presos políticos, como cuando Maduro reprimió unas protestas estudiantiles con un saldo de cuatrocientos muertos y cientos de muchachas y muchachos presos en mazmorras donde muchos fueron torturados y violados. Y las Universidades mexicanas, que hoy se remiten al derecho internacional, simplemente se callaron.
Hoy la geopolítica se vuelve la principal referencia del Continente americano. Y esta realidad debería alimentar la visión estratégica de México. O se asume o nuestro país va a terminar de hundirse.
Ya no China ni Foro de Sao Paulo, ni la demagogia que encubre la corrupción de una vieja y nueva castas y la complicidad con los feroces Cárteles que oprimen al pueblo de México en grandes porciones del territorio, ni la delincuencia común consentida, ni el culto al caudillo local y el hincapié en la popularidad del gobernante a partir de un clientelismo de corta visión, ni la destrucción de instituciones ni el deterioro paulatino de la salud, la educación y la seguridad, ni regalos de petróleo a Cuba.
El tema de la seguridad ahora tiene una visión de seguridad continental. Por eso algunos hemos insistido que, con Estados Unidos, en el marco del tratado de libre comercio –hoy en riesgo de ser defenestrado– se negocie un tratado de seguridad que establezca los alcances de la cooperación y sustente el respeto a la soberanía mexicana.
Claudia Sheinbaum se encuentra atrapada entre defender el interés nacional o los intereses de su partido enredados en el contubernio obradorista con Maduro, la pasividad cómplice con los Cárteles y una corrupción gubernamental desbordada hoy ya inocultable.
Asumir la realidad geopolítica pero no para someterse sino para actuar con realismo y tener como prioridad el interés nacional y no los mezquinos intereses de un partido que no ha representado ninguna regeneración, sino una evidente, patética y peligrosa degeneración.















