Análisis
A pocas semanas de las elecciones israelíes del 27 de octubre de 2026, la cuestión ya no es solamente quién puede reemplazar a Benjamín Netanyahu como primer ministro. Una pregunta cada vez más relevante es qué ocurriría dentro del propio Likud si Netanyahu dejara de dirigir el partido.
¿Quién es Eli Cohen?
Para comprender por qué su nombre aparece cada vez con más frecuencia en los debates sobre la sucesión de Netanyahu, conviene detenerse brevemente en su trayectoria.Eli Cohen, nacido en 1972, es uno de los dirigentes más destacados de la nueva generación del Likud. Contador de profesión y con una amplia experiencia en el sector financiero, inició su carrera política en Kulanu antes de incorporarse al Likud tras la integración de ambos partidos. A lo largo de los últimos años ha ocupado carteras de gran relevancia, entre ellas Economía, Inteligencia, Relaciones Exteriores y Energía, además de formar parte del gabinete de seguridad.

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Su perfil combina experiencia de gestión, conocimiento económico y una imagen menos confrontacional que la de otros dirigentes del partido. Precisamente por ello, muchos observadores lo consideran una de las figuras mejor posicionadas para encabezar una eventual transición generacional dentro del Likud. Sus excelentes resultados en las primarias de agosto de 2026 reforzaron esa percepción y lo situaron entre los nombres más mencionados para una futura etapa posterior a Netanyahu (Ynetnews).
Eli Cohen: la señal más importante de las primarias
Las primarias del Likud del 17 de agosto produjeron un resultado particularmente significativo. Netanyahu conservó el primer puesto de la lista, pero Eli Cohen obtuvo el siguiente lugar, seguido por Amir Ohana, Yariv Levin, Miri Regev y Ofir Katz, según Times of Israel.La interpretación es evidente, aunque debe manejarse con cautela: los militantes del Likud colocaron a Cohen en una posición excepcionalmente alta. No significa que lo hayan elegido líder del partido, pero sí que dispone ahora de una legitimidad interna considerable para participar en cualquier discusión sobre la sucesión.
El resultado también mostró que el Likud no tiene un heredero único e indiscutible. Cohen encabeza el grupo de aspirantes, pero Ohana, Levin, Regev e Israel Katz conservan una influencia significativa. Además, Netanyahu mantiene mecanismos importantes de control sobre la composición de las listas electorales. Por ello sería prematuro hablar de una sucesión automática.
¿Y si Netanyahu apoyara a Cohen? Aquí aparece el escenario más interesante. Imaginemos que, después de las elecciones o ante una eventual retirada política, como en su momento hizo Begin sin ser derrotado por nadie, luego de la Guerra del Líbano en 1982, Netanyahu anunciara públicamente su respaldo a Eli Cohen, y que, además, Israel Katz, Amir Ohana y Yariv Levin decidieran apoyarlo.
No existe evidencia pública de que un acuerdo semejante exista hoy. Pero si llegara a producirse, alteraría sustancialmente el equilibrio interno del partido.
Cohen dejaría de ser simplemente el dirigente mejor posicionado en las primarias para convertirse en el candidato de consenso de buena parte de los grupos de poder del Likud.
El apoyo de Netanyahu seguiría siendo decisivo, pero el respaldo simultáneo de Katz, Ohana y Levin tendría un significado aún más profundo: demostraría que la sucesión cuenta con bases institucionales y no depende únicamente de la voluntad del líder saliente.
Israel Katz: rival potencial o aliado decisivo
Israel Katz, actual ministro de Defensa, conserva una importante base política y administrativa dentro del partido. Su trayectoria y experiencia lo convierten en un potencial candidato al liderazgo por derecho propio.Precisamente por eso, si decidiera respaldar a Cohen en lugar de competir directamente contra él, su apoyo tendría un enorme valor estratégico. Podría contribuir a construir una transición consensuada en lugar de una batalla interna.
Amir Ohana y Yariv Levin
La misma lógica se aplica a Amir Ohana y Yariv Levin.Ambos terminaron entre los dirigentes mejor posicioados en las primarias y cuentan con apoyos propios dentro del movimiento. Sus resultados demuestran que cualquier sucesión probablemente dependerá de la construcción de alianzas internas más que de la popularidad individual, según Times of Israel.
¿Qué papel podría desempeñar Ron Dermer?
Ron Dermer ocupa una posición diferente.Su influencia no proviene de una base partidaria dentro del Likud sino de su estrecha relación con Netanyahu y de sus conexiones en Washington.
Por ello, en una eventual transición podría desempeñar un papel relevante como garante de continuidad en política exterior y relaciones con Estados Unidos. Sin embargo, no existe actualmente una base sólida para considerarlo un candidato natural al liderazgo del partido.
El factor Lieberman
Aquí es donde una eventual sucesión dentro del Likud podría tener consecuencias mucho más amplias.Avigdor Lieberman ha repetido que no participará en un gobierno encabezado por Netanyahu. Sin embargo, también ha dejado abierta la posibilidad de cooperar con un Likud posterior a Netanyahu bajo determinadas condiciones políticas y la aceptación de un límite al término del Primer Ministro.
Esto significa que la salida de Netanyahu no garantizaría una alianza, pero sí eliminaría el principal obstáculo personal que Lieberman identifica públicamente.
Bennett y Eisenkot: dos alternativas diferentes
Mientras tanto, el bloque anti-Netanyahu tampoco aparece unificado.Naftali Bennett mantiene una línea firme en materia de seguridad y rechaza la creación de un Estado palestino. Gadi Eisenkot, por su parte, intenta construir una alternativa más amplia y coordinar a distintos sectores opositores.
Los acuerdos electorales existentes muestran cooperación táctica, pero también reflejan la existencia de sensibilidades y estrategias diferenciadas dentro del campo opositor.
El escenario Cohen-Bennett-Lieberma
Si Netanyahu abandonara el liderazgo y Cohen consiguiera imponerse dentro del Likud, la política israelí podría dejar de organizarse en torno a una sola pregunta:¿Netanyahu, sí o no? La nueva cuestión sería: ¿Puede un Likud post-Netanyahu llegar a acuerdos con Bennett y Lieberman?
Existen ámbitos de coincidencia, especialmente en seguridad nacional. Pero también persisten diferencias importantes sobre la cuestión palestina, la relación entre religión y Estado, el servicio militar de los haredim y diversos aspectos institucionales. Por ello, incluso en ausencia de Netanyahu, cualquier entendimiento estaría lejos de ser automático. La aritmética parlamentaria siue siendo decisiva. Hay además un dato imposible de ignorar: las elecciones aún no se han celebrado.
¿Y la izquierda israelí?
Una cuestión menos discutida es si un Likud post-Netanyahu podría buscar acuerdos con la izquierda sionista.La respuesta es que no puede descartarse, pero hoy parece poco probable. La izquierda israelí atraviesa una de las etapas de menor influencia de su historia. El principal partido del sector, liderado por Yair Golan, ronda apenas los 9 o 10 escaños en las encuestas, lejos de la posición dominante que tuvo el viejo laborismo
Mientras Benjamín Netanyahu siga al frente del Likud, una coalición con la izquierda parece prácticamente imposible. Sin embargo, un liderazgo de Eli Cohen, Israel Katz o Amir Ohana eliminaría el principal factor personal de confrontación.
Aun así, las diferencias sobre la cuestión palestina, los asentamientos, la relación entre religión y Estado y el papel de los partidos ultraortodoxos seguirían siendo considerables. Por ello, si surgiera una gran coalición nacional, la izquierda probablemente tendría un papel complementario y no central.
En términos estratégicos, parece mucho más probable que un Likud post-Netanyahu busque entendimientos con Naftali Bennett, Lieberman o sectores próximos a Eisenkot antes que con la izquierda sionista.
La cuestión no es si la izquierda israelí puede regresar al poder, sino si sigue siendo necesaria para formarlo. Todo indica que no. Las encuestas muestran que el centro de gravedad de la política israelí se ha desplazado de manera sostenida hacia el centro y la derecha. Incluso dentro del campo opositor, las figuras con mayores posibilidades de influir en la formación del próximo gobierno son Bennett, Lieberman y Eisenkot, no la izquierda sionista tradicional.
Conclusión
La evidencia disponible permite una conclusión relativamente sólida: Eli Cohen es actualmente una de las figuras mejor posicionadas para una eventual etapa post-Netanyahu dentro del Likud. Sus resultados en las primarias le otorgan una base interna significativa y lo colocan en el centro de cualquier discusión sobre la futura dirección del partido (Ynetnews). Sin embargo, no existe evidencia pública suficiente para afirmar que Netanyahu, Katz, Ohana y Levin han decidido ya convertirlo en el sucesor. Ese escenario es plausible, pero requeriría una señal política explícita.Si ese respaldo colectivo llegara a producirse, Cohen podría convertirse en el eje de una transición ordenada dentro del Likud. Y esa transición tendría consecuencias importantes para todo el sistema político israelí, porque abriría la puerta a nuevas combinaciones parlamentarias y a negociaciones que hoy parecen imposibles mientras Netanyahu siga dominando el escenario.
Por eso, el indicador más relevante quizá no sea las próximas encuestas, sino la capacidad de Cohen para reunir detrás de sí a las principales figuras del Likud.
Por ahora, la evidencia apunta a que posee una posición sucesoria real y fortalecida. Pero la sucesión todavía no está decidida. Serán las elecciones de octubre y, sobre todo, las negociaciones posteriores las que determinarán si esa posibilidad se transforma en una alternativa concreta de gobierno.
Autor
Rolando Behar es Senior Fellow especializado en asuntos relacionados con Israel y Cuba, con una larga trayectoria en incidencia internacional, comentario público y relaciones intercomunitarias. Ha contribuido con análisis y comentarios a medios de comunicación internacionales y ha representado a organizaciones como la Unión Liberal Cubana y la Federación Sefardí Latinoamericana. Fue cofundador y copresidente de la Hispanic Jewish Initiative de la Anti-Defamation League (ADL) y, en 2013, recibió el ADL Distinguished Community Service Award por su liderazgo en la lucha contra el antisemitismo y la defensa de los derechos humanos. Paralelamente a su labor en asuntos públicos, cuenta con experiencia profesional en los sectores financiero y de inversiones, particularmente en áreas relacionadas con la estructuración de activos y el desarrollo estratégico.El Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami es un grupo de expertos no partidista especializado en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto.
Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de The Epoch Times.


















