Esta es una transcripción ligeramente editada de un fragmento del podcast "Victor Davis Hanson: In His Own Words" de Daily Signal.
Parece que 2026 va a ser el año más convulso, geostratégicamente significativo y peligroso desde la caída del sistema soviético y del Muro de Berlín. El mundo entero está en plena agitación. Donald Trump es el catalizador de todo esto. Mucha gente, tanto entre sus seguidores como entre sus oponentes, tanto aquí en Estados Unidos como en el extranjero, lo culpan.
Creo que hace unos años, un diplomático europeo dijo: "Bueno, es un elefante en una cristalería, solo que es un elefante en una cristalería nuclear". Quizá sí, quizá no.
Pero repasemos lo que está ocurriendo ahora mismo. Por segunda vez, estamos bombardeando Irán, y esta vez estaba claro que las negociaciones no iban a conducir a la resolución de este problema de 47 años.
La teocracia iraní no tiene intención alguna de detener la proliferación nuclear. Quiere una bomba para dominar Medio Oriente, para intimidar a los reinos petroleros del Golfo, para demostrar su dominio sobre el islam suní y para destruir, con el tiempo, a Israel, amenazar a Europa para obtener concesiones mediante chantaje y, finalmente, a nosotros.
Lo sabíamos. Todos los presidentes, los siete anteriores a Trump, lo dijeron, y declararón que se ocuparían del problema o evitarían que se agravara. Ninguno hizo nada.
Trump intentó negociar, destruir las instalaciones nucleares, y luego se enteró de que, tras el bombardeo, seguían intentando: restaurarlas, ampliar su arsenal de misiles balísticos de Rusia, Corea del Norte y China, y asegurarse de que nadie se atreviera a atacarlos de nuevo.
Y Trump lo hizo. Y esta vez su plan es eliminar ahora mismo o debilitar tanto la teocracia que se desmorone en los próximos meses por un levantamiento popular o tal vez aplicar una solución al estilo de Venezuela. A falta de eso, al menos dejarla inerte militarmente.
Esto sigue al [Nicolás] Maduro, ¿cómo lo llamamos?, golpe de secuestro. Derrocamos a este matón comunista, narcotraficante, traficante de opiáceos peligrosos hacia Estados Unidos, que apoyaba a Cuba e intentaba difundir el mensaje comunista de Chávez por toda América Latina. Parecía que lo estaba consiguiendo bajo el mandato de Joe Biden. Ahora todo el panorama allí es diferente.
Venezuela ya no tiene a Maduro. Tiene un gobierno fuerte en el sentido de que mantendrá el orden, y tal vez haya una transición hacia la democracia. Esperamos que así sea. Pero están aterrorizados por Estados Unidos, que derrocó a su gobierno y les dijo que pusieran el petróleo en el mercado mundial, que reformaran su economía, que echaran a los chinos y que tendrían un futuro brillante.
Esto coincide con revoluciones democráticas en Centroamérica, Chile, quizá Bolivia y Perú. Veremos cómo salen esas. Y, por supuesto, Argentina.
Así que es una América Latina completamente nueva. Está viviendo una revolución del sistema constitucional occidentalizado. Y, de nuevo, el catalizador ha sido Donald Trump.
En primer lugar, diciéndoles a los panameños: "Sabemos lo que están haciendo. No es inteligente por su parte hacer esto, aliarse con los chinos. Si lo hacen, nos quedaremos con el canal". Y consiguió resultados. Y el resultado es que China y Rusia están ahora excluidas del hemisferio occidental.
Al mismo tiempo, está presionando a los cubanos. Ya no reciben petróleo subvencionado de Rusia. Saben que sus drogas —de las que son intermediarios en el contrabando y el envío a Estados Unidos— están siendo destruidas en alta mar. Ya no hay combustible gratis de Chávez-Maduro, y su economía, intrínsecamente incompetente e inerte, está implosionando.
Y Trump está diciendo básicamente: "Ya vierón lo que le pasó a Venezuela, ya vierón lo que le pasó a Irán. No están al otro lado del mundo. No están en Sudamérica. Están aquí mismo, a 145 kilómetros de nosotros. Y esto será pan comido si no intentan reformarsé y dar a su pueblo una opción, una liberación económica, una liberación política, una liberación cultural y social".
Y parece que van a permitir que empresarios estadounidenses, en su mayoría cubanoamericanos, vuelvan allí e inviertan.
Si eso ocurre y empiezan a aparecer empresas offshore, proyectos de desarrollo energético, hoteles y turismo, el comunismo se marchitará.
¿A dónde quiero llegar? A lo que me refiero es a que hay una convulsión mundial en la que Donald Trump, por así decirlo, cogió una mecha y la encendió, y las cosas están explotando por todas partes, y todo el mundo está paranoico y loco, y piensan que él es un disruptor.
Y luego tenemos la guerra de Ucrania, y él ha convencido a los europeos que tienen que hacer dos cosas que ellos no entienden. No se puede comprar energía a Rusia. Quizá haya levantado esa prohibición porque el estrecho de Ormuz está cerrado temporalmente. Pero no se puede subvencionar la maquinaria bélica rusa y luego decirle a Estados Unidos que, debido a sus políticas energéticas suicidas, tienen que hacerlo. Pero también tienen que hacer que Estados Unidos intervenga y los salve.
Y así, estamos tratando de encontrar una solución, pero una de las tácticas que está utilizando Trump es muy malinterpretada. Está tratando de decir que [Vladimir] Putin es un monstruo. Por supuesto que lo es. No confíes en él. Pero yo no fui quien inició este loco reinicio. Yo fui quien se deshizo del Grupo Wagner. Yo fui quien persiguió a los oligarcas. Yo fui quien se retiró del tratado de misiles. Yo fui quien proporcionó armas ofensivas a Ucrania, no tú.
Fui yo quien le advirtió sobre el gasoducto Nord Stream, no tú, ni [Joe] Biden. Lo hice yo. Así que, si voy a involucrarme, no lo demonices, porque podemos debilitarlo y luego darle la vuelta para que no vuelva a Europa, pero también para que se alíe contra China.
Así que a lo que me refiero es que, si eso ocurre, y ve un gobierno diferente en Cuba, Venezuela y una oleada de reformas en América Latina, donde al mismo tiempo se deshace del cáncer de 47 años en Medio Oriente por el que las tropas estadounidenses han estado estacionadas, acaba con la teocracia iraní, y no va a haber 200 instalaciones estadounidenses en Siria e Irak.
Y luego se añade a la ecuación lo que Cuba nos ha hecho todos estos años. Ha sido un refugio para terroristas estadounidenses, secuestradores y narcotraficantes.
En su momento, recuerden, iba a albergar armas nucleares de Rusia apuntadando contra nosotros, la crisis de los misiles de Cuba de 1962. Ha sido un auténtico dolor de cabeza.
Si se pudieran resolver todas esas cosas en un año, sería algo sin precedentes. Haría que el logro de [Ronald] Reagan de destruir la Unión Soviética, aunque esta cayera durante el mandato de su sucesor, George H. W. Bush, pareciera casi insignificante en comparación.
Piénselo rápidamente. Esto no era necesario en el cálculo político de Trump. Se acercaban las elecciones de mitad de mandato. Ocho o nueve meses antes de que se metiera en Venezuela e Irán. Eso supuso un gran riesgo para desviar la atención de la economía. La economía había estado moribunda bajo el mandato de Joe Biden, y estaba empezando a repuntar, y él se jactaba del bajo costo de la energía.
Si es un animal político, lo que no hace justo antes de las elecciones de mitad de mandato es meterse en dos de los mayores países productores de petróleo del mundo y, al menos a corto plazo, garantizar que su producción de petróleo se va a reducir. Y, sin embargo, asumió ese riesgo.
Y lo que es más importante, sabe cómo se siente Europa al respecto. Europa es muy susceptible porque ha descartado prácticamente producir su propio gas natural, su propio petróleo. Son muy reacios a seguir el ejemplo francés de la energía nuclear. Y el resultado es que dependen mucho del petróleo importado, y le están susurrando a Trump: "No hagas esto, no causes trastornos". Así que tiene un problema con esto.
Y luego la base del MAGA, recuerden, dice: "No a las guerras opcionales en el extranjero". Y Trump está tratando de decir: bueno, aquí se está utilizando el poder aéreo. No he utilizado tropas terrestres. Esto no es Afganistán. Estas serán soluciones a corto plazo para problemas a largo plazo. Y en el futuro, si tenemos éxito, habrá menos estadounidenses en el extranjero porque tendremos un mayor número de aliados y amigos estadounidenses que estarán de acuerdo.
Estarán gobernados por gobiernos consensuados. Tendrán economías libres. Y lo que es más importante, tendrán una actitud o visión diferente de Estados Unidos, no como un débil renuente o desarmado, o como un apaciguador al estilo de Joe Biden o Barack Obama, sino como alguien muy impredecible pero que cumple lo que dice, y serán más propensos a respetarnos y unirse a nosotros. La fuerza irradia amistad, la debilidad la repele.
Por último, repito, creo que hemos malinterpretado lo que está pasando. Hay perturbaciones por todo el mundo, pero tres cuartas partes de ellas están llegando a un consenso, a un final, a algún tipo de resolución de una forma u otra.
No sé cómo van a acabar todas, pero hay muchas posibilidades de que acaben con Estados Unidos en una posición preeminente que no hemos visto, al menos, desde la Segunda Guerra Mundial.
Reimpreso con permiso de The Daily Signal, una publicación de The Heritage Foundation.













