WASHINGTON—El presidente Donald Trump recibió al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en la Casa Blanca el 7 de mayo para tratar asuntos relacionados con el comercio y la seguridad regional. Se espera que los mandatarios mantengan una reunión bilateral en el Despacho Oval, seguida de un almuerzo en la Sala del Gabinete.
“Discutirán asuntos económicos y de seguridad de importancia común”, declaró un funcionario de la Casa Blanca a The Epoch Times.
La reunión se ha estado preparando desde que ambos mandatarios mantuvieron una conversación telefónica en enero. Esta será la tercera vez que los líderes se reúnan en persona y su segunda reunión bilateral formal.
Antes de la reunión, el Gobierno brasileño declaró que Lula tiene la intención de abordar varios temas, entre ellos el comercio, los minerales de tierras raras, la lucha contra el crimen organizado, los conflictos internacionales, la investigación económica de EE. UU. relacionada con el sistema de pago digital instantáneo de Brasil creado por el Banco Central en 2020, la regulación de las grandes empresas tecnológicas y el panorama electoral brasileño.
Las elecciones generales de Brasil están previstas para el 4 de octubre y, si la contienda llega a una segunda vuelta presidencial, las encuestas sugieren que el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente encarcelado Jair Bolsonaro, aventaja actualmente a Lula.
Una de las cuestiones más urgentes en la agenda durante la visita de Lula es si Washington calificará a las dos organizaciones criminales más poderosas de Brasil, el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), como grupos terroristas.
La administración Trump ha ampliado las designaciones de terrorismo para incluir a grupos criminales de toda América Latina, como las bandas venezolanas, los cárteles mexicanos y otras organizaciones transnacionales. El Gobierno brasileño afirmó que consideraría dicha designación como una violación de su soberanía.
Otro tema importante en la agenda son las tensiones comerciales en curso.
El año pasado, Trump impuso aranceles de hasta el 50 % a los productos brasileños, alegando que el proceso judicial contra Jair Bolsonaro en Brasil era una “cacería de brujas”. Posteriormente, eximió de estos aranceles a varios productos para combatir la inflación en EE. UU., como el café, la carne de vacuno, el zumo de naranja, la fruta, los minerales, los combustibles, las aeronaves y los fertilizantes.
Cuando la Corte Suprema de EE. UU. anuló los aranceles recíprocos en febrero, la administración Trump respondió estableciendo un nuevo arancel global del 10 % en virtud del artículo 122 de la Ley de Comercio de 1974.
Al mismo tiempo, Washington ha iniciado investigaciones sobre "prácticas comerciales desleales" en virtud del artículo 301. A las autoridades brasileñas les preocupa que la investigación pueda dar lugar a un nuevo arancel del 30 % sobre productos que actualmente están exentos.
La presión también ha aumentado en otros ámbitos. El Departamento de Justicia de EE. UU. ha abierto recientemente una investigación sobre presuntas infracciones de la competencia en la industria cárnica, una medida que podría afectar a varias empresas brasileñas.
Mientras tanto, Estados Unidos busca asegurar sus cadenas de suministro de minerales de tierras raras y reducir su dependencia de China. Brasil cuenta con las segundas reservas más grandes del mundo de tierras raras y se ha convertido en un país de importancia estratégica para Estados Unidos.















