Las organizaciones criminales de Latinoamérica y Estados Unidos operan en al menos 12 países de Europa, y la cifra real podría ser mayor, según un análisis de datos al que tuvo acceso The Guardian.
El diario británico, que publicó el análisis el 13 de octubre, se basó en registros, informes policiales y de inteligencia, y en entrevistas con jueces, fiscales y expertos de ocho países.
Entre los grupos identificados figuran el cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), de México; el Clan del Golfo, la guerrilla del ELN y las disidencias de las FARC, de Colombia; el Primer Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), de Brasil; y el Tren de Aragua, de Venezuela.
También están las pandillas nacidas en Estados Unidos, como Barrio 18 y la MS-13, con fuerte arraigo en El Salvador, Honduras y Guatemala y, en menor medida, en México. A ellas se suman Los Lobos y Los Choneros, de Ecuador.

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The Guardian sitúa la mayor presencia de estos grupos en España, Portugal, Países Bajos, Bélgica y Francia, donde se detecta algo más que una relación comercial remota: hay intermediarios, miembros activos, células, redes operativas, operaciones policiales, investigaciones internacionales y procedimientos judiciales. También registra actividad en Alemania, Rumanía, Croacia y Eslovaquia.
The Guardian asegura que revisó un informe no publicado de la Fiscalía de São Paulo, elaborado en parte con datos de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN).
El documento muestra, por ejemplo, que el Primer Comando da Capital (PCC), hoy el mayor grupo criminal de Brasil, por sí solo opera en 16 países europeos, entre ellos Reino Unido, Irlanda, Islandia, Serbia, Suecia, Suiza y Turquía.
Autoridades y expertos latinoamericanos creen que la lista podría ser aún más larga. Es el caso de Víctor Manuel Sánchez Valdés, académico de la Universidad Autónoma de Coahuila, quien estima que los cárteles de Sinaloa y CJNG podrían tener presencia en más de 20 países europeos, aunque no en todos mantienen su dominio ni grandes células.
Un informe de Brookings publicado en junio señala que, en los últimos cinco años, el cártel de Sinaloa y el CJNG “han expandido significativamente sus operaciones” y han establecido laboratorios de metanfetamina en Países Bajos, Bélgica, Francia, Polonia, Bulgaria y Rumanía, y probablemente en otros países, “asociándose con delincuentes locales y enseñándoles a producir la versión mexicana de la metanfetamina, altamente potente y letal”.
El mismo documento advierte de los riesgos para la salud pública: “La expansión del consumo de metanfetamina en el continente, que los cárteles parecen buscar, genera altos riesgos”.
“Los cárteles pagan a sus socios locales con estupefacientes en lugar de dinero en efectivo, y estos últimos necesitan desarrollar mercados locales de consumo para obtener liquidez”, explica el informe.
“Además de la elevada mortalidad y morbilidad asociadas a la metanfetamina mexicana, existe el riesgo de que la adicción a la metanfetamina se convierta en un vector para la expansión del consumo de fentanilo”, añade.
The Guardian citó a Daniel Brombacher, politólogo y director del Observatorio Europeo de GI-TOC, quien dijo que “está ocurriendo algo nuevo con la presencia de grupos latinoamericanos en geografías donde no existe una infraestructura preexistente”.
Ahora su presencia “no se limita a los países de entrada” tradicionales de la droga, como España y Portugal.
“Recientes operaciones policiales han descubierto laboratorios de metanfetamina dirigidos por mexicanos en el sur de Francia, el noreste de Polonia y Brandeburgo, al sur de Berlín”, señaló.
“También están apareciendo grupos latinoamericanos en Rumanía y Bulgaria, a lo largo de la ruta de los Balcanes”, añadió.
España ofrece varios ejemplos de esta expansión. En 2025, la Policía Nacional, junto con la DEA y las autoridades de Países Bajos, desmanteló la llamada “oficina” del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el país.
En enero, el Ministerio del Interior comunicó el desmantelamiento de una infraestructura del cártel de Sinaloa, con la incautación de 1800 kilos de metanfetamina. Fue “la segunda mayor aprehensión de metanfetamina de toda Europa” y supuso la caída del “principal punto de abastecimiento de drogas de síntesis en territorio europeo”, que operaba desde Tenerife, Madrid, Valencia y Alicante.
En agosto, la Policía Nacional y la OFAST francesa desarticularon otra rama del CJNG y su infraestructura logística en España. La red habría introducido más de 2.5 toneladas de metanfetamina disuelta en unas 12 toneladas de aroma líquido de vainilla procedente de México.
El Tren de Aragua, de origen venezolano, también ha intentado afianzarse en España. En marzo de 2024, el Ministerio del Interior informó de que la Policía Nacional contaba con “un grupo de trabajo creado ad hoc” para “luchar contra la implantación” de la organización. Ese mismo mes había sido detenido en Barcelona el hermano de “Niño Guerrero”, líder del grupo, mientras los investigadores comprobaban si pretendía “implantar y expandir su estructura” en el país.
En noviembre de 2025, la Policía confirmó que el grupo de trabajo seguía activo y comunicó “la primera desarticulación de una célula del Tren de Aragua asentada en España”. Después ha desmantelado al menos otros dos grupos de la organización, en mayo y julio de 2026, dedicados a robos violentos y tráfico de drogas.
La expansión coincide con un fuerte aumento del mercado europeo de cocaína. Según la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA), la cantidad de cocaína incautada en la UE creció un 471 % entre 2014 y 2024. Solo en 2024, seis países de la Unión desmantelaron al menos 42 instalaciones dedicadas a producir o procesar la droga.
La Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial (Europol) señala en su informe de 2026 que las redes criminales europeas se han vuelto más transnacionales y flexibles, y que las latinoamericanas han reforzado sus vínculos con ellas. Uno de cada cinco de los 731 grupos prioritarios de la UE tiene conexión latinoamericana.
El Clan del Golfo y el PCC, en particular, “mantienen estrechos vínculos con redes criminales radicadas en la UE, habitualmente en puntos de entrada comunes de la cocaína”. Sobre el PCC, además, hay “indicios” de que intenta establecer células en varios países europeos, incluso para blanquear capitales.
Un caso ilustra el modelo: Los Lobos, de Ecuador, escondían la droga en cargamentos de fruta y se aliaban con una red albanesa cuyos miembros viajaban a Ecuador para negociar, mientras células en varios países europeos gestionaban la logística y la distribución. En otro, la cocaína enviada de Colombia, Brasil y Ecuador llegaba vía África occidental y Canarias. Desde allí, la droga era distribuida a Bélgica, Croacia, Alemania, Italia y España.
La Europol matiza que esto no implica que los cárteles trasladen a Europa su estructura ni su modelo de violencia: describe un sistema flexible en el que grupos latinoamericanos y europeos colaboran. Algunas redes latinoamericanas, no obstante, ya se han establecido físicamente en la UE, desde donde dirigen operaciones criminales.
La dinámica también funciona en sentido contrario: 75 redes operan en Europa y Latinoamérica sin miembros latinoamericanos. La ‘Ndrangheta, por ejemplo, usa redes albanesas para supervisar operaciones sobre el terreno, algunas ya instaladas en la región.
El mapa criminal europeo cambia con rapidez, pero también lo hace la respuesta policial. De las 821 redes consideradas por la Europol entre las más peligrosas en 2024, solo 198 siguen en la lista actual. El resto, un 76 %, ya no figura entre las prioritarias, ya sea por desarticulación, disolución, reestructuración o cambios en su nivel de amenaza. La Europol ha identificado, eso sí, 533 redes nuevas.






















