NANTERRE, Francia—Alcanzó el fa agudo, lo mantuvo, luego exhaló y se volvió para mirar a la banda: una mirada rápida e incrédula hacia su director musical. Unas 30,000 personas lo entendieron antes de que terminaran de gritar: Céline Dion lo logró.
Era “All By Myself”, la canción con la que se ha medido la voz de la superestrella de Quebec desde 1996, guardada para el bis de su primer concierto completo en más de seis años: el primero desde que el síndrome de la persona rígida, una rara enfermedad neurológica progresiva, atacó sus músculos, incluidos los de la garganta.
Pocos dudaban de que aún pudiera cantar. Lo que nadie sabía era si podría completar un espectáculo entero y, luego, volver a subirse al escenario unas noches más tarde para repetirlo.
Dion le dijo al público tres palabras: “Je vais bien” (“Estoy bien”).

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Una enfermedad que ataca la garganta
Dion, de 58 años, no había dado un concierto completo desde el 8 de marzo de 2020. En 2022 le diagnosticaron el síndrome de la persona rígida. Canceló una gira mundial, y luego lo que quedaba de ella, y se mantuvo en silencio. El sábado por la noche, con 25 canciones en 2 horas y 15 minutos en el Plenitude Arena de Nanterre, al oeste de París, tuvo lugar la primera noche de la serie de presentaciones destinada a demostrar que puede volver a trabajar.La serie de funciones, con todas las entradas agotadas, es extenuante: 16 presentaciones en cinco semanas, otras 10 programadas para mayo de 2027, 26 noches en total, cada vez ante decenas de miles de personas.
La última vez que Francia la vio cantar, duró cuatro minutos. En la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos en julio de 2024, Dion cantó desde la Torre Eiffel —una canción, una noche— y el mundo lo calificó como una resurrección. El sábado tuvo que hacerlo 25 veces, para luego levantarse y volver a hacerlo el miércoles.
El síndrome de la persona rígida afecta a una o dos personas por cada millón. Provoca rigidez muscular y desencadena espasmos tan violentos que pueden romper huesos; se activa con ruidos fuertes, el contacto físico o el estrés emocional. Un estadio con capacidad para 30,000 personas reúne estos tres factores a la vez. Cantar en esas condiciones, le dijo Dion a la NBC en 2024, se sentía como si la estuvieran estrangulando.
“Me prometí a mí misma que no lloraría”the asso
Lloró antes de terminar la primera canción. Con un vestido de Dior y un collar de Boucheron, juntó las manos como en oración y luego perdió la entrada en “On ne change pas”, en la estrofa sobre la niña delgadita de Charlemagne, Quebec.“Me prometí a mí misma que no lloraría”, dijo. El público respondió coreando el riff de “Seven Nation Army”.
Dijo que había aprendido a vivir con esa fragilidad y la había convertido en su motivo para seguir adelante. Luego cantó durante otras dos horas.
Su voz ha perdido parte de sus agudos; ya no es el instrumento que vendió 250 millones de álbumes. Cada nota alta es ahora una decisión que toma frente a 30,000 personas.
Y se atrevió con casi todas. Cantó “My Heart Will Go On” y “The Power of Love”, y después “Ebben? Ne andrò lontana”, de Catalani —el aria emblemática de Maria Callas—, envuelta en plumas rosas mientras caía nieve artificial. Su enfermedad afecta la laringe. Aun así, decidió ir por todo.
La escenografía de Willo Perron la situó entre megalitos grises, un Stonehenge pop. Un coro de gospel de 18 voces entró al escenario con túnicas.
"Mi hija no dejaba de decir: 'Mamá, no podemos ir hasta París solo por Celine'", comentó Isabelle Gagnon, de 52 años, una maestra de Montreal. "Esta noche mi hija cantaba a mi lado, y pensé: ¿ves? Por eso vinimos".
Próximas presentaciones
Camille Morel, de 38 años, una farmacéutica de Lyon, guardó su teléfono. “Quería estar realmente presente”, dijo. “He perdido completamente la voz. Se supone que debo trabajar mañana; que tengan suerte”.Después llegó el encore, y aquella nota: el último “anymore” a capela, con la nota elevándose, mientras la orquesta irrumpía con fuerza detrás de ella. Se abanicó, riendo aliviada por haberlo conseguido.
Terminó con dos clásicos de Jean-Jacques Goldman y una última frase dirigida a la sala: Los amo, mis amores. Cuídense.
Le había tomado 2,379 días regresar. Le quedan 25 noches más.
Por Thomas Adamson






















