El régimen chino ha fijado el objetivo de crecimiento económico de este año en el nivel más bajo desde 1991, ya que el modelo de crecimiento que elevó al país a la segunda economía más grande del mundo ha dado lugar a una serie de problemas espinosos tanto a nivel nacional como internacional.
En un informe de trabajo anual presentado el 5 de marzo ante la Asamblea Popular Nacional —el órgano legislativo chino, que actúa como mero sello de goma—, el primer ministro Li Qiang fijó un objetivo de crecimiento del producto interior bruto (PIB) de entre el 4.5 % y el 5 %.
Este objetivo era más modesto que el de “alrededor del 5 %” fijado durante tres años consecutivos desde 2023. Sin embargo, era la primera vez en más de 30 años que Beijing fijaba un objetivo anual de PIB por debajo del umbral del 5 %.
Los economistas afirman que la caída en el crecimiento previsto no ha sido una sorpresa.
“En general, está en línea con las expectativas del mercado, dado que las recientes cifras del PIB y del gasto de los consumidores han mostrado signos de debilidad”, afirmó Samuel Siew, director de inversiones de Synergy Financial Advisers en Singapur.
“Es probable que el objetivo también tenga en cuenta los aranceles estadounidenses, que se espera que sigan siendo un obstáculo para el crecimiento”.
El primer ministro chino defendió la decisión, afirmando que el nuevo objetivo estaba diseñado para dejar margen para la prevención de riesgos y “sentar unas bases sólidas para obtener mejores resultados en los próximos años”.
En los últimos años, la economía china se ha enfrentado a presiones persistentes tanto dentro como fuera del país. La prolongada recesión del sector inmobiliario ha hecho que las empresas se muestren cautelosas a la hora de realizar nuevas inversiones, mientras que los hogares se están apretando el cinturón. A los jóvenes les resulta cada vez más difícil encontrar trabajo.
A estos retos se suma la guerra comercial con Estados Unidos. Los aranceles adicionales impuestos por Estados Unidos han obligado a las fábricas chinas a buscar nuevos mercados y diversificar sus operaciones.
El sector exportador se enfrenta ahora a nuevos obstáculos debido a las acciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán. La amenaza de cierre del estrecho de Ormuz, una ruta comercial fundamental en Oriente Medio podría perturbar las cadenas de suministro mundiales dominadas por China.
Yuan Yuwei, gestor de fondos de Trinity Synergy Investment en Hong Kong, advirtió que los objetivos de crecimiento y política de Beijing para este año, preparados a finales de 2025, no tienen en cuenta los conflictos en curso en Irán.
“Si Irán se rinde, eso es muy negativo para China, que considera el estrecho de Ormuz como una ruta comercial crucial”, dijo Yuan.
El año pasado, los datos oficiales mostraron que China cumplió con su objetivo de expansión del 5 %. Esto se debe en gran medida a las sólidas exportaciones, que contribuyeron con casi un tercio del crecimiento. Como resultado, el país registró un superávit comercial récord de 1.2 billones de dólares en 2025.
La dependencia de China de las exportaciones impulsadas por la deuda para su crecimiento ha suscitado críticas por parte de sus principales socios comerciales y del Fondo Monetario Internacional (FMI).
En un informe publicado en febrero tras la revisión anual del FMI de la economía y las políticas de mercado de China, la organización pidió a Beijing que redujera a la mitad las subvenciones industriales y diera prioridad a la transición hacia un modelo de crecimiento impulsado por el consumo.
Antes del anuncio de Li, las autoridades locales ya habían manifestado su disposición a aceptar un ritmo de expansión económica más lento. Según los informes de los gobiernos locales publicados por los medios de comunicación estatales, unas 21 de las 31 regiones provinciales han fijado para este año unos objetivos de crecimiento económico inferiores a los de 2025.
Entre ellas se encuentran las provincias meridionales de Guangdong y Zhejiang, conocidas por ser los principales motores económicos y centros de fabricación del país, que han recortado en un 0.5 % sus objetivos de crecimiento del PIB para 2026.
En su intervención en Beijing el 5 de marzo, el primer ministro chino reconoció que la transición hacia nuevos motores de crecimiento es "formidable".
“El desequilibrio entre una oferta fuerte y una demanda débil es grave”, afirmó Li en su discurso de una hora de duración. “Las expectativas del mercado son débiles y existen muchos riesgos y peligros ocultos en áreas clave”.
Con información de Reuters.












