Ciertos nutrientes marcarían una diferencia en niños con autismo. Aquí le explicamos por qué

Los niños con autismo suelen tener una mayor necesidad de nutrientes específicos. Aunque cada niño es único, hay patrones comunes que la ciencia está empezando a revelar

Ciertos nutrientes podrían transformar la vida de un niño con autismo. (Ilustración de Lumi Liu).

Ciertos nutrientes podrían transformar la vida de un niño con autismo. (Ilustración de Lumi Liu).

31 de marzo de 2026, 6:30 p. m.
| Actualizado el31 de marzo de 2026, 6:35 p. m.

Esta es la parte 4 de la serie " El rompecabezas del autismo ".

A pesar de la alta prevalencia del autismo y la atención pública que recibe, sigue siendo en gran medida un enigma. Esta serie busca reunir las piezas del rompecabezas: qué es, cuáles son sus causas y qué podría aliviarlo o incluso curarlo.

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James Adams estaba a punto de convertirse en profesor titular de ingeniería cuando a su hija le diagnosticaron autismo en 1994. Los médicos le dijeron que probablemente necesitaría ser internada en una institución.

En aquel entonces, se creía que el autismo no tenía un tratamiento eficaz. Casualmente, en una conferencia médica a la que asistió su esposa, se planteó la posibilidad de tratar el autismo de su hija con suplementos nutricionales.

Adams se mostró escéptico. Pero, al no tener otras opciones, decidió investigar.

Dirigió un ensayo clínico con 20 niños, a la mitad de ellos les dió una mezcla de suplementos durante tres meses. Los resultados fueron prometedores: los niños mejoraron el sueño y los problemas digestivos.

"Las personas autistas parecen tener una mayor necesidad de vitaminas y minerales", explicó Adams, quien hoy dirige el programa de investigación sobre autismo de la Universidad Estatal de Arizona, a The Epoch Times. Desde entonces, ha obtenido resultados cada vez más prometedores.

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Mayor demanda nutricional

La mayoría de las personas con autismo no presentan deficiencias nutricionales generalizadas, pero a menudo tienen deficiencias o una mayor necesidad de algunos nutrientes clave.

Uno de los más importantes es la de vitamina B12. Un estudio post mortem dirigido por Richard Deth, profesor de ciencias farmacéuticas en la Universidad Nova Southeastern, reveló que los cerebros de niños con autismo presentaban niveles de vitamina B12 en la corteza frontal similares a los de adultos mayores de 50 años. Esta deficiencia de B12 puede ser crítica durante el desarrollo temprano del cerebro.

Otro nutriente frecuentemente bajo en niños autistas es el sulfato, dijo Adams. El sulfato es esencial para eliminar toxinas, reducir el estrés y apoyar el desarrollo cerebral.

Mientras tanto, su necesidad de nutrientes adicionales también puede deberse a diferencias metabólicas hereditarias que afectan la forma en que el cuerpo absorbe y procesa los nutrientes, o a una carga acumulada de factores de estrés biológico que agota las reservas nutricionales.

La mayoría de los niños con autismo presentan un mayor estrés oxidativo, como lo indican sus bajos niveles de glutatión.

"El glutatión es el principal antioxidante de todas las células del cuerpo", dijo Deth. "Los niños con autismo tienen aproximadamente un tercio menos de glutatión en la sangre que los niños con un desarrollo típico".

Cuando los niveles de glutatión son bajos y el estrés oxidativo es alto, otros procesos necesarios, como la metilación y la sulfatación, pueden verse afectados. La metilación es un proceso esencial para que los niños activen los genes que intervienen en el desarrollo cerebral. La sulfatación ayuda al organismo a identificar y eliminar toxinas.

Jill James, pionera en la bioquímica del autismo, estima que, midiendo las sustancias químicas relacionadas con el estrés oxidativo y la metilación, los investigadores deberían poder predecir alrededor del 97 % de los casos de niños con autismo, lo que indica la importancia fundamental que pueden tener estos procesos.

Afortunadamente, estos déficits metabólicos pueden mejorarse mediante una nutrición adecuada.

Nutrientes prometedores

A nivel molecular, los nutrientes rara vez actúan solos, sino que suelen interactuar entre sí.
La mayoría de los investigadores en nutrición para el autismo destacan que un cambio significativo suele ser el resultado de una combinación de intervenciones, más que de un solo suplemento. Aun así, se han estudiado varios nutrientes individuales que han mostrado resultados positivos en ensayos controlados.

Vitamina B12

El Dr. Robert Hendren, ex director ejecutivo del Instituto MIND de la Universidad de California, en Davis, llevó a cabo un ensayo en el que 22 niños con autismo recibieron inyecciones de vitamina B12 durante 12 semanas.

Según declaró Hendren a The Epoch Times, alrededor de la mitad de los niños mostró mejoras, con menos comportamientos repetitivos, más interacciones sociales y un mejor mantenimiento del contacto visual.

"Estadísticamente, marcó la diferencia, y casi todas las familias que participaron en el estudio quisieron continuar", contó.

Deth recomienda la suplementación con metilcobalamina, la forma más biodisponible de vitamina B12, en lugar de cianocobalamina, la forma más común en el mercado, pero a menudo necesita conversiones adicionales en el organismo antes de poder ser utilizada.

5-MTHF (folato activo)

La vitamina B9, también conocida como folato, es clave para la atención, el desarrollo cerebral y la reducción del estrés oxidativo.

El ácido fólico, la forma sintética que a menudo se encuentra en el mercado en alimentos fortificados, no es la forma lista para usar por el cuerpo.

Las investigaciones demuestran que el 5-metiltetrahidrofolato (5-MTHF) se absorbe mucho mejor que el ácido fólico.

"Sin duda, el horario de 5-MTHF es fundamental", dijo Deth.

"Si se consume ácido fólico, por ejemplo, a través del trigo, la harina y otros alimentos enriquecidos con folato para prevenir defectos del tubo neural, eso es bueno. Pero al mismo tiempo, ese ácido fólico no está listo para actuar y puede competir con el folato, que sí está listo para hacerlo".

Si el ácido fólico no se metaboliza correctamente, las dosis altas pueden resultar perjudiciales para el organismo, ya que se ha relacionado con alteraciones del sistema inmunológico, según las investigaciones.

Algunos niños con autismo presentan anticuerpos que bloquean el paso del folato al cerebro.

En este subgrupo de niños, las investigaciones realizadas por el Dr. Daniel Rossignol y el Dr. Richard Frye han demostrado que la leucovorina, un derivado activo del ácido fólico de fácil absorción, puede superar este bloqueo de anticuerpos y producir mejoras notables en la atención, las habilidades verbales y los síntomas generales del autismo.

La leucovorina captó mayor atención pública el año pasado cuando el secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., la mencionó como un potencial tratamiento. Aún así, los médicos advierten que la evidencia actual solo respalda su uso en un grupo específico: aquellos pacientes con anticuerpos que bloquean el folato y no como una intervención general.

N-acetilcisteína (NAC)

El glutatión es la principal defensa del cuerpo contra el estrés oxidativo, pero los niños con autismo suelen tener sus reservas muy bajas. Un nivel insuficiente de glutatión puede retrasar el desarrollo infantil, ya que el cuerpo consume sus reservas energéticas para el desarrollo cerebral y la desintoxicación.

"La N-acetilcisteína es la forma más común de suplementar glutatión", dijo el Dr. Deth.

Dado que el glutatión no puede ser absorbido directamente por las células, los investigadores se han centrado en su precursor: la N-acetilcisteína, o NAC.

Los metaanálisis de ensayos sobre la N-acetilcisteína (NAC) en niños han encontrado reducciones en la irritabilidad y la hiperactividad, así como mejoras en la conciencia social.

Otros nutrientes prmetedores

La vitamina D, los ácidos grasos omega-3 y la carnitina, un aminoácido clave en el metabolismo energético, también han mostrado resultados prometedores para mejorar los síntomas conductuales.

Algunos niños con autismo tienen deficiencias de enzimas digestivas. En estos casos, suplementar las enzimas necesarias para descomponer los alimentos también resulta beneficioso.

La N-acetilcisteína (NAC) es precursora de la cisteína, que contiene sulfato, por lo que, en teoría, su suplementación aumentará los niveles de sulfato en el organismo. Un ensayo clínico demostró que la suplementación con glutatión, derivado de la N-acetilcisteína, elevaba los niveles de sulfato y otros nutrientes en el cuerpo.

El sulfato, para una persona promedio, se obtiene principalmente de alimentos que contienen metionina y cisteína, como productos de origen animal, por ejemplo, carne y lácteos.

Algunos estudios también recomiendan baños con sales de Epsom (sulfato de magnesio) para ayudar al cuerpo a absorber el sulfato a través de la piel.

Las sales de Epsom están compuestas de magnesio y sulfato, explicó Adams. Si bien varios estudios han hecho esta recomendación, se han realizado pocas investigaciones para comprobar sus efectos.

No todos los niños son iguales

Una preocupación recurrente entre los investigadores del autismo es la generalización excesiva.

"En el ámbito del autismo, se dice que si ha visto a un niño con autismo, solo ha visto a un niño con autismo; existen muchos caminos diferentes que llevan a esta condición", explica el Dr. Hendren.

Por ejemplo, el propio ensayo de Hendren sobre la leucovorina no mostró una mejoría generalizada entre todos los participantes.

Él atribuye los mejores resultados del trabajo del Dr. Frye a una mejor selección de pacientes, específicamente a la identificación de niños que dan positivo en la prueba de anticuerpos bloqueadores de folato antes de que comience el tratamiento.

"Sus niños obtienen mejores resultados que un grupo de niños seleccionados al azar para venir a hacer la prueba", señaló Hendren.

El momento oportuno también es importante. Los niños tienen un período crítico de neurodesarrollo que abarca desde la concepción hasta los dos primeros años de vida.

El Dr. James Neuenschwander, especialista en medicina de emergencia y medicina integrativa y holística, y presidente de la Academia Médica de Pediatría y Necesidades Especiales, declaró a The Epoch Times que los niños más pequeños que comienzan un tratamiento biomédico tienden a experimentar mejoras mucho más notables que los niños mayores.

"Dependiendo de la edad a la que empiece a tratarlos, si se trata de un niño de dos años, tendré muchas más posibilidades de recuperación que si se trata de un adolescente de 15 años".

Algunos padres también han informado de mejoras muy notables en la dieta en general, como por ejemplo, adoptar una dieta sin gluten y sin caseína; sin embargo, la evidencia científica ha sido mayoritariamente anecdótica.

Cientos de miles de padres han acudido al Instituto MIND. "Muchos de ellos comentaron que lo más importante y útil que hicieron fue seguir una dieta sin caseína ni gluten", dijo Hendren. Sin embargo, cientos de padres dijeron que la probaron durante un mes y no notaron ninguna diferencia.

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Otra pieza del rompecabezas

Más de 25 años después, la hija de Adams superó el pronóstico inicial. No tuvo que pasar el resto de su vida adulta en una institución. Aunque todavía padece autismo y discapacidad intelectual, Adams afirma que es feliz y que trabaja a tiempo parcial.

Según el Dr. Hendren, la nutrición sigue siendo un tema relativamente poco explorado dentro de la comunidad del autismo, y añadió que potencialmente aporta otro elemento al bienestar general de los niños con autismo.

"Los tratamientos conductuales son excelentes, pero no creo que corrijan el proceso metabólico que contribuyen al autismo", señaló.

"Espero que la gente tenga una visión más amplia de cómo podemos ayudar al cuerpo a estar más sano".


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