Composición de The Epoch Times. Vista de banderas venezolanas cerca del barrio de Petare tras la captura de Nicolás Maduro por las fuerzas estadounidenses, el 7 de enero de 2026 en Caracas, Venezuela. (Carlos Becerra/Getty Images); 
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump supervisa las operaciones militares estadounidenses en Venezuela desde el club Mar-a-Lago de Trump el 3 de enero de 2026 en Palm Beach, Florida.  (Molly Riley/La Casa Blanca a través de Getty Images)

Composición de The Epoch Times. Vista de banderas venezolanas cerca del barrio de Petare tras la captura de Nicolás Maduro por las fuerzas estadounidenses, el 7 de enero de 2026 en Caracas, Venezuela. (Carlos Becerra/Getty Images); El presidente de Estados Unidos, Donald Trump supervisa las operaciones militares estadounidenses en Venezuela desde el club Mar-a-Lago de Trump el 3 de enero de 2026 en Palm Beach, Florida. (Molly Riley/La Casa Blanca a través de Getty Images)

Venezuela: una transición larga, negociada y bajo supervisión de EE. UU.

10 de enero de 2026, 12:19 a. m.
| Actualizado el10 de enero de 2026, 12:20 a. m.

Opinión

Lo que estamos viendo en Venezuela es el inicio de una transición. No va a ser breve. Puede durar un año, un año y medio o incluso dos. Pero marca un quiebre claro respecto de lo que fue el régimen en las últimas décadas.

La administración Trump decidió avanzar cortando la cabeza simbólica del régimen: Nicolás Maduro. No como un dictador clásico, sino como lo que efectivamente fue durante todos estos años: un delegado del aparato cubano en Venezuela. Tras la muerte de Hugo Chávez, el poder quedó en manos del sector más afín a La Habana, que desde entonces consolidó su control sobre los resortes clave del Estado venezolano, en particular sobre el sistema de seguridad y las Fuerzas Armadas.

Por eso, lo que cae ahora no es un régimen personalista tradicional, sino una estructura delegada. Y lo que se abre no es una ruptura abrupta, sino un proceso de negociación con premios y castigos.

El gran objetivo de Estados Unidos es lograr que el sector militar venezolano gane margen de autonomía frente al aparato cubano. En ese marco debe leerse la publicación del listado de blancos en la que se equiparó a dirigentes venezolanos a líderes terroristas internacionales. Allí aparecen Maduro, Diosdado Cabello y Padrino López, entre otros, pero no figuran los hermanos Rodríguez. Tampoco hay una persecución masiva de generales. Eso deja una puerta abierta y muestra que Washington venía preparando interlocutores dentro de Venezuela.

El mensaje al régimen es claro: liberar presos políticos, permitir el regreso de empresas estadounidenses, cesar la persecución a la oposición y reducir la presencia de actores externos como Irán y China, sin afectar intereses estratégicos sensibles. Si ese camino no se recorre, la alternativa es la ampliación de sanciones, la inclusión en listas de terroristas y, eventualmente, nuevas acciones militares.

Se trata de una transición con un supervisor concreto: Estados Unidos. Incluso los mensajes públicos más duros forman parte de esa lógica. Están dirigidos a tranquilizar a los mandos militares, que temen una transición por quiebre, con cárcel, confiscaciones o extradiciones. El mensaje es que el proceso será gradual y negociado, como ocurrió en otras transiciones pactadas de la región. La diferencia central es que aquí hay una potencia con capacidad real de castigo: aviones, flotas, drones y fuerzas especiales listas para actuar si el proceso se desvía.

Las Fuerzas Armadas venezolanas han asumido una postura de extrema prudencia. No les queda otra. Hay inferioridad militar y tecnológica, un alto nivel de infiltración de la inteligencia estadounidense y aliada, y un dato decisivo: la cúpula militar no quiere terminar presa en Estados Unidos ni perder las fortunas acumuladas durante años. Eso genera incentivos claros para negociar. Además, no se trata de un ejército tradicional. Es una estructura profundamente involucrada en negocios legales e ilegales: contrabando, petróleo, drogas y migración irregular.

Desde el punto de vista operativo, la acción militar fue técnicamente impecable. Participaron fuerzas especializadas en este tipo de misiones, con un trabajo de inteligencia muy preciso. Se conocía el objetivo; se actuó antes de que ingresara en la zona más blindada y todo indica que hubo información desde dentro del entorno de Maduro y de las propias Fuerzas Armadas. La inteligencia estadounidense y de países aliados opera en Venezuela desde hace tiempo y mantiene diálogo con actores políticos y militares clave para preparar esta transición.

Finalmente, desde el punto de vista geopolítico, Venezuela dejó de ser un actor que cobijaba a los principales rivales de Estados Unidos en la región y en el mundo. Y eso también se refleja en la reacción de la izquierda latinoamericana: silencios, declaraciones testimoniales y críticas muy medidas. El caso venezolano se volvió demasiado visible, demasiado obsceno, incluso para quienes durante años lo defendieron o lo relativizaron.

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de The Epoch Times.


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