¿Qué ven realmente los niños en "Zootopia"?

Las historias pueden sustituir el marco moral de un niño o convertirse en un punto de partida para conversaciones que lo refuercen

Vista de la marquesina durante el estreno mundial de «Zootopia 2» en el teatro El Capitan de Los Ángeles, California, el 13 de noviembre de 2025. (Charley Gallay/Getty Images para Disney)

Vista de la marquesina durante el estreno mundial de «Zootopia 2» en el teatro El Capitan de Los Ángeles, California, el 13 de noviembre de 2025. (Charley Gallay/Getty Images para Disney)

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16 de febrero de 2026, 12:04 a. m.
| Actualizado el16 de febrero de 2026, 12:23 a. m.

Opinión

Durante las vacaciones, llevé a mis hijos, junto con familiares y amigos que estaban de visita desde la granja, a ver la nueva película "Zootopia 2". Llenamos casi toda una fila del cine. Los niños se rieron sin parar y volvieron a casa citando sus frases favoritas.

Los adultos salieron un poco más callados.

Lo que nos llamó la atención a muchos no fue la animación ni el humor. Fue la trama. Bajo los colores vivos y los chistes sobre animales se escondía un mundo construido sobre la corrupción política, los sistemas manipulados, el encuadre mediático y la división social. Me dejó pensando: ¿se trata solo de recursos argumentales inofensivos o estamos enseñando poco a poco a los niños a ver ciertas estructuras de poder y narrativas culturales como algo normal?

Zootopia está ambientada en una ciudad dividida en distritos ambientales y sociales distintos, donde viven diferentes tipos de animales. La clave de todo el sistema es una enorme red de modificación climática que permite que criaturas del desierto, la tundra, la selva y la sabana coexistan en una metrópolis diseñada. La naturaleza no establece las condiciones, sino un sistema tecnológico centralizado.

Ese detalle tiene hoy un significado diferente al que podría haber tenido hace años. La modificación climática y la geoingeniería ya no son ideas puramente marginales. La siembra de nubes, la investigación sobre la intervención atmosférica y las propuestas de ingeniería climática a gran escala se debaten abiertamente en instituciones académicas, audiencias gubernamentales y medios de comunicación convencionales. Puede que no tengamos un control preciso sobre el clima, pero la idea de que los seres humanos deben intentar gestionar los sistemas planetarios ha pasado de la ciencia ficción a ser objeto de serios debates políticos.

Por eso, cuando una película infantil presenta una sociedad totalmente controlada climáticamente como una realidad normal, plantea una cuestión cultural más amplia: ¿estamos animando a los niños a pensar críticamente sobre la relación de la humanidad con la naturaleza, o estamos normalizando silenciosamente la idea de que el control centralizado de los sistemas naturales es simplemente el futuro?

La propia ciudad refuerza esa sensación. Todo está condensado, zonificado, optimizado y gestionado tecnológicamente para que todas las especies puedan vivir dentro de un sistema urbano estrictamente organizado. Los paisajes rurales, los espacios salvajes y los límites naturales pasan a un segundo plano. Es difícil no darse cuenta del paralelismo con los debates actuales sobre el traslado de la población a ciudades densas e hiper eficientes, donde la vida está diseñada para la comodidad y el control, en lugar de la resiliencia y la autosuficiencia.

En la película, si un personaje cuestiona el sistema o nota diferencias entre los grupos, se le retrata como retrógrado o prejuicioso. Mientras tanto, la verdadera corrupción reside en una familia antigua y rica que controla silenciosamente el poder político, el flujo financiero y la toma de decisiones entre bastidores. Los políticos se muestran como personas preocupadas por su imagen y fácilmente manipulables, más interesadas en el estatus que en el servicio.

Incluso hay un personaje de un podcast con mentalidad conspirativa que intenta sacar a la luz lo que está sucediendo, pero que es presentado como inestable y marginal, el tipo de voz que no se debe tomar en serio.

Son temas muy densos para una película infantil.

Y luego está la parte que la mayoría de los adultos no registran conscientemente, pero que los niños absorben sin cuestionar: la comida.

En una ciudad construida sobre la premisa de que se ha eliminado la violencia entre depredadores y presas, ¿qué comen los carnívoros?

Las películas son notablemente discretas al respecto. Vemos aperitivos, golosinas y alimentos de origen vegetal. Vemos comodidad. Pero no vemos la realidad biológica de lo que necesitan los depredadores ni cómo funciona la cadena alimentaria en un mundo en el que comer otros animales está social y moralmente prohibido.

Esa ausencia es importante.

En el mundo natural, la vida se alimenta de la vida. Los depredadores no son villanos, son esenciales. La muerte no es un defecto de diseño, es parte del ciclo que hace que los ecosistemas sean estables y regenerativos. Si se eliminan los depredadores, los sistemas colapsan. Si se elimina la cadena alimentaria, no se consigue la paz, se consigue el desequilibrio.

Las historias más antiguas no rehuían esta verdad. En "El rey león", vemos claramente reconocido el ciclo de la vida: los leones cazan, los animales presa mueren y la vida continúa en un ciclo que es a la vez hermoso y aleccionador. Incluso cuando la historia suaviza los bordes, como cuando Simba sobrevive alimentándose de insectos durante un tiempo, la película nunca pretende que los depredadores estén destinados a vivir como herbívoros. El diseño de la naturaleza sigue siendo visible.

Por el contrario, muchos mundos animados modernos borran silenciosamente la relación depredador-presa o convierten a los carnívoros en vegetarianos mediante la tecnología, la cultura o la evolución moral. La violencia no se trata como una realidad ecológica que hay que comprender, sino como un defecto que hay que eliminar mediante la ingeniería.

Esto refleja un mensaje cultural más amplio con el que crecen los niños: si algo en la naturaleza nos resulta incómodo, ineficaz o injusto, podemos rediseñarlo. Podemos suavizar la muerte, anular el instinto y sustituir las funciones ecológicas por sistemas creados para la comodidad y el control.

Si a eso le sumamos la ingeniería climática y la vida urbana estrictamente controlada, el panorama se aclara. La naturaleza es algo que debe gestionarse desde arriba. El instinto es algo que debe corregirse. La vida rural y los sistemas salvajes son algo que hay que superar.

Como agricultora, vivo en la realidad opuesta. La salud no proviene de eliminar las partes difíciles de la naturaleza, sino de trabajar con ellas. El suelo se forma a través de la descomposición. La nueva vida sigue a la muerte. Los animales de pastoreo, los depredadores, los insectos y los microbios desempeñan funciones que no siempre son agradables, pero que siempre son necesarias.

Cuando los niños ven la naturaleza solo como algo que debe ser diseñado para la comodidad y la seguridad, corren el riesgo de perder su sentido de conexión con el funcionamiento real de la vida. Y esa desconexión tiene consecuencias ecológicas, emocionales y espirituales.

Luego está la representación de las instituciones. Las figuras de autoridad son vanidosas, corruptas o fácilmente comprables. Las élites ocultas manipulan los resultados. Las voces de los medios de comunicación que desafían las narrativas oficiales son caricaturizadas. Ninguna de estas ideas es nueva para los adultos, pero introducirlas a los niños a través del entretenimiento plantea una pregunta real: ¿Esto fomenta el discernimiento o siembra el cinismo temprano y normaliza la corrupción sistémica?

Los niños aprenden a través de historias mucho antes de aprender a través de los libros de texto de educación cívica. Las narrativas que absorben dan forma a lo que más tarde consideran normal.

Si todos los sistemas son corruptos, ¿por qué intentar servir con honor?

Si el poder siempre es manipulador, ¿por qué confiar en él?

Si la naturaleza debe ser modificada para funcionar, ¿por qué aprender a vivir según sus ritmos?

Puede que estas películas no estén transmitiendo intencionadamente un único mensaje. Pero las historias siguen enseñando, incluso cuando la lección no es intencionada.

Eso no significa que los padres deban prohibir todas las películas con temas complejos. Significa que debemos estar presentes.

Cuando una película muestra a políticos que persiguen el estatus, podemos hablar de cómo es el verdadero liderazgo. Cuando se burlan de las voces de los medios de comunicación, podemos discutir cómo evaluar la información con prudencia. Cuando el clima y los ecosistemas se presentan como sistemas que deben ser manipulados y controlados, podemos recordar a nuestros hijos que la vida real implica límites, concesiones, humildad y responsabilidad.

Las historias pueden sustituir el marco moral de un niño o convertirse en un punto de partida para conversaciones que lo refuercen.

Quizás las capas más profundas de Zootopia tengan como objetivo despertar la conciencia. Quizás simplemente reflejen la visión del mundo común en las salas de guionistas del entretenimiento moderno. En cualquier caso, revelan algo sobre el momento cultural en el que vivimos, en el que incluso las películas infantiles se enfrentan al poder, la identidad, la tecnología y el control del mundo natural.

La clave es asegurarnos de que nuestros hijos no absorban pasivamente esas ideas como verdades.

No es necesario protegerlos de todos los temas complicados. Pero sí necesitan padres que les ayuden a procesar lo que ven, que les recuerden que la integridad existe, que el servicio es importante, que la naturaleza no es simplemente un sistema que se puede anular y que el discernimiento es diferente de la desconfianza.

La verdadera lección puede que no esté en la película en sí, sino en las conversaciones que tenemos de camino a casa.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de The Epoch Times.


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Elisa M. Vicioso

16 de febrero de 2026

Sí. la agenda es clara y está moviéndose sin para, porque su objetivo es cambiar la mente de los niños y los jóvenes. Ahora, la responsabilidad de los padres es enseñarles a sus hijos el verdero mensaje que se intenta distorsionar atendiendo a los intereses de un grupo de millonarios que usan a los políticos partidistas corruptos que están en el poder, especialmente los que están en el congreso. El tema del clima es un invento para sacarle al gobierno el dinero del pueblo y a la misma restringir a la gente en su estilo de vida e imponier lo que no funciona para todos pero sí beneficia a los malos. Las productoras de peliculas, hollywood ya no es lo que era 30 años atrás, son parte de la enfermedad que se come al mundo hoy, el mensaje es distorsionar la realidad con los recursos que tienen, solo por más dinero. Una prueba para los padres en su responsabilidad de enseñar a los hijos valores y la verdad de la vida, para que al salir al mundo, ellos puedan tener la balanza y discernir lo que es correcto y lo que no lo es, porque esos hijos cuando lleguen a la mayoría de edad, ellos van a decidir por lo que piensen es lo mejor para ellos, aun los padres que les aman les den buenos consejos de que deben, pensar y reflexionar antes y de decidir con consciencia, tanto por ellos como sin dañarse ellos mismos ni a otros... El mundo es grande y no hay que morir en el mismo lugar de siempre. El mundo está en pecado rampante, no hay que hacer lo que dice ni repetir lo dicen...

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