Opinión
El precedente de Núremberg
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, las potencias aliadas tomaron una decisión que marcaría la conciencia jurídica del siglo XX. Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética acordaron someter a proceso a la cúpula del nazismo. Aquella determinación no solo buscaba castigar a individuos concretos. Aspiraba a dejar constancia histórica de lo que había ocurrido y de lo que no debía volver a repetirse.
Los Juicios de Núremberg cumplieron esa doble función. Se condenó a responsables directos, pero también se expuso ante el mundo la estructura ideológica que hizo posible el horror. El nombre de Adolf Hitler y el de Benito Mussolini quedaron ligados para siempre a una doctrina que la historia terminó por rechazar de manera casi unánime.
Quizás el repudio que hoy despiertan el fascismo y el nazismo no se explique únicamente por la magnitud de sus crímenes, sino por el hecho de que estos fueron juzgados públicamente. La justicia actuó como memoria, y esa memoria se convirtió en advertencia.
El silencio frente al crimen comunista
Resulta difícil comprender por qué el comunismo no suele ser evaluado con la misma severidad moral que el nazismo, cuando ambos figuran entre los prontuarios criminales más devastadores de la historia contemporánea.El nazismo, en apenas doce años de poder, produjo un saldo de horror que todavía estremece. El Holocausto y la maquinaria represiva de la Gestapo y las SS muestran hasta dónde puede llegar una ideología cuando se combina con el control absoluto del Estado. Es inevitable preguntarse qué habría sucedido si aquel régimen hubiese perdurado más tiempo.
El marxismo, con sus múltiples variantes, ha ejercido influencia durante más de un siglo. En distintas latitudes, su aplicación política ha significado persecución, encarcelamientos masivos, eliminación de opositores, destrucción económica y millones de muertes. Sin embargo, esa experiencia histórica no siempre provoca la misma reacción de condena.
Como ha señalado el escritor José Antonio Albertini, muchos optan por callar ante los abusos interminables de una doctrina responsable de la muerte de más de cien millones de seres humanos. Ese silencio, voluntario o no, termina favoreciendo a élites que justifican atropellos en nombre de una justicia que nunca aplicaron con imparcialidad.
El castrochavismo como proyecto criminal
Si en otras regiones no se consolidó un juicio histórico contra el marxismo, en nuestro hemisferio las víctimas del castrochavismo podrían al menos iniciar una reflexión colectiva inspirada en la Carta de Londres de 1945. Aquel documento estableció principios y procedimientos para juzgar crímenes que trascendían fronteras. Algo similar podría pensarse en relación con quienes gobernaron bajo el ideario castrochavista.La trayectoria de ese proyecto político incluye asesinatos, procesos judiciales sin garantías, desapariciones forzadas, crímenes extrajudiciales, encarcelamientos ilícitos, destierro de poblaciones, violaciones sistemáticas de derechos ciudadanos, expropiaciones forzosas, malversación de recursos públicos, corrupción generalizada y destrucción deliberada del patrimonio nacional. La enumeración completa sería extensa. Lo esencial es reconocer que no se trata de hechos aislados, sino de patrones repetidos.
Un eventual proceso judicial contra Nicolás Maduro en jurisdicción estadounidense podría servir como referencia inicial. No se trataría únicamente de examinar la conducta de un individuo, sino de analizar el funcionamiento de un sistema que produjo abusos sistemáticos contra la población y graves daños institucionales. Su asociación con Hugo Chávez, Fidel Castro, Raúl Castro, Daniel Ortega, Rosario Murillo, Evo Morales y Rafael Correa revela una continuidad política e ideológica que merece ser estudiada con detenimiento.
¿Es posible un proceso hemisférico?
No existen precedentes en nuestro hemisferio de un proceso judicial de esta magnitud. Tampoco existían antes de Núremberg. En 1945 se abrió un camino que parecía inédito porque la gravedad de los hechos exigía una respuesta igualmente inédita.Las fórmulas jurídicas surgidas entonces fueron aplicadas más tarde en los enjuiciamientos de la antigua Yugoslavia y de Ruanda. También sirvieron de base para el Estatuto de Roma, que dio origen a la Corte Penal Internacional. La percepción de que dicha corte no ha actuado con suficiente firmeza frente al caso venezolano ha sido expresada por amplios sectores de la oposición.
La justicia no cumple únicamente una función punitiva, cumple también una función pedagógica. Cuando una sociedad establece con claridad qué conductas constituyen crímenes contra la humanidad, envía un mensaje a las generaciones futuras. Marca límites.
Conclusión: justicia, memoria y advertencia
La propuesta de un Núremberg para el castrochavismo no busca reabrir heridas por razones partidistas. Busca afirmar que ninguna ideología, por redentora que se presente, puede situarse por encima de la dignidad humana.Las sociedades que no examinan con honestidad sus tragedias terminan repitiéndolas. El siglo XX dejó lecciones dolorosas sobre el costo de la impunidad. Ignorarlas no las hace desaparecer.
Si el hemisferio aspira a preservar la libertad y la institucionalidad democrática, debe, al menos, debatir la necesidad de establecer responsabilidades históricas claras. La memoria documentada y la justicia articulada con rigor no solo reparan el pasado. También protegen el futuro.
El Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com
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