Opinión
Para conquistar una nación, primero hay que robarle su historia y sus héroes. Ese es un resumen rápido de la estrategia marxista.
El presidente Donald Trump aprovechó la celebración del 250.º aniversario de la independencia de nuestra nación para señalar al comunismo como la amenaza más grave a la que nos enfrentamos, y para advertir que los marxistas están tratando de borrar a nuestros heroicos fundadores y atacar nuestros valores de larga data.
"Puedes ser leal a Karl Marx, o puedes ser leal a Estados Unidos. Puedes ser comunista, o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas", dijo a la audiencia del Monte Rushmore.
Tiene razón. Bajo el comunismo, no hay héroes, solo opresores y grupos oprimidos.
Más que la amenaza de cualquier potencia extranjera o pandemia global, el peligro más grave que enfrenta Estados Unidos es la toma ideológica de nuestras instituciones y las mentes de nuestros jóvenes. El 4 de julio fue un llamado a la acción para contar la historia de Estados Unidos y garantizar que las generaciones más jóvenes adopten los valores que han hecho de este país un lugar libre y próspero: el individualismo y el respeto por los derechos de propiedad, no las identidades grupales ni el colectivismo utópico.
La prensa convencional ridiculizó a Trump por apuntar contra el "comunismo", sugiriendo que estaba engañando intencionalmente al país. Estos críticos están equivocados. Los marxistas se han apoderado de casi todas las instituciones culturales y universidades de este país. Predican la lucha de clases, pero han americanizado la doctrina al agregarle la opresión sexual y racial.
A raíz de las festividades del fin de semana, la Casa Blanca publicó un informe oficial en el que criticaba duramente al Museo Nacional de Historia de Estados Unidos, parte del Smithsonian, por su negativa a "celebrar a la nación y su historia". El informe afirma que, en cambio, el museo cuenta una historia de "arrepentimiento, tragedia y vergüenza".
Cuando le quita a un país su pasado heroico, limita sus aspiraciones y logros futuros. Los estadounidenses de a pie lo entienden.
Se invitó a todos los estados a montar un puesto en el National Mall para celebrar sus contribuciones distintivas a Estados Unidos. Pero diez gobernadores, la mayoría de los cuales padecen el síndrome de delirio contra Trump, se negaron a participar. Le hicieron el juego a los nihilistas marxistas.
Sin desanimarse, los patriotas de estos estados tomaron el asunto en sus propias manos, viajaron a Washington, D.C., pagándose el viaje de su propio bolsillo, y montaron los puestos en lugar de permitir que quedaran vacíos.
Donna Festinger, una maestra jubilada de Greenfield, Massachusetts, condujo nueve horas hasta D.C. con, entre otros productos locales para exhibir, 300 botellas en miniatura de jarabe de arce donadas por una embotelladora de Shelburne Falls, Massachusetts.
Ari Hoffman, un locutor de radio de Seattle, repartió banderas estadounidenses y copias de la Constitución de los Estados Unidos, interviniendo cuando el gobernador del estado de Washington, Bob Ferguson, y el vicegobernador, Denny Heck, se negaron a hacer nada. "Alegaron que no tenían un stand por razones presupuestarias, pero gastaron 5 millones de dólares en cirugías de reasignación de género para delincuentes condenados", dijo Hoffman, indignado.
Cuando el gobernador de Connecticut, Ned Lamont, también boicoteó el evento, mandé imprimir retratos grandes de Roger Sherman, Oliver Ellsworth y William Samuel Johnson, todos firmantes de la Constitución de los Estados Unidos, además del célebre héroe de guerra Nathan Hale. El 3 de julio, manejé hasta Washington, D.C. y llené el stand de Connecticut —que de otra manera habría estado vacío— con estos héroes.
Luego me uní a Reese Hopkins, de la radio WTIC, para transmitir esa tarde a la sombra del Monumento a Washington. Al día siguiente, dos legisladores estatales, Rob Sampson y Gale Mastrofrancesco, se sumaron a la iniciativa, atendiendo el stand y saludando a los asistentes a la feria.
En un mitin celebrado el domingo en Dakota del Norte, Trump acusó a la extrema izquierda de ocultar sus agendas marxistas al autodenominarse "socialdemócratas". "¿No suena bonito?", preguntó Trump. "En realidad son comunistas".
La diputada Alexandra Ocasio-Cortez (D-N.Y.) elude el tema, afirmando falsamente que "la forma en que una persona se identifica en su visión económica del mundo es menos importante para la gente que si logramos que sus compras sean más accesibles".
No se crean ese argumento peligroso. La supervivencia y la prosperidad de nuestra nación dependen de que perpetuemos nuestros valores, en particular el libre mercado, el individualismo y los derechos de propiedad. Los valores y la asequibilidad van de la mano. La riqueza del adulto promedio en EE. UU. es ocho veces mayor que la del adulto promedio en la China colectivista, y cuatro veces mayor que la del adulto promedio en las economías altamente reguladas de Europa Occidental.
Los candidatos que se autodenominan socialistas democráticos han obtenido victorias en las primarias de la ciudad de Nueva York, desbancando a influyentes titulares, y se esperan más victorias en las próximas contiendas en todo el país.
Los votantes jóvenes son los más receptivos. Una encuesta del Instituto Cato publicada el domingo muestra que un asombroso 58 por ciento de los votantes de la Generación Z eligen el socialismo por encima de otros sistemas económicos. En la contienda por el segundo lugar está el comunismo, preferido por casi tantos miembros de la Generación Z como el capitalismo.
Esto es un llamado a la acción: hay que erradicar sin demora el adoctrinamiento de extrema izquierda de nuestro sistema educativo.
Estados Unidos tiene una gran historia que contar. Cuéntela bien, y los marxistas perderán.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.















