Durante décadas, el auge económico de China se ha basado en una fórmula sencilla: exportar de forma agresiva, importar de forma selectiva y mantener un régimen monetario que respalde la competitividad del sector manufacturero. Aunque Beijing insiste en que el renminbi, o yuan, se gestiona de forma responsable, cada vez hay más indicios de que las políticas monetarias de China siguen proporcionando ventajas sustanciales a su sector exportador, al tiempo que contribuyen a los desequilibrios económicos y al declive a largo plazo de Estados Unidos y Europa.
El yuan controlado
A diferencia del dólar estadounidense o del euro, el yuan no se negocia libremente. El Banco Popular de China gestiona su valor mediante tipos de referencia diarios, controles de capital, intervenciones en los mercados de divisas y restricciones a los movimientos de capital. Esto permite a Beijing influir en el valor de la moneda de formas que no están al alcance de la mayoría de las economías avanzadas.El Fondo Monetario Internacional señaló recientemente que la baja inflación de China en comparación con la de sus socios comerciales contribuyó a una depreciación real del yuan, lo que favoreció las exportaciones y amplió el superávit por cuenta corriente de China.
Varios analistas han argumentado que el yuan sigue estando significativamente infravalorado en relación con los fundamentos económicos de China. Goldman Sachs estimó que la moneda podría estar infravalorada hasta en un 25 % en términos ponderados por el comercio.
El costo para Estados Unidos
Estados Unidos lleva décadas registrando grandes déficits comerciales, mientras que China ha acumulado enormes superávits comerciales. El modelo orientado a la exportación de Beijing ha contribuido a él vaciar partes de la base industrial estadounidense, al tiempo que ha aumentado la dependencia de Estados Unidos de las cadenas de suministro chinas.El superávit comercial de China en bienes superó el billón de dólares en 2025, una cifra sin precedentes para cualquier país.
Al mismo tiempo, Washington sigue registrando enormes déficits federales. El resultado es una combinación peligrosa: Estados Unidos consume, se endeuda e importa, mientras que China produce, ahorra y exporta.
Europa se enfrenta a la misma amenaza
Europa se ve cada vez más abocada a afrontar el mismo reto.La débil demanda interna en China ha animado a los fabricantes a buscar el crecimiento en el extranjero. Las autoridades europeas han expresado en repetidas ocasiones su preocupación por que el exceso de capacidad industrial china se esté exportando a los mercados mundiales, lo que ejerce presión sobre las industrias locales y el empleo.
A medida que las exportaciones chinas siguen creciendo, los fabricantes europeos deben competir no solo contra unos costos laborales más bajos y el apoyo estatal, sino también contra un régimen monetario que, según muchos analistas, sigue estando infravalorado en relación con los fundamentos económicos.
El oro y la estrategia a largo plazo de Beijing
Aunque el yuan no está respaldado por oro, Beijing lleva años aumentando sus reservas oficiales de oro, al tiempo que fomenta el crecimiento de la infraestructura china para el comercio de oro. El Banco Popular de China ha informado de aumentos constantes en las reservas oficiales de oro, que han alcanzado niveles récord en los últimos años. Al mismo tiempo, Beijing ha ampliado el papel de la Bolsa de Oro de Shanghái y ha puesto en marcha iniciativas destinadas a aumentar la influencia de China en los mercados mundiales de lingotes.China también promueve un uso internacional más amplio del yuan en la liquidación de operaciones comerciales, los pagos transfronterizos y las transacciones financieras. Se ha ordenado a las empresas estatales que den prioridad a las transacciones denominadas en yuanes siempre que sea posible.
La lógica estratégica es difícil de pasar por alto. Beijing parece decidida a reducir su dependencia del sistema financiero basado en el dólar, al tiempo que aumenta la demanda mundial de activos denominados en yuanes.
La contradicción en el centro de la estrategia de China
China quiere que el yuan se convierta en una moneda internacional de primer orden, pero también desea conservar las ventajas para la exportación que le reporta un tipo de cambio relativamente débil.Esos objetivos no son del todo compatibles.
Las monedas de reserva mundiales suelen requerir mercados de capitales profundos, abiertos y transparentes, así como una convertibilidad relativamente libre. Sin embargo, Beijing sigue manteniendo amplios controles de capital y un régimen de tipo de cambio estrictamente gestionado.
Una contienda —o conquista— que lleva décadas gestándose
Los líderes chinos comprenden que el poder económico descansa, en última instancia, en el poder monetario. Su estrategia parece diseñada para fortalecer gradualmente la posición financiera de China, evitando al mismo tiempo la perturbación económica que podría derivarse de una moneda que se aprecie rápidamente.Hasta ahora, Occidente ha demostrado que no está dispuesto o no es capaz de resistirse a la política monetaria de Beijing, lo que supone una amenaza existencial para las economías occidentales.
Lo que está claro es que Beijing no tiene intención alguna de renunciar a las ventajas que han impulsado su auge basado en las exportaciones. Mientras Estados Unidos y Europa se debaten entre la deuda, los déficits y el declive industrial, el régimen de control de divisas de China sigue siendo una herramienta poderosa.
En la pugna geopolítica mundial entre Estados Unidos y China, Beijing sigue aprovechando el valor artificialmente bajo de su moneda para distorsionar las balanzas comerciales mundiales, los flujos de capital, la acumulación de oro y la influencia monetaria en beneficio de sus intereses estratégicos, aparentemente sin consecuencias.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.


















