Opinión
El vencimiento del pacto nuclear y el llamado a un nuevo acuerdo reformado plantean una pregunta central: ¿vivimos en un sistema tripolar equilibrado o en una nueva bipolaridad dominada por Estados Unidos y China, con Rusia como tercer actor nuclear? La respuesta no es académica. De ella dependerá la arquitectura de seguridad del siglo XXI.
El acuerdo que acaba de expirar fue concebido para un entorno esencialmente bipolar. Ese entorno ya no existe. Cualquier arquitectura que ignore la expansión acelerada del arsenal chino nace incompleta. Exigir la inclusión plena de Beijing en un nuevo marco no es retórica política, sino una necesidad estratégica.
En el plano estrictamente nuclear, el sistema es tripolar. Estados Unidos, Rusia y China poseen tríadas nucleares completas, capacidad de segundo ataque y alcance intercontinental. Rusia mantiene la paridad estratégica en número de ojivas con Washington, pese al desgaste de sus fuerzas convencionales en Ucrania. Desde esta perspectiva técnica, Moscú continúa siendo una superpotencia nuclear.
Sin embargo, el equilibrio cambia al analizar el poder estructural. En términos geoeconómicos, industriales y tecnológicos, el sistema internacional es esencialmente bipolar. China es la única potencia con escala económica, base manufacturera, ambición tecnológica y expansión naval suficientes para disputar de manera integral la primacía estadounidense. Rusia no posee ese peso sistémico.
Como advierte el coronel Octavio Pérez, cofundador y analista sénior de Asuntos Militares del Miami Strategic Intelligence Institute (MSI), “la nueva bipolaridad será Estados Unidos y China, con un tercer actor nuclear, Rusia”. Las proyecciones del Departamento de Defensa indican que China podría superar las 1000 ojivas nucleares operativas hacia 2030, muchas de ellas de nueva generación y tecnológicamente más avanzadas que parte del inventario ruso heredado de la era soviética.
Pérez subraya, además, que los tratados históricamente han permitido retirar ojivas antiguas y sustituirlas por sistemas más modernos, proyectando ante la comunidad internacional una imagen de control relativo mientras se renueva la capacidad estratégica.
Si se confirmaran pruebas nucleares encubiertas por parte de China, el impacto sería profundo. No se trataría solo de un asunto técnico, sino de una erosión deliberada de los mecanismos de verificación y del régimen de no proliferación. La estabilidad estratégica depende de la transparencia comprobable y de la verificación efectiva.
La experiencia de acuerdos anteriores, como el Tratado ABM y los marcos sobre misiles balísticos de alcance intermedio, demuestra que cuando emergen nuevas tecnologías, incluidos los sistemas hipersónicos, los instrumentos vigentes quedan rápidamente superados. China avanza a ritmo acelerado. Rusia mantiene su inventario. Ambos deben estar incluidos en cualquier esquema serio de control.
Los misiles balísticos intercontinentales DF-41 con capacidad nuclear de China se ven durante un desfile militar en la Plaza de Tiananmén, en Beijing, el 1 de octubre de 2019. (Greg Baker/AFP vía Getty Images)La conclusión es clara: el equilibrio estratégico del siglo XXI no se definirá por comunicados diplomáticos, sino por la capacidad industrial, la modernización tecnológica y la credibilidad de la disuasión. Estados Unidos y China competirán por la arquitectura económica del futuro. Rusia seguirá siendo un actor nuclear que nadie puede ignorar.
La verdadera pregunta no es si habrá un nuevo tratado. La pregunta es si Occidente está dispuesto a negociar desde la superioridad verificable o desde la ilusión de estabilidad. Diseñar acuerdos para el mundo que fue puede ofrecer titulares tranquilos. Pero los errores de cálculo nucleares no se corrigen con declaraciones diplomáticas.
En un entorno en el que China moderniza su arsenal a un ritmo acelerado y redefine el equilibrio industrial global, la claridad estratégica deja de ser opcional. Es una cuestión de estabilidad internacional.
Tres conclusiones clave 1. El marco anterior quedó superado. Fue diseñado para un entorno bipolar que ya no refleja la realidad estratégica actual. 2. China es el factor decisivo. Se proyecta que superará las 1000 ojivas hacia 2030, mientras moderniza su arsenal a un ritmo acelerado. 3. Los tres deben estar incluidos. Estados Unidos y China dominan el plano económico, pero Rusia conserva un peso nuclear que no puede desestimarse.
Sobre los autores:
El Dr. Rafael Marrero es economista multipremiado, autor de bestseller y presidente fundador del Miami Strategic Intelligence Institute (MSI). Es coautor con el Dr. Luis Noguerol de Dragon in the Matrix: Technical Realities of Chinese Cyber Operations Targeting the West (Bravo Zulu Publishers, 2026), y coautor de Socialimperialismo chino: La expansión estratégica del PCCh en América Latina (Bravo Zulu Publishers, 2026).
Las opiniones expresadas en este artículo son las de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de The Epoch Times.
















