30

Compartidos

El presidente de México, Enrique Peña Nieto (izq.), el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (centro), y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, firman un nuevo tratado de libre comercio en Buenos Aires el 30 de noviembre de 2018, en el marco de la Cumbre de Líderes del G20. El acuerdo renovado, llamado Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), se parece mucho al que reemplaza. Sin embargo, se han realizado suficientes ajustes como para que Trump declare victoria en nombre de los trabajadores estadounidenses que, según él, fueron engañados por el TLCAN. (Foto de SAUL LOEB/AFP vía Getty Images)

El presidente de México, Enrique Peña Nieto (izq.), el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (centro), y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, firman un nuevo tratado de libre comercio en Buenos Aires el 30 de noviembre de 2018, en el marco de la Cumbre de Líderes del G20. El acuerdo renovado, llamado Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), se parece mucho al que reemplaza. Sin embargo, se han realizado suficientes ajustes como para que Trump declare victoria en nombre de los trabajadores estadounidenses que, según él, fueron engañados por el TLCAN. (Foto de SAUL LOEB/AFP vía Getty Images)

El discurso presidencial en México

23 de enero de 2026, 10:43 p. m.
| Actualizado el23 de enero de 2026, 10:49 p. m.

Opinión

En un régimen presidencialista como el mexicano, el discurso político del Ejecutivo adquiere una gran importancia para la gobernabilidad del país.

La tradición mexicana oscilaba entre la visión institucional de gobernabilidad y el estilo personal de los mandatarios. Pero en general el principio de gobernabilidad era el sustento o el propósito principal del discurso presidencial.

Se podría hacer un análisis histórico de cómo en los tiempos modernos el discurso presidencial se retroalimentaba con la realidad político social sexenal, pues la misma lo influía y, por su parte, las palabras presidenciales aspiraban a imponer la impronta del poder en dicha realidad.

Las políticas públicas y el ejercicio de poder eran entonces el alimento de lo que comunicaban los presidentes. Eso establecía el estilo personal de quienes ostentaban el máximo cargo de autoridad en la República.

Pero había una República, a pesar de la hegemonía política de un Partido. El gobierno podía ser autoritario, aunque era innegable la existencia de un Estado.

Y el Estado era republicano. En una evolución, quizás lenta pero inexorable, este Estado dejó de ser revolucionario para convertirse paulatinamente en democrático y esa condición democrática se identificaba con el liberalismo moderno.

Pero esto no fue una concesión del presidencialismo, más bien la realidad social y la complejidad política determinaron que el discurso presidencial comenzara a ser influido por estos fenómenos y dejara de aspirar a ser un monopolio poco democrático de la palabra.

El intelectual que entendió por dónde estaba soplando el viento en México, Octavio Paz, era un heredero modernizado del liberalismo clásico y bautizó a la revista cultural que abrió la ventana a los vientos de la modernidad en México con un nombre simple, "Plural", pero de enormes connotaciones en ese momento histórico.

El antecedente de esa irrupción del liberalismo universal en el país en el ámbito de la cultura fueron dos represiones a movimientos estudiantiles, la del 68 que culminó en Tlatelolco el 2 de octubre y la del 10 de junio en 1971 con el ataque del grupo paramilitar los halcones a una manifestación estudiantil que intentaba romper la prohibición fáctica hacia este tipo expresiones públicas.

En ambas represiones la sombra de Luis Echeverría estuvo presente, en 68 como secretario de Gobernación y en 71 como Presidente de México. Si bien el 68 se volvió un referente democrático, el 71 detonó una radicalización de franjas estudiantiles en distintas Universidades, ligadas a movimientos populares del país, también radicalizados.

En un acto de desesperación y adoptando una ideología radical, sucedió entonces que franjas estudiantiles de distintas partes del país eligieron el camino de la lucha armada; la ideología comunista revolucionaria se expandió.

Fueron años brutales en la represión y en lo político, y a ese periodo se le conoce como "guerra sucia", como si hubiera guerras limpias. El saldo fueron cientos de muertes, de crímenes de ambos bandos, pero sobre todo del gobierno. Hubo más de 800 desaparecidos por parte del gobierno en todo el país y hay testimonios de que, por ejemplo, en Guerrero hubo vuelos de la muerte ejecutados por el Ejército en los cuales se arrojaba al mar a personas identificadas como rebeldes. La Dirección Federal de Seguridad (DFS) y la Brigada Blanca ejercieron una represión selectiva y amplia mediante torturas y desapariciones.

El discurso echeverrista hablaba de apertura política, al mismo tiempo que era confrontativo. Sin entender la ruptura entre el movimiento estudiantil radicalizado y el gobierno por las represiones, el presidente Echeverría fue a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en un auditorio vociferante le gritó a los estudiantes: "!!!jóvenes fascistas, así se comportaban las juventudes fascistas!!!". Tuvo que huir, una pedrada lo descalabró en su fuga.

En ese tiempo militaba en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido oficial y el partido de Echeverría, un joven tabasqueño dispuesto a hacer carrera política por la vía tradicional: Andrés Manuel López Obrador.

Inscrito en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, tardó trece años en cursar su licenciatura. Era conocido como porro priista. Luego sería un político con carrera en el priismo, pues incluso fue su líder estatal en Tabasco. El discurso posterior de López Obrador contra el PRI nunca ha ejercido una autocrítica de esa militancia que no fue de paso.

Quien hizo una autocrítica de facto fue el secretario de Gobernación del gobierno de López Portillo, Jesús Reyes Heroles, quien promovió una reforma política para legalizar a la izquierda, al mismo tiempo que se decretó una amnistía para los radicales.

En 1979 ya había una vía abierta, pero tardaría aún una década para que una fusión entre disidentes cardenistas del PRI y corrientes legales de izquierda conformaran un partido competitivo bajo el amparo de reglas políticas democráticas, que fue el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el antecedente más importante de Morena, que es una fusión heterogénea de corrientes izquierdistas y priistas e incluso, de panistas tan conversos como nuevos fanáticos de la revelación y del discurso obradorista.

Pero el cambio se dio dentro del sistema, con la ruptura de la tradición priista mediante la irrupción, con el salinismo, de un grupo de tecnócratas modernizadores que se propusieron sintonizar a México con la corriente global que promovía el libre comercio.

Eran tiempos de cambios históricos en el mundo: el fin de la Guerra fría se vislumbró con el fusilamiento de los Ceacescu en Rumanía, la caída del Muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética, la ejecución de la Banda de los Cuatro en China y la modificación del maoísmo por un dominio comunista tecnocrático.

<em>El presidente de Mexico Ernesto Zedillo (C) observa mientras el alcalde electo de la ciudad de Mexico Cuauhtemoc Cardenas (I) saluda al presidente del Partido Accion Nacional {PAN} Felipe Calderon (D)luego que el primer mandatario de Mexico, 05 noviembre, se reuniera con el representante del PAN. Los dirigentes politicos se encontraron cuando uno dejaba la residencia presidencial y el alcalde electo se disponia a tener una comida con el presidente de Mexico. (Photo by -/LOS PINOS/AFP via Getty Images)</em>El presidente de Mexico Ernesto Zedillo (C) observa mientras el alcalde electo de la ciudad de Mexico Cuauhtemoc Cardenas (I) saluda al presidente del Partido Accion Nacional {PAN} Felipe Calderon (D)luego que el primer mandatario de Mexico, 05 noviembre, se reuniera con el representante del PAN. Los dirigentes politicos se encontraron cuando uno dejaba la residencia presidencial y el alcalde electo se disponia a tener una comida con el presidente de Mexico. (Photo by -/LOS PINOS/AFP via Getty Images)

El discurso salinista abandonó radicalmente la referencia tercermundista del echeverrismo, para impulsar un bloque del Norte con México, Estados Unidos y Canadá, trazando la ruta mexicana hacia el Primer Mundo.

Esa euforia terminó con el último año de ese sexenio -bautizado por Cristopher Domínguez como el Annus Horribilis-, cuando el zapatismo irrumpió en un levantamiento armado en Chiapas, se dio el asesinato de Luis Donaldo Colosio, la presión de las corredurías bursátiles, el desequilibrio en la Balanza de Pagos y un brusco despertar del sueño modernizador. El discurso fue ya, entonces, el discurso de la crisis.

<em>El presidente mexicano Felipe Calderón pronuncia su informe anual en el Palacio Nacional el 2 de septiembre de 2007, en la Ciudad de México. Calderón presentó ayer su primer balance de gobierno ante el Congreso en una ceremonia sin discursos ni incidentes, y en ausencia de los legisladores de izquierda del PRD (Partido de la Revolución Democrática), quienes se retiraron antes de la ceremonia en señal de protesta. (ALFREDO ESTRELLA/AFP vía Getty Images)</em>El presidente mexicano Felipe Calderón pronuncia su informe anual en el Palacio Nacional el 2 de septiembre de 2007, en la Ciudad de México. Calderón presentó ayer su primer balance de gobierno ante el Congreso en una ceremonia sin discursos ni incidentes, y en ausencia de los legisladores de izquierda del PRD (Partido de la Revolución Democrática), quienes se retiraron antes de la ceremonia en señal de protesta. (ALFREDO ESTRELLA/AFP vía Getty Images)

Entre la modernización fallida y el renacimiento de la demagogia echeverrista con el discurso obradorista, el discurso de los presidentes Calderón y Peña fue profesional: la seguridad, la estabilidad económica, el cambio democrático y la relación con Estados Unidos.

Vicente Fox aportó por primera vez la línea woke: el absurdo ‘las’/’los’, etcétera -que no fue seguido por Peña- y, en contraste propio, el desparpajo de las groserías presidenciales supuestamente anti solemnes: "lavadoras de dos patas" para referirse a las mujeres.

Curiosamente ese "desparpajo" es imitado y acrecentado por el discurso populista y degradante del presidente Andrés Manuel López Obrador. En el próximo artículo analizaremos el discurso de los dos presidentes morenistas, expresión del populismo de izquierda y sello de la decadencia del presidencialismo mexicano.


Cómo puede usted ayudarnos a seguir informando

¿Por qué necesitamos su ayuda para financiar nuestra cobertura informativa en Estados Unidos y en todo el mundo? Porque somos una organización de noticias independiente, libre de la influencia de cualquier gobierno, corporación o partido político. Desde el día que empezamos, hemos enfrentado presiones para silenciarnos, sobre todo del Partido Comunista Chino. Pero no nos doblegaremos. Dependemos de su generosa contribución para seguir ejerciendo un periodismo tradicional. Juntos, podemos seguir difundiendo la verdad, en el botón a continuación podrá hacer una donación:

Síganos en Facebook para informarse al instante

Comentarios (0)

Nuestra comunidad prospera gracias a un diálogo respetuoso, por lo que te pedimos amablemente que sigas nuestras pautas al compartir tus pensamientos, comentarios y experiencia. Esto incluye no realizar ataques personales, ni usar blasfemias o lenguaje despectivo. Aunque fomentamos la discusión, los comentarios no están habilitados en todas las historias, para ayudar a nuestro equipo comunitario a gestionar el alto volumen de respuestas.

TE RECOMENDAMOS
ÚLTIMAS NOTICIAS