Opinión
Tres son multitud
La relación entre Estados Unidos e Israel en materia de defensa es una de las alianzas más estrechas y estratégicamente importantes de Estados Unidos. Construida a lo largo de décadas en torno a intereses geopolíticos compartidos, valores democráticos y una sólida cooperación militar, esta asociación ha dado lugar a una amplia colaboración en materia de defensa. El desarrollo conjunto de sistemas de armas avanzados es habitual entre ambos países, al igual que el intercambio de información sobre amenazas comunes.Profundización de los lazos sino-israelíes: un rompecabezas estratégico
Durante la última década, Israel y China ampliaron significativamente su cooperación económica. China es un mercado importante para la tecnología israelí, especialmente en sectores como la inteligencia artificial (IA), las telecomunicaciones y los semiconductores. Como resultado, Beijing ha cultivado relaciones diplomáticas con mayor impacto, reuniendo nuevos socios en Oriente Medio.Para los planificadores militares estadounidenses, estos acontecimientos plantean un dilema. Por un lado, Israel es un aliado cercano y un socio esencial para mantener la estabilidad regional. Por otro lado, las enormes ambiciones tecnológicas de Beijing suscitan preocupación por las implicaciones de seguridad de la colaboración entre Israel y China, especialmente en sectores relacionados con la defensa.
Las colaboraciones en materia de investigación o las asociaciones tecnológicas con empresas de defensa o institutos de investigación israelíes permitirán a los actores chinos obtener datos relevantes para el ámbito militar bajo el pretexto de la cooperación civil o comercial. Este tipo de acceso "dual" complica las medidas tradicionales de contraespionaje. Las actividades que parecen benignas pueden ocultar la intención de extraer información que, en última instancia, contribuye a la modernización militar de China.
Robo de propiedad intelectual, competencia tecnológica
Más allá de las violaciones evidentes de la seguridad, el robo de propiedad intelectual (PI) es otro riesgo grave. China lleva décadas dedicándose ampliamente al robo de PI de agencias estadounidenses y de la industria privada en tecnologías avanzadas. El costo total anual del robo de PI para Estados Unidos podría alcanzar los USD 600 mil millones, siendo China la mayor fuente de esta actividad, que afecta a sectores como los semiconductores, la computación cuántica y la inteligencia artificial.
Un avión ruso en el que se instaló un sistema de alerta y control aerotransportado (AWACS) Phalcon de fabricación israelí para China, en el aeropuerto Ben Gurión de Israel, cerca de Tel Aviv, el 5 de julio de 2000. (Menahem Kahana/AFP/Getty Images)La propiedad intelectual del sector tecnológico israelí, de renombre mundial, especialmente en materia de defensa y ciberseguridad, no es inmune al robo chino. Es más, el ecosistema de innovación de Israel colabora habitualmente con contratistas de defensa estadounidenses. Juntos desarrollan componentes para sistemas de armas integrados entre Estados Unidos e Israel y amplían las fronteras en campos que tienen una utilidad militar directa.
Si las entidades chinas obtuvieran acceso a la propiedad intelectual israelí a través de inversiones, empresas conjuntas, acuerdos de licencia o robo, esto podría acelerar la capacidad de Beijing para cerrar la brecha tecnológica con Estados Unidos.
La difusa línea de las transferencias de tecnología de doble uso
Una cuestión especialmente espinosa es la transferencia de tecnologías de doble uso, que tienen aplicaciones tanto civiles como militares. Muchas innovaciones en sectores como la inteligencia artificial, la robótica, el diseño de semiconductores y las tecnologías satelitales son intrínsecamente de doble uso. Además, la industria tecnológica israelí produce estas innovaciones a gran escala.El reto radica en definir dónde termina el intercambio civil y dónde comienza la transferencia estratégica. Las estructuras legales de control de las exportaciones estadounidenses, como el Reglamento sobre el Tráfico Internacional de Armas, regulan el movimiento de determinadas tecnologías relacionadas con la defensa. Pero cuando una tecnología se comercializa como "civil" y, sin embargo, puede reutilizarse rápidamente para aplicaciones militares, su aplicación se vuelve difícil.
Como era de esperar, los responsables políticos estadounidenses han instado cada vez más a sus homólogos israelíes a endurecer las restricciones sobre determinados tipos de transferencias de tecnología a China. Con demasiada frecuencia, se han dado casos en los que Washington planteó objeciones formales a las ventas o inversiones tecnológicas propuestas por Israel que involucraban a socios chinos.
Equilibrio: soberanía, seguridad y alineación estratégica
En esencia, la fricción sobre la influencia económica y tecnológica de China supone un serio desafío para Israel, que busca mantener su política exterior soberana y sus intereses económicos sin dejar de ser un socio fiable de Estados Unidos.Por otro lado, ¿cómo puede Estados Unidos apoyar a su aliado sin obligarle a tomar una decisión binaria que socave los objetivos económicos generales de Israel?
Los últimos acontecimientos sugieren que se han dado pasos hacia una mayor alineación en estas áreas. Israel ha restringido o bloqueado ciertas inversiones chinas en infraestructuras estratégicas y ha promulgado controles de exportación y salvaguardias de inteligencia más estrictos en sectores clave.
Sin embargo, estas medidas suelen ser reactivas en lugar de proactivas, y el rápido ritmo de la evolución tecnológica hace que surjan constantemente nuevas vulnerabilidades.
¿Cuál es la respuesta de Estados Unidos?
La dependencia de China socava la seguridad de ambas naciones
La amenaza que representa el régimen chino no es necesariamente existencial, pero no se puede descartar. La alianza entre Estados Unidos e Israel ha soportado décadas de cambios estratégicos, y ambas naciones tienen razones de peso para mantener una sólida cooperación en materia de defensa e inteligencia.Sin embargo, el creciente poderío tecnológico y las ambiciones estratégicas de China plantean sin duda retos reales, especialmente porque desafían el dominio militar y económico de Estados Unidos a escala mundial, incluida la capacidad estadounidense para defender a Israel. La realidad de las violaciones de la seguridad, el robo de propiedad intelectual y la transferencia de tecnologías de doble uso, junto con los riesgos que ello conlleva, no va a desaparecer pronto.
El problema es que tanto Estados Unidos como Israel dependen de Beijing por razones similares y diferentes, por lo que la desconexión de China no se producirá de la noche a la mañana, si es que llega a producirse.
La forma en que Washington y Jerusalén afronten estos retos en los próximos años determinará no solo el futuro de su relación bilateral en materia de defensa, sino también los patrones más amplios del poder mundial en el siglo XXI.
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las de The Epoch Times.














