Araceli Rodríguez —una cubana refugiada en México— sabía que era la más valiente en su familia para salir de la isla. Sin dudarlo, emprendió el peligroso viaje cruzando por varios países latinoamericanos para "respirar oxígeno sin doctrina".
"Llega el momento en que estallas, ya el ser humano no aguanta más. Cuando tienes una familia dices: esto no se lo puedo transmitir a mis nietos. (...) Entonces ahí es cuando hay que decidir y salir de Cuba, porque son más de 50 años adoctrinándote y yo, al menos, no puedo aceptar eso", dijo Rodríguez en entrevista con EpochTv.
Los cubanos como Rodríguez siguen huyendo del país en grandes números. Miles han abandonado la isla en los últimos años, según un informe de la organización Human Rights Watch de 2025. Cifras oficiales señalan que Cuba ha perdido alrededor del 10 por ciento de su población, mientras estimaciones independientes sostienen que la disminución podría ser aún mayor.
"Para nadie es un secreto que nuestra Cuba es una isla, pero más que una isla, yo le digo que es una corraleta. Esa frase está fea, pero es algo que estás ahí, ahí trancadito, que no puedes respirar", relató Rodríguez.
La inmigrante cubana residente en México relata que cuando vivía en Cuba, ella trabajaba como empleada del gobierno. Esta condición la obligaba a vivir bajo las órdenes de los oficiales de la Seguridad del Estado, además de tener que enfrentar las necesidades básicas y materiales que se viven en Cuba.
Rodríguez señala que aunque fue la primera de su familia en abandonar la isla, aseguró que la decisión implicó un costo emocional profundo. "Sabíamos que yo era la más valiente, quizás por la fuerza física, soy un poco más atrevida", explicó.
Sin embargo, el dolor de dejar a su familia, para ella es algo tan duro que no hay manera de medirlo.
"Tengo un matrimonio muy amado, amo a mi esposo, 33 años juntos. Mi hija, una muchacha extraordinaria, con mis dos nietos", explicó. "Es un puñal en el corazón, tener que dejar tu familia, porque un sistema no te deja emprender ni ser feliz, (...) no te deja ser feliz, desde que te levantas hasta que te acuestas".
Su recorrido incluyó Perú, Colombia, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala antes de ingresar a México por Chiapas.
Al recordar ese trayecto, resumió el motivo que, según ella, justificó cada riesgo asumido. Al mismo tiempo, señaló que es el mismo sufrimiento de todos los cubanos que han pasado por el mismo camino que ella.
"Hay que pasar por todo ese dolor para poder respirar un oxígeno sano, sin una doctrina", dijo.
"Son tantas historias de tantos cubanos que (con tantas) lágrimas, las mías y las de todos, se podría llenar un océano".
Desde 1959, Cuba vive bajo un sistema comunista tras el triunfo de la Revolución Cubana de Fidel Castro. Las políticas radicales de Castro hicieron que la población en el exilio aumentara drásticamente. Por ejemplo, en Estados Unidos la población cubana pasó de 79,000 a 439,000 personas entre 1960 y 1970. La tendencia continúa a medida que numerosos disidentes y refugiados huyen del régimen comunista.
Rodríguez que ahora se encuentra fuera de la isla sostuvo que su principal motivación continúa siendo reunir nuevamente a su familia.
"Mi esposo, mi hija y mis nietos, porque no quiero que mis nietos dejen esa herencia. Quiero que mis nietos conozcan lo que es comerse un helado sin tener que sufrir", comentó.
"Cuba es una isla que tiene muchos grados de temperatura muy fuertes y nadie sabe lo que es dormir. Solo los cubanos sabemos qué es lo que es eso", agregó.
También describió el impacto que tuvo para ella llegar a México.
"Yo estaba en una burbuja pequeña, en una isla, y se acabó. Cuando llegué a México conocí qué es lo que era el verdadero ser humano, sentirse que uno es uno", dijo.
Asimismo, invitó a los mexicanos a valorar la libertad que tienen en su país. "Ustedes no saben lo que tienen, tienen un lingote de oro en sus manos y no saben. Los invito un día que conozcan, entren y busquen qué es lo que es Cuba".
Rodríguez actualmente cuenta con la condición de refugiada y asegura que su historia aún no concluye.
"No hay conclusión cuando una historia no se ha terminado, y yo sé que el día que yo abrace a mi esposo, a mi hija y a mis dos nietos, será el capítulo final", concluyó.
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Con información de Emel Akan.






















