La iniciativa del presidente Donald Trump para que sus aliados ayuden a reabrir el estrecho de Ormuz ha generado una respuesta variada, con el Reino Unido y Francia manifestando su apoyo a una acción conjunta para restablecer la navegación.
Mientras que varios socios europeos y asiáticos rechazan la intervención militar. La Unión Europea debate si puede hacer más para proteger el transporte marítimo sin agravar el conflicto con Irán.
El 15 de marzo, Trump declaró haber solicitado ayuda a siete países que dependen en gran medida de la vía marítima para garantizar su seguridad, tras haber mencionado previamente a China, Francia, Japón, Corea del Sur y Gran Bretaña como países que esperaba que desplegaran buques mientras las fuerzas estadounidenses seguían atacando lo que quedaba de la capacidad naval de Irán. El estrecho transporta normalmente alrededor de una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
El crudo Brent cotizaba cerca de los 105 dólares por barril el 16 de marzo, tras subir más del 40 % desde que comenzó la guerra.
El primer ministro británico, Keir Starmer, adoptó una de las posturas más activas entre los aliados de Estados Unidos, aunque sin llegar a desplegar fuerzas militares. El 16 de marzo, Starmer declaró que el número 10 de Downing Street estaba colaborando con sus aliados, incluidos los de Europa y el Golfo Pérsico, para desarrollar un plan colectivo viable que permitiera reabrir el estrecho de Ormuz.
"No, aún no se ha tomado ninguna decisión. En mi opinión, tendrá que ser algo que cuente con el acuerdo del mayor número posible de socios. Y todavía no hemos llegado a ese punto, pero estamos trabajando arduamente", dijo Starmer, añadiendo que esto se ha conversado con Trump.
Por su parte el presidente francés, Emmanuel Macron, en una publicación del 15 de marzo en X tras hablar con el presidente iraní Masoud Pezeshkian, exigió el fin de los ataques de Irán en la región.
"La libertad de navegación en el estrecho de Ormuz debe restablecerse lo antes posible", señaló, y subrayó que solo un nuevo marco político y de seguridad podría garantizar una paz y una seguridad duraderas.
La UE sopesa las opciones
Al llegar a una reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la UE en Bruselas el 16 de marzo, la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, afirmó que el cierre del estrecho estaba perjudicando a la economía global, afectando a socios regionales y ayudando a Rusia a financiar su guerra.Kallas añadió que los ministros debatirían las posibles contribuciones de la misión naval Aspides del bloque, lanzada en 2024, para proteger el transporte marítimo comercial en el Mar Rojo y aguas circundantes frente a los ataques de los hutíes con base en Yemen.
Kallas afirmó que también había conversado con el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, sobre la posibilidad de que un acuerdo similar al del Mar Negro pudiera ayudar a reanudar el transporte de petróleo y gas, y recalcó que cualquier acción operativa dependería de lo que estén dispuestos a hacer los Estados miembros de la UE.
Respecto a la OTAN, dijo que habían tenido lugar contactos previos, pero que el Golfo estaba "fuera del área de acción de la OTAN", y que "no hay países de la OTAN en el estrecho de Ormuz".
Esa cautela fue compartida por el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, quien declaró el 16 de marzo que no veía ningún indicio de que la OTAN hubiera tomado una decisión sobre Ormuz o que fuera a hacerse responsable de ella.
Wadephul instó a Washington e Israel a que aclararan cuándo considerarían cumplidos sus objetivos militares y afirmó que Alemania estaba presionando para que se impusieran sanciones contra quienes bloquean el estrecho, ya que la interrupción estaba generando "ondas de choque por todo el mundo".
Dinamarca mostró apertura a cierta contribución europea, aunque no respaldó la decisión estadounidense-israelí de ir a la guerra.
El ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, declaró el 16 de marzo que Europa debería mantener una "mentalidad abierta" sobre cómo podría contribuir a garantizar la libertad de navegación, al tiempo que hizo hincapié en la desescalada y señaló que Copenhague aún no había recibido ninguna solicitud formal de Estados Unidos.
Otros países fueron más tajantes al descartar cualquier implicación directa.
España declaró el 16 de marzo que no participaría en ninguna misión militar en Ormuz porque consideraba ilegal la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
"España nunca aceptará medidas temporales, porque el objetivo debe ser que la guerra termine, y que termine ya", declaró la ministra de Defensa española, Margarita Robles.
El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, llegó a Bruselas el 16 de marzo y afirmó que poner fin al conflicto mediante la negociación era esencial para proteger a los civiles y evitar un aumento vertiginoso de los precios de la energía a nivel mundial.
Grecia también descartó las operaciones militares en el estrecho, y el portavoz del gobierno, Pavlos Marinakis, señaló el 16 de marzo que Atenas se limitaría a la misión Aspides.
Asia
En Asia, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, declaró el 16 de marzo que Tokio no había tomado ninguna decisión sobre el envío de buques de escolta, citando limitaciones constitucionales y legales.En una publicación del 16 de marzo en X, dijo que "dado que los buques petroleros no pueden pasar por el estrecho de Ormuz, se espera que las importaciones de petróleo crudo a Japón disminuyan significativamente a partir del 20 de marzo".
Australia descartó el 16 de marzo el envío de buques de guerra al estrecho de Ormuz, mientras que Corea del Sur ha dicho que revisará cuidadosamente la solicitud de Trump.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian, declaró el 16 de marzo que las tensiones en torno al estrecho de Ormuz habían perturbado el comercio internacional y amenazado la estabilidad regional, pero que la prioridad de Beijing era la desescalada, no la intervención militar.
Dijo que China estaba instando a todas las partes a detener inmediatamente las operaciones militares, evitar una mayor escalada y prevenir daños más amplios a la economía global.
Al ser preguntado sobre la petición de Trump de que China ayudara a garantizar la seguridad de la vía marítima, Lin repitió que Beijing estaba "en comunicación con las partes pertinentes" y trabajando para reducir las tensiones, sin confirmar ninguna solicitud estadounidense de participación naval china ni comprometerse a enviar buques.
El presidente Donald Trump declaró el 15 de marzo que podría aplazar una reunión prevista con el líder chino Xi Jinping y que esperaba que Beijing colaborara para mantener abierto el estrecho de Ormuz.
Según las declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, el 16 de marzo, la posible demora no tiene como objetivo presionar a Beijing en relación con el estrecho de Ormuz.
"Si por algún motivo la reunión tuviera que reprogramarse, sería por cuestiones logísticas", explicó Bessent.
Presión desde el Golfo
En un comunicado conjunto del 15 de marzo, los ministros de Asuntos Exteriores del Consejo de Cooperación del Golfo y el Reino Unido destacaron la importancia de proteger el espacio aéreo, las rutas marítimas, la libertad de navegación, las operaciones de transporte marítimo y la estabilidad de los mercados energéticos mundiales.Los ministros condenaron cualquier acción o amenaza iraní destinada a cerrar u obstaculizar la navegación internacional en el estrecho de Ormuz o a amenazar la seguridad marítima en el estrecho de Bab el-Mandeb.
El 16 de marzo, Irán rechazó la caracterización más amplia del cierre del estrecho de Ormuz.
"Desde nuestra perspectiva, está abierto", dijo el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, añadiendo que el estrecho "solo está cerrado a nuestros enemigos, para quienes han perpetrado agresiones injustas contra nuestro país y para sus aliados".
Con información Reuters y Associated Press.














