En América Latina y el Caribe, al menos ocho países han recibido estadios, gimnasios o complejos deportivos financiados por China como donaciones o asistencia no reembolsable. Otros casos figuran como apoyo chino, aunque con fórmulas menos claras. Es la llamada “diplomacia de los estadios”. Pero ¿qué implican realmente estas “donaciones”?
Las donaciones deportivas chinas comenzaron en los años noventa y se extendieron después por varios países insulares del Caribe y Centroamérica. Barbados recibió una instalación deportiva cubierta en 1992; Santa Lucía, una infraestructura nacional en 2002; y, entre 2006 y 2007, China entregó o reconstruyó recintos deportivos en Antigua y Barbuda, Granada y Jamaica, además de Dominica. Más tarde llegaron los casos de Bahamas y Costa Rica, ambos inaugurados entre 2011 y 2012, mientras que Barbados y El Salvador aparecen hoy en una nueva etapa de grandes proyectos deportivos financiados mediante cooperación no reembolsable de Beijing, aunque el salvadoreño todavía está en construcción.
Otros casos aparecen vinculados al apoyo chino, pero con más matices. En Surinam, el pabellón Anthony Nesty se levantó en 1987 con apoyo chino, aunque algunas fuentes lo vinculan a préstamos o financiamiento, no a una donación directa.
La práctica no es nueva. Los estudios sobre “diplomacia de los estadios” sitúan uno de sus primeros antecedentes en 1958, cuando China ayudó a construir el Estadio Nacional de Deportes de Ulán Bator, en Mongolia. Desde entonces, los estadios se han convertido en una pieza visible de su política exterior: obras grandes, simbólicas, fáciles de inaugurar y difíciles de separar del reconocimiento diplomático, el acceso económico y la influencia política. China ha construido o financiado cerca de 150 grandes instalaciones deportivas en el mundo.
El estudio de CESifo de 2024, una red internacional de investigación económica, advierte que la asignación de estadios chinos no responde solo a criterios deportivos o de desarrollo, sino también a cálculos estratégicos y diplomáticos.
Según el informe, estas obras pueden servir a Beijing para abrir puertas en países con recursos naturales valiosos, asegurar apoyos políticos en foros internacionales como la Asamblea General de Naciones Unidas y alinear a los gobiernos receptores con sus objetivos de política exterior.
En 2025, Antigua y Barbuda, Barbados, Costa Rica, Dominica, El Salvador, Granada, Jamaica, Santa Lucía y Surinam votaron junto a China a favor de crear un Día Internacional contra las Medidas Coercitivas Unilaterales. La resolución, aprobada por 116 votos a favor, 51 en contra y 6 abstenciones, presenta esas medidas como contrarias al derecho internacional y a la Carta de la ONU. Para Beijing, ese lenguaje es útil: refuerza su discurso contra sanciones y presiones occidentales, incluidas las vinculadas a derechos humanos, tecnología, seguridad o disputas geopolíticas, y le permite presentarse como defensor de la soberanía y la no injerencia.
Ese marco también le sirve en conflictos como el del mar de China Meridional. Mientras Filipinas denuncia acciones chinas de acoso, uso de cañones de agua e interferencia contra buques filipinos dentro de zonas que Manila considera bajo su jurisdicción, Beijing responde habitualmente invocando soberanía y rechazo a la injerencia externa.
El beneficio de la diplomacia de los estadios no termina ahí. Los proyectos suelen ser ejecutados por empresas estatales o contratistas chinos, como grandes corporaciones de construcción, lo que permite a China exportar capacidad industrial, colocar a sus compañías en nuevos mercados y aliviar presiones internas como el exceso de capacidad y el desempleo. En algunos casos, además, la donación inicial funciona como antesala de una relación más amplia: préstamos posteriores, contratos de infraestructura, concesiones o acuerdos favorables a los intereses chinos.
Costa Rica: la donación y el endeudamiento
Un ejemplo es el de Costa Rica, que rompió con Taiwán y estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China el 1 de junio de 2007. Meses después, el 24 de octubre de 2007, ambos gobiernos firmaron el convenio de cooperación que permitió levantar el nuevo Estadio Nacional, financiado con USD 84 millones en recursos no reembolsables chinos, según MIDEPLAN.La Embajada china lo presenta como el primer gran proyecto de obra completa donado por China en Costa Rica. El estadio fue inaugurado en marzo de 2011 y quedó como símbolo temprano del giro diplomático costarricense hacia Beijing.
Sin embargo, la relación posterior no se limitó a donaciones: Costa Rica sí asumió deuda con China para otros proyectos de infraestructura, en especial la ampliación de la Ruta 32 hacia Limón.
Ese crédito se firmó el 3 de junio de 2013 entre el gobierno de Costa Rica y China Eximbank. AidData detalla dos acuerdos por unos USD 396 millones: un crédito comprador de USD 296 millones con 5 años de gracia y tasa fija de 4 %, y otro préstamo concesional en yuanes equivalente a unos 100 millones de dólares, con tasa fija de 2 %.
Además, el proyecto exigía un aporte adicional de Costa Rica de unos USD 69 millones, lo que elevaba el costo total de la ampliación de la Ruta 32 a cerca de USD 465 millones. Las obras comenzaron en 2017.
China ganó de diversas maneras. Por una parte, obtuvo rendimientos a través de los préstamos; por otra, la obra fue adjudicada a China Harbour Engineering Company, una empresa china, por lo que buena parte del contrato vuelve al ecosistema empresarial chino. Además, China queda vinculada a una infraestructura estratégica: la carretera hacia Limón, principal zona portuaria del Caribe costarricense. Xinhua destacó que la Ruta 32 conecta San José con Puerto Limón, donde los puertos de Limón y Moín manejan hasta el 80 % de las importaciones y exportaciones de Costa Rica hacia mercados como EE. UU., Europa y Sudamérica.
Costa Rica pagó millones por una refinería china que nunca se construyó
Otro caso fue la fallida modernización de la refinería de Moín. En 2008, la estatal costarricense RECOPE y China National Petroleum Corporation (CNPC) crearon SORESCO, una empresa conjunta para ampliar y modernizar la refinería en Limón. El proyecto llegó a estimarse entre USD 1.300 millones y USD 1.500 millones, y China Development Bank ofreció un préstamo de USD 900 millones. Pero la obra nunca se concretó.En 2013, Costa Rica paralizó el plan después de que la Contraloría cuestionara el estudio de factibilidad porque había sido elaborado por una empresa vinculada a CNPC, lo que constituía un conflicto de interés. El resultado fue costoso para la parte costarricense: RECOPE y CNPC habían aportado USD 50 millones cada una a SORESCO, y más de USD 59 millones del capital inicial ya se habían gastado en estudios de ingeniería y factibilidad cuando el proyecto quedó fallido.
La diplomacia china también entró por la deuda
El acercamiento con Beijing no se limitó a obras visibles. También pasó por la deuda. Costa Rica colocó USD 300 millones en bonos que fueron comprados por China. Según declaraciones del entonces ministro de Hacienda citadas por Taipei Times, una parte de esos bonos tenía un plazo de 20 años y una tasa de interés del 2 %.Santa Lucía entre Taiwán y China
En la diplomacia de los estadios, Santa Lucía fue uno de los casos más particulares: la infraestructura financiada por China quedó atrapada en la disputa diplomática entre Beijing y Taipéi en el Caribe.El propio gobierno de Santa Lucía recuerda que estableció relaciones diplomáticas con Taiwán en 1984, rompió esos lazos en 1997 y volvió a reconocer a Taiwán en 2007. Esa cronología muestra el vaivén diplomático en el que se insertó el proyecto del estadio.
Durante la década en la que Santa Lucía reconoció a la República Popular China, Beijing financió el George Odlum Soccer Stadium, en Vieux Fort, mediante una subvención de unos 55 millones de dólares del Caribe Oriental, cerca de 20 millones de dólares estadounidenses. AidData registra que el estadio fue concedido como un “regalo” por mantener vínculos diplomáticos con China y que fue construido por China National Overseas Engineering Corporation, COVEC. La misma ficha sitúa la finalización real de la obra el 28 de julio de 2002.
Pero el valor diplomático de la obra quedó solo como una huella. En 2007, Santa Lucía volvió a Taiwán tras un cambio de gobierno que revirtió el reconocimiento de Beijing adoptado en 1997 por la administración anterior.
El Salvador describe la cooperación china como "no reembolsable"
El presidente Nayib Bukele anunció en diciembre de 2019, durante su visita a China, un paquete de cooperación no reembolsable ofrecido por Beijing. Dentro de ese paquete figuraban varias obras emblemáticas, entre ellas el nuevo Estadio Nacional de El Salvador.La Presidencia salvadoreña y China presentaron el proyecto en 2021. La construcción comenzó formalmente el 30 de noviembre de 2023, con la colocación de la primera piedra, y la finalización fue proyectada hacia 2027.
Antes del estadio, China financió la construcción de la nueva Biblioteca Nacional, por más de USD 50 millones. La obra, iniciada en 2022 e inaugurada en noviembre de 2023 en el centro histórico de San Salvador, fue la primera gran vitrina de ese paquete de cooperación. La biblioteca funciona como una pieza de diplomacia arquitectónica: una obra cultural, moderna y altamente visible en el corazón político del país.
Beijing también participó en la construcción del nuevo muelle turístico del Puerto de La Libertad, entregado en noviembre de 2024. El Ministerio de Turismo salvadoreño presentó la obra como una entrega de la Embajada de China, mientras que medios chinos la difundieron dentro del marco de la cooperación bilateral y la Franja y la Ruta.
La diplomacia de los estadios no ha llegado a América de manera aislada. Varios países que han recibido recintos deportivos financiados por China entraron también en la Iniciativa de La Franja y la Ruta (BRI por sus siglas en inglés), el gran programa con el que Beijing presenta infraestructura y cooperación como desarrollo, pero que sus críticos ven como una herramienta de influencia política, dependencia financiera y expansión estratégica. Entre ellos figuran Costa Rica, Antigua y Barbuda, Granada, Jamaica y El Salvador, que firmaron memorandos BRI entre 2018 y 2019, después de haber recibido estadios, gimnasios o complejos deportivos con apoyo chino.





















