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(Sally Anscombe/Getty Images)

(Sally Anscombe/Getty Images)

Ciertos alimentos pueden agravar los síntomas del TDAH: 5 formas de ayudar

Un intestino equilibrado está relacionado con el equilibrio emocional y cognitivo

12 de enero de 2026, 9:34 p. m.
| Actualizado el12 de enero de 2026, 9:35 p. m.
Cuando los niños tienen problemas de concentración, impulsividad e inquietud, muchos padres dan por sentado que la medicación es inevitable. Sin embargo, en mi consulta, he visto cómo los niños se transforman simplemente modificando lo que comen, cómo funciona su intestino y cómo gestionan el azúcar en sangre, sin necesidad de medicación. Una de estas historias pone de relieve la ciencia emergente que relaciona la alimentación con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y ofrece alternativas realistas y basadas en la evidencia en casos leves a moderados.

El gran avance de un paciente

Marcus tenía 9 años y le habían diagnosticado TDAH. Sus padres dudaban sobre la conveniencia de recurrir a la medicación de por vida y querían saber qué otros "factores", es decir, factores relacionados con el estilo de vida y el entorno, podían ajustar para favorecer la salud cerebral de su hijo. Marcus seguía una dieta bastante típica para un niño: algunos aperitivos procesados, bebidas azucaradas ocasionales y cereales de colores vivos.

Durante un mes, nos centramos en accionar varias de esas palancas, lo que incluía eliminar los colorantes artificiales y los azúcares añadidos, mejorar la calidad de las comidas de Marcus añadiendo más proteínas y fibra, y favorecer su salud intestinal. En pocas semanas, sus padres notaron cambios drásticos: menos arrebatos, mayor concentración durante los deberes y un estado de ánimo más tranquilo en general. Bajo supervisión médica, se redujo gradualmente la dosis de medicamentos estimulantes. Su TDAH no se curó, pero su cuerpo respondió mejor a dosis más pequeñas de medicamentos y los efectos secundarios disminuyeron significativamente.

La historia de Marcus no es única. Muchos niños son sensibles a ciertos factores desencadenantes relacionados con la alimentación o el entorno, y cuando se abordan esos factores, su regulación básica suele mejorar, a veces lo suficiente como para cambiar la trayectoria de su tratamiento.

Por qué la alimentación puede afectar a la concentración

La alimentación influye mucho más que en la salud física; moldea el estado de ánimo, la atención e incluso la forma en que el cerebro de un niño procesa la información. La nutrición afecta al cerebro a través de múltiples vías interconectadas, desde la estabilidad del azúcar en sangre hasta la disponibilidad de nutrientes y la salud intestinal. Comprender estos sistemas ayuda a explicar por qué la atención y el comportamiento de algunos niños mejoran drásticamente con cambios específicos en la alimentación y el estilo de vida.

Azúcar en sangre y neurotransmisores

El cerebro funciona con un suministro constante de glucosa, y cuando el equilibrio se altera demasiado, a menudo se producen cambios en el comportamiento. Los picos y caídas rápidas del azúcar en sangre pueden provocar irritabilidad, impulsividad y falta de atención, síntomas que pueden imitar o empeorar fácilmente el TDAH. Estas fluctuaciones también afectan a neurotransmisores como la dopamina y la norepinefrina, que son fundamentales para la concentración y la regulación emocional.
Las dietas ricas en carbohidratos refinados y bebidas azucaradas pueden estimular en exceso la liberación de dopamina, lo que provoca breves ráfagas de alerta seguidas de agotamiento, como una montaña rusa interna que deja al cerebro exhausto.

Deficiencias nutricionales

Ciertos nutrientes están profundamente entrelazados con la química del cerebro. El zinc y el magnesio actúan como cofactores en las vías metabólicas de los neurotransmisores, influyendo en la producción y regulación de la dopamina y la serotonina. El hierro, especialmente en el cerebro, favorece la actividad dopaminérgica y el desarrollo neural. Los niveles bajos de hierro se han relacionado con volúmenes cerebrales regionales más pequeños, incluido el hipocampo izquierdo, una zona importante para el aprendizaje y la memoria. Las vitaminas B9 (folato) y B12 son esenciales para el desarrollo y el funcionamiento saludables del sistema nervioso, mientras que los ácidos grasos omega-3 ayudan a estabilizar las membranas neuronales y a reducir la neuroinflamación.

Una revisión publicada en Metabolites afirma que estos factores nutricionales interactúan con la microbiota intestinal y las vías inflamatorias, influyendo en la señalización y el comportamiento del cerebro. Los investigadores descubrieron que las dietas de estilo occidental, ricas en alimentos procesados y pobres en micronutrientes, están correlacionadas con un menor volumen del hipocampo y una mayor gravedad de los síntomas del TDAH. Por el contrario, las dietas antiinflamatorias y ricas en nutrientes parecen favorecer una neurotransmisión más saludable y un comportamiento más equilibrado.

En resumen, la nutrición no es solo combustible, sino información neuroquímica. Lo que come un niño puede influir directamente en la forma en que su cerebro regula la atención, el estado de ánimo y el control de los impulsos.

Microbioma intestinal e inflamación

El eje intestino-cerebro se ha convertido en una de las áreas más intrigantes y de más rápida evolución en la investigación sobre el TDAH. La comunidad microbiana del intestino influye en todo, desde la producción de neurotransmisores hasta la señalización inmunológica, y cuando ese equilibrio se altera, el cerebro a menudo lo percibe. La alteración de la microbiota intestinal puede promover la neuroinflamación, alterar la regulación de neurotransmisores clave como la dopamina y la serotonina y, a su vez, afectar a la atención, el estado de ánimo y el comportamiento.

Un factor ambiental que puede agravar aún más esta conexión es la exposición a colorantes alimentarios artificiales. Una revisión sistemática publicada en Environmental Health encontró que 16 de 25 (64 %) estudios clínicos identificaron alguna evidencia de cambios de comportamiento relacionados con la exposición a colorantes sintéticos. En 13 de ellos (52 %), la asociación fue estadísticamente significativa.

Los colorantes más frecuentemente implicados son el rojo n.º 40, el amarillo n.º 5 (tartrazina) y el amarillo n.º 6, que son comunes en cereales, dulces y bebidas de colores vivos. Los resultados sugieren que, aunque no todos los niños son sensibles a los colorantes alimentarios, un subgrupo significativo puede experimentar un aumento de la hiperactividad, la irritabilidad o problemas de atención después de la exposición.

Es importante destacar que los factores alimentarios e intestinales no son determinantes. Son palancas o influencias que pueden empeorar o mejorar la concentración y el comportamiento en función de la sensibilidad individual del niño. Para algunos niños, abordar la salud intestinal y eliminar los aditivos problemáticos puede suponer una diferencia apreciable; para otros, puede tener poco efecto. La clave es la personalización: reconocer que el intestino y la dieta desempeñan un papel en la historia más amplia e interconectada de la salud cerebral, pero no lo son todo.

Alternativas a la medicación

En los casos leves a moderados de TDAH, cuando los síntomas son tolerables y no causan un deterioro grave, el objetivo no es necesariamente rechazar la medicación, sino optimizar el entorno interno para que la medicación pueda funcionar de forma más eficaz con una dosis más baja o incluso no sea necesaria. Apoyar la salud cerebral a través de la dieta y el estilo de vida a menudo mejora la regulación general y puede reducir la intensidad de los síntomas. A continuación se presentan algunas estrategias básicas:

Eliminar o reducir los colorantes y aditivos artificiales

En el caso de los niños cuyo comportamiento parece empeorar después de comer alimentos procesados o colorantes sintéticos como el rojo n.º 40 y el amarillo n.º 5 o n.º 6, intente eliminar estos ingredientes durante varias semanas mientras observa atentamente su comportamiento. Los padres pueden buscar signos como menos arrebatos emocionales, mejor sueño, mayor concentración o menos inquietud. Estos cambios pueden ser sutiles al principio, pero con el tiempo, muchas familias notan claras diferencias en la atención y la regulación.

Estabilizar el azúcar en sangre

Mantener niveles equilibrados de azúcar en sangre a lo largo del día favorece una energía y una concentración más constantes. Las comidas deben incluir una combinación equilibrada de proteínas, fibra y grasas saludables, que ayudan a ralentizar la absorción de glucosa y a prevenir bajones de energía que pueden imitar los síntomas del TDAH.

Limite las bebidas azucaradas, los aperitivos dulces y los carbohidratos refinados, que pueden provocar picos y descensos bruscos del azúcar en sangre. Para algunos niños, ofrecer pequeñas "minicomidas" o aperitivos a base de proteínas cada pocas horas puede ayudar a mantener estable el estado de ánimo y la concentración entre comidas.

En conjunto, estos pequeños pero específicos cambios pueden crear una base más sólida para el aprendizaje, la concentración y el equilibrio emocional, lo que en ocasiones hace que la medicación sea más eficaz y, en otras, reduce por completo la necesidad de tomarla.

Optimizar los nutrientes

La optimización de los nutrientes es uno de los enfoques más respaldados por la evidencia, pero menos utilizados, para promover la concentración y la regulación emocional en los niños con TDAH. Las pruebas de laboratorio pueden ayudar a identificar deficiencias de hierro, zinc, magnesio, vitamina D, B12 y folato, todos los cuales desempeñan un papel clave en la síntesis de neurotransmisores, el metabolismo energético del cerebro y la regulación de la dopamina. Por ejemplo, la deficiencia de hierro se ha asociado con una alteración de la actividad de la dopamina y un menor volumen cerebral en las regiones relacionadas con la atención, mientras que el zinc y el magnesio son cofactores esenciales en las vías de los neurotransmisores que influyen en el control de los impulsos y la estabilidad del estado de ánimo.
Una revisión sistemática de 2024 informó de pruebas consistentes de que la suplementación con hierro, zinc, magnesio o ácidos grasos omega-3 puede mejorar modestamente los síntomas del TDAH, especialmente cuando se documentan deficiencias. Bajo supervisión médica, la suplementación específica puede ayudar a restablecer el equilibrio metabólico, favorecer la producción de neurotransmisores y, potencialmente, mejorar la respuesta a la medicación.

Favorecer la salud intestinal

Las investigaciones más recientes subrayan el papel del eje intestino-cerebro en la regulación de la atención y el equilibrio emocional. La microbiota intestinal influye en la inflamación, la absorción de nutrientes e incluso la producción de neurotransmisores. Para favorecer la salud intestinal, las familias pueden centrarse en añadir alimentos ricos en prebióticos, como cebollas, ajos, avena y plátanos, que alimentan a las bacterias beneficiosas.

Los probióticos pueden ser útiles, especialmente en niños con problemas digestivos. Algunos estudios sugieren que cepas específicas como Lactobacillus rhamnosus y Bifidobacterium longum pueden ayudar a reducir la hiperactividad y mejorar la regulación emocional.

Al mismo tiempo, minimizar los alimentos procesados, los aditivos artificiales y el exceso de azúcar ayuda a reducir la alteración de la microbiota. Mejorar la diversidad microbiana a través de la dieta y los probióticos podría tener beneficios medibles para los niños con TDAH, aunque los resultados varían según el individuo.

La conclusión clave: el equilibrio intestinal suele ir en paralelo al equilibrio emocional y cognitivo.

Centrarse en el movimiento, el sueño y la regulación del estrés

El movimiento físico, el sueño reparador y el control del estrés constituyen la base conductual del tratamiento del TDAH. Múltiples estudios han demostrado que el ejercicio aeróbico regular, como correr, montar en bicicleta o nadar, mejora la función ejecutiva, la memoria de trabajo y la capacidad de atención al aumentar el flujo sanguíneo y la señalización de la dopamina en el cerebro.

El sueño, a menudo pasado por alto, es igualmente crucial. Incluso una leve privación del sueño puede exacerbar la falta de atención y la desregulación emocional. Fomentar horarios de sueño regulares, limitar el uso de pantallas antes de acostarse y apoyar el ritmo circadiano puede marcar una gran diferencia.

Por último, cada vez hay más pruebas de que la atención plena y la respiración reducen la hiperactividad y mejoran la autorregulación. Las prácticas que calman el sistema nervioso —respiración profunda, yoga, juegos tranquilos, tiempo al aire libre— pueden ayudar a amortiguar la sobreestimulación que el mundo actual, acelerado y saturado de pantallas, suele imponer a las mentes en desarrollo.

En conjunto, estas intervenciones forman una base integradora que complementa los tratamientos tradicionales para el TDAH. Cuando el cerebro y el cuerpo se nutren, descansan y se regulan, la atención y el comportamiento mejoran de forma natural y los medicamentos, si se utilizan, suelen ser más eficaces en dosis más bajas.

Adónde nos pueden llevar los cambios en el estilo de vida

El TDAH no está causado por una mala alimentación. Es una afección compleja y multifactorial con una fuerte base genética y diversas vías biológicas. Factores como la calidad de los alimentos, la salud intestinal y el estado nutricional son palancas modificables; no actúan por sí solos, pero pueden amplificar o amortiguar la expresión de los síntomas. Estos aspectos influyen en la inflamación, el equilibrio de los neurotransmisores e incluso en la eficacia con la que el cerebro responde a la medicación o la terapia.

Si las medidas relacionadas con el estilo de vida no son suficientes por sí solas, la medicación, ya sea estimulante o no estimulante, sigue siendo una herramienta adecuada y, a menudo, eficaz. El objetivo no es evitar por completo los fármacos, sino utilizar la dosis mínima eficaz dentro de un marco de apoyo más amplio. La medicación merece respeto, pero no el monopolio.

La historia de Marcus ilustra lo que han experimentado muchas familias: los cambios en la dieta y el estilo de vida pueden modificar significativamente la intensidad de los síntomas y mejorar la respuesta a la medicación. Aunque se necesitan más ensayos controlados aleatorios, las investigaciones existentes ya respaldan la integración de la nutrición, el movimiento y la optimización del sueño en el tratamiento del TDAH. No se trata de ideas marginales, sino de estrategias basadas en la evidencia que mejoran la regulación, la resiliencia y la calidad de vida.

Para las familias y los médicos, el mensaje es sencillo. Comience con los sistemas fundamentales: alimentación, sueño, ejercicio físico y salud intestinal. Ninguno de ellos por sí solo curará el TDAH, pero juntos fortalecen el marco biológico que favorece la concentración y el equilibrio emocional. En muchos niños, un enfoque integrado puede disminuir la necesidad de medicación, reducir los efectos secundarios y mejorar los resultados a largo plazo de forma sostenible.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de The Epoch Times.


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