Análisis
Las operaciones “Furia Épica” y “Rugido del León” confirman el retorno del realismo clásico como lógica dominante del sistema internacional.
Lejos del “fin de la historia”, el orden liberal enfrenta una reconfiguración marcada por competencia entre grandes potencias, escaladas regionales con impacto sistémico y el riesgo creciente de sobreextensión estratégica de Estados Unidos.
La actual escalada en Oriente Medio no es un episodio aislado, sino un punto de inflexión en la transición del orden pos-Guerra Fría hacia una era de competencia estructural entre potencias revisionistas y defensores del statu quo.
El retorno del realismo clásico
Cuando en 1992 Francis Fukuyama publicó El fin de la historia y el último hombre, el mundo respiraba el optimismo de los escombros del Muro de Berlín. Su tesis no sugería que los eventos dejarían de suceder, sino que la democracia liberal se había alzado como el "punto final de la evolución ideológica de la humanidad". Sin embargo, hoy, mientras el humo de las explosiones en Isfahán y Teherán empaña el cielo de Oriente Medio, la profecía de Fukuyama parece menos un destino y más un paréntesis nostálgico.Los recientes ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos contra infraestructura estratégica iraní, materializados por las operaciones “Furia Épica” (EE. UU.) y “Rugido del León” (Israel), nos han hecho volver a despertar en un mundo que, a pesar de que se esfuerza en recuperar aquellos tiempos de mayor paz y estabilidad, recae en escaladas que nos hacen preguntarnos si la “Tercera Guerra Mundial” está en curso o no.
El accionar coordinado entre las fuerzas estadounidenses e israelíes habría permitido a las primeras actuar sobre sistemas de vigilancia y de defensa antiaérea, además de lanzadores de misiles balísticos; mientras que las IDF (Fuerzas de Defensa de Israel) habrían actuado sobre los objetivos críticos de la conducción política y militar de Irán.
La respuesta iraní no se hizo esperar; sin embargo, ha tenido un elemento curioso. La reacción esperada era, al igual que en el pasado, el ataque, empleando simultáneamente misiles de diferentes características y vehículos no tripulados sobre suelo israelí.
Sin embargo, lo novedoso es que Irán descargó su furia también sobre países del mundo árabe, a saber, impactando objetivos civiles y militares en Catar, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Jordania y Arabia Saudita.
El Comandante del Cuartel General Central Khatam ol-Anbia, el General Ali Abdollahi Ali Abadi, confirmó que estas acciones son una represalia directa por los ataques que han causado más de 200 muertes en suelo iraní el 28 de febrero.
La suerte del ayatolá Alí Jamenei y las principales autoridades políticas y militares iraníes ha generado, además, un colapso en la gobernanza del país persa, poniendo a prueba su resiliencia y capacidades de liderazgo en momentos difíciles.
Este nuevo conflicto en Medio Oriente parece marcar el colapso definitivo del consenso liberal de la posguerra fría. La historia no ha terminado; ha despertado con la ferocidad del realismo clásico.
El tablero de las potencias: escenarios posibles
La escalada actual no es solo un conflicto regional; es el síntoma de una reconfiguración profunda del orden mundial. Como señalara Jim Sciutto en su obra The Return of the Great Powers (2024), hemos abandonado definitivamente el "interregno", entendiendo por este concepto el periodo de 30 años posteriores al fin de la Guerra Fría en el que el mundo vivió bajo una ilusión de estabilidad permanente, un paréntesis excepcional, para entrar en una era de confrontación existencial.Bajo esta concepción, la invasión de Ucrania y la actual crisis en Oriente Medio no son anomalías, sino la prueba de que los "colosos", Rusia, China y un Irán cada vez más alineado con ellos, han decidido desafiar activamente la arquitectura de seguridad liderada por Estados Unidos.
Irán: entre la supervivencia y la revolución 2.0
Irán se encuentra hoy en una encrucijada existencial. Su estrategia de resistencia asimétrica, lejos de debilitarse tras los bombardeos sobre la infraestructura nuclear en junio de 2025, mediante las operaciones “León Naciente” (Israel) y “Martillo de Medianoche” (EE. UU.), pareciera haber cohesionado a los sectores más duros del régimen.Lo anterior se vio reflejado en el control y represión de los levantamientos contra el régimen de los ayatolás a principios de este año.
El escenario futuro para Teherán apunta hacia un aislamiento radical de Occidente, compensado por una dependencia total de la tecnología militar y el soporte económico de los bloques no occidentales, estando por verse la solidez de los lazos con Rusia y China.
Para el régimen de los ayatolás, la supervivencia no depende de la integración económica global, sino de su capacidad para demostrar que el "thymos" (ese deseo de reconocimiento y dignidad, según Fukuyama) puede prevalecer sobre las sanciones económicas.
Israel: camino a la consolidación como “pivote geopolítico”
Israel, por su parte, ha optado por la doctrina de la “victoria total”. Al atacar objetivos dentro de Irán, busca no solo neutralizar la amenaza nuclear, sino consolidar una hegemonía regional indiscutible.Sin embargo, el escenario que se dibuja para el Estado judío es el de una movilización permanente. Esta "guerra de baja y alta intensidad" constante amenaza con erosionar la cohesión social interna y la salud democrática del país, aunque, paradójicamente, lo ancla de manera indisoluble a su alianza estratégica con Washington, convirtiéndose en el bastión avanzado de un Occidente que se siente bajo asedio.
Este rol, que está impulsando a Israel a posicionarse como nuevo “pivote geopolítico” de Oriente Medio, en la concepción de Brzezinski del tablero mundial, le impondrá importantes desafíos geopolíticos en esa zona del globo.
Estados Unidos: entre la oportunidad y el riesgo de alcanzar el liderazgo global
En Estados Unidos, el retorno a un intervencionismo agresivo marca el fin de la era de la "retirada" que caracterizó la década pasada. Si bien Washington busca proyectar fuerza para disuadir a otros adversarios, el escenario futuro es de un alto riesgo de desgaste. Una guerra prolongada en Oriente Medio podría agotar el capital político y financiero necesario para la verdadera competencia del siglo XXI en el Indo-Pacífico. Para el gigante americano, el peligro no es la derrota militar, sino la sobreextensión imperial que Fukuyama nunca previó como el talón de Aquiles de la democracia liberal.Es por esto que el presidente Trump, en su mensaje oficial tras el inicio de la "Operación Furia Épica", ha evitado hablar de una permanencia prolongada o de "construcción de nación" (nation-building), un concepto que ha criticado históricamente. En su lugar, ha hecho un llamado directo a la población iraní, expresando "La hora de su libertad ha llegado", instando a los ciudadanos iraníes a que, una vez que las fuerzas de EE. UU. e Israel terminen sus ataques contra la infraestructura militar, sean ellos quienes "tomen el control de su gobierno".
Por otro lado, ha sugerido que la intervención militar es para "allanar el camino", dejando la responsabilidad de la gobernanza futura en manos de los iraníes, lo que implica una intención de no mantener tropas de ocupación a largo plazo.
Rusia: una nueva oportunidad de reacomodo geopolítico
Rusia observa este incendio con una satisfacción estratégica evidente. Para el Kremlin, cada misil interceptado en el Golfo Pérsico es un recurso menos destinado a Ucrania.El escenario para Moscú es el de un "oportunismo táctico": utilizar la crisis iraní para, por un lado, recuperar la iniciativa en las operaciones en suelo ucraniano, y, por otro, presentarse ante el Sur Global como el proveedor de armas alternativo y el mediador que no impone lecciones morales.
Rusia podría aprovechar el caos en Oriente Medio para forzar una nueva arquitectura de seguridad en Europa, demostrando que la historia no tiene un solo narrador.
China: en la tensa calma del acecho
Finalmente, China juega el papel del observador paciente pero interesado. Su prioridad es la estabilidad de sus suministros energéticos y el éxito de la Ruta de la Seda.El escenario más probable para Beijing es el de una neutralidad pro-iraní, expandiendo su influencia económica en los vacíos que deje la retirada de las empresas occidentales.
China no busca imponer una ideología, sino demostrar que el desarrollo económico puede existir sin el liberalismo político, desafiando el corazón mismo de la tesis de Fukuyama.
Sin embargo, en este juego, su dependencia de los flujos energéticos puede llevar a Beijing a tener que adoptar una línea más dura, por cuanto corre el riesgo de que una disminución en la entrega de estos recursos impacte negativamente en su economía y, con ello, genere una potencial debacle económica de alcance global.
El reinicio de la historia
El escenario para los próximos meses es sombrío. Si Irán decide que la única forma de sobrevivir es cruzar el umbral nuclear, la región entrará en una era de destrucción mutua asegurada.Si EE. UU. e Israel continúan su campaña de atrición, podrían terminar provocando el colapso del sistema financiero global debido a la interrupción de los flujos de energía.
La historia no terminó en 1989. Solo se tomó un respiro.
Lo que vemos hoy es el inicio de un capítulo más violento, donde la democracia liberal ya no es el destino inevitable, sino una opción en disputa.
Pareciera que “El último hombre" está siendo desplazado por el "Hombre histórico", aquel que está dispuesto a sacrificar la paz por una visión del mundo que el liberalismo creía haber superado.
Tres puntos clave
1. El “fin de la historia” fue un paréntesis estratégico, no una condición permanente: el realismo clásico ha regresado como marco dominante de interpretación y acción.2. La escalada entre EE. UU., Israel e Irán tiene implicaciones sistémicas que trascienden la región, afectando la competencia con Rusia y China y tensionando el equilibrio energético global.
3. El mayor riesgo para Estados Unidos no es la derrota militar, sino la sobreextensión estratégica en un momento en que el centro de gravedad geopolítico se desplaza hacia el Indo-Pacífico.
Sobre el autor: El Contraalmirante (R) de la Armada de Chile, Leonardo Quijarro Santibáñez, es miembro sénior del Miami Strategic Intelligence Institute (MSI²), un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría.
Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente la posición de The Epoch Times

















