Brooklyn Rivera Bryan, héroe y mártir

Velas durante una manifestación en la que exigen la dimisión del presidente nicaragüense Daniel Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, en Managua, el 27 de abril de 2018. (INTI OCON/AFP vía Getty Images)

Velas durante una manifestación en la que exigen la dimisión del presidente nicaragüense Daniel Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, en Managua, el 27 de abril de 2018. (INTI OCON/AFP vía Getty Images)

26 de junio de 2026, 5:15 p. m.
| Actualizado el26 de junio de 2026, 5:15 p. m.

Opinión

La muerte de Brooklyn Rivera Bryan reabre la memoria de una de las figuras más emblemáticas de la resistencia indígena y democrática en Nicaragua. Su vida estuvo marcada por la defensa de la autonomía misquita, la confrontación con el sandinismo y una persistente denuncia contra los abusos del poder.

No conocí al señor Brooklyn Rivera Bryan (24 de septiembre de 1952 – 30 de mayo de 2026); no obstante, su muerte me conmovió profundamente, sin sorprenderme, puesto que es el doloroso final de quienes se convierten, gracias a su dedicación patriótica, en iconos de la lucha que han emprendido. Ignoro muchos detalles de su vida, pero escucho y leo sobre Brooklyn Rivera desde los ochenta, tras mi llegada a Venezuela. El totalitarismo castrista siempre lo ignoró, pues era enemigo de uno de sus siervos más fieles, Daniel Ortega. De Rivera solo conozco su lucha contra el sandinismo y su profunda identificación con la etnia misquita.

Rivera, un campesino que asumió el liderazgo de la etnia misquita, estaba predestinado al martirologio. Sus convicciones democráticas lo condujeron a un trágico enfrentamiento con los depredadores más abusivos que ha padecido Nicaragua: Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El arribo de los sandinistas al poder significó su arresto por la tenebrosa Seguridad del Estado, que dirigía en ese entonces Tomás Borge. Excarcelado, se trasladó al territorio misquito, donde organizó la milicia Misurasata, integrada por indios contrarios al sandinismo.

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En la década de los 80, se incorporó a la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), que lideraba Edén Pastora, un movimiento guerrillero contrario al régimen sandinista que comandaban los hermanos Ortega, ambos en proceso de construir una dictadura inspirada en el sistema totalitario impuesto en Cuba por los Castro. Antes de terminar la Guerra Civil, en 1987, las diferentes facciones indígenas que combatían el sandinismo, Misurasata y Kisan, se fundieron en una sola agrupación, el partido de indios nicaragüenses Yatama, asumiendo Rivera su liderazgo y comprometiéndose a garantizar la identidad social y cultural de los indios, manifestando su disposición de dejar las armas si el régimen reconocía plena autonomía a los misquitos, firmando con ese objetivo un acuerdo de paz con el represor Borge.

Concluida la guerra en 1990 y electa presidenta la señora Violeta Chamorro, Rivera sirvió a los suyos ejerciendo como profesor en la Universidad India y Caribeña de Bluefields y participando activamente en la Fundación Iberoamericana de Pueblos Indígenas, con sede en La Paz, Bolivia. También ocupó el cargo de ministro para el desarrollo de las regiones autónomas, un puesto responsable del desarrollo de la costa del Caribe nicaragüense.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (a la derecha), acompañado por su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, se dirige a sus seguidores durante la "Marcha por la Seguridad y la Paz", convocada por el gobierno, celebrada en Managua el 7 de julio de 2018. Al menos 230 personas perdieron la vida en Nicaragua en las protestas en abril de ese año contra las reformas de la Seguridad Social, ahora retiradas, y que, debido a la dura reacción policial, se transformaron en reivindicaciones de justicia para los fallecidos y en demandas de la salida de Ortega y Murillo. (INTI OCON/AFP vía Getty Images)El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (a la derecha), acompañado por su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, se dirige a sus seguidores durante la "Marcha por la Seguridad y la Paz", convocada por el gobierno, celebrada en Managua el 7 de julio de 2018. Al menos 230 personas perdieron la vida en Nicaragua en las protestas en abril de ese año contra las reformas de la Seguridad Social, ahora retiradas, y que, debido a la dura reacción policial, se transformaron en reivindicaciones de justicia para los fallecidos y en demandas de la salida de Ortega y Murillo. (INTI OCON/AFP vía Getty Images)
Un grupo de personas exhibe una bandera nacional nicaragüense mientras los líderes de los manifestantes antigubernamentales —entre los que se incluyen grupos vecinales, estudiantiles y campesinos— ofrecen una rueda de prensa para denunciar el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía y los paramilitares en la represión ejercida contra ellos durante protestas contra el presidente nicaragüense Daniel Ortega, que saldaron más de 200 muertos, en Managua, el 27 de junio de 2018. (MARVIN RECINOS/AFP vía Getty Images)Un grupo de personas exhibe una bandera nacional nicaragüense mientras los líderes de los manifestantes antigubernamentales —entre los que se incluyen grupos vecinales, estudiantiles y campesinos— ofrecen una rueda de prensa para denunciar el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía y los paramilitares en la represión ejercida contra ellos durante protestas contra el presidente nicaragüense Daniel Ortega, que saldaron más de 200 muertos, en Managua, el 27 de junio de 2018. (MARVIN RECINOS/AFP vía Getty Images)

En 2002, suscribió un acuerdo de cooperación con sus antiguos enemigos del FSLN, en nombre de YATAMA, acción que causó que un grupo de veteranos antisandinistas lo acusara de traidor.

Su alianza con el FSLN lo llevó nuevamente como diputado a la Asamblea Nacional, ocupándose del desarrollo socioeconómico de las regiones indias, la educación y la ecología, una constante en su vida.

La coalición entre Yatama y el FSLN fue problemática. Al parecer, Rivera se percató de que había sido muy ingenuo al creer que era posible convivir con quienes nunca habían dejado de ser autócratas.

En el 2015, los miembros del FSLN en la Asamblea de Diputados asumieron que el líder indígena era contrario a sus propósitos y lo despojaron de la inmunidad parlamentaria para acusarlo de provocar actos de violencia y otras irregularidades.

Rivera, a pesar de las presiones y del conocimiento de los crímenes que era capaz de cometer la familia presidencial, no se rindió, no pactó; en cuanto le fue posible, denunció ante las Naciones Unidas los pillajes del régimen sandinista, lo que motivó que le prohibieran el retorno a su país, represión que motivó su retorno clandestino a través de la frontera con Honduras.

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Las dictaduras tampoco descansan y quieren perpetuarse, así que la represión es continua y constante. Brooklyn Rivera fue secuestrado por mandato de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Desapareció por 971 días, casi tres años, hasta morir en prisión, como ha sucedido con al menos otros siete prisioneros políticos desde 2018 a la fecha, sucesos que deberían llamar la atención de los organismos internacionales especializados en temas relacionados con los derechos humanos.

El secuestro de Brooklyn Rivera debió haber alertado la vigilancia de todos nosotros. Fue arrestado y desaparecido, condición previa al asesinato. Es una práctica habitual del castrochavismo: hacen desaparecer a sus enemigos para facilitar el olvido.

El crimen contra este notable defensor de la libertad es muy lamentable. El castrochavismo, en todos los países que ha gobernado, ha generado muchos mártires, pero como escribiera José Martí: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”. Y Brooklyn Rivera cumplió esa tarea.

Conclusión

Brooklyn Rivera no fue solo un líder indígena, sino un símbolo de resistencia frente a la opresión. Su muerte en cautiverio confirma la naturaleza represiva del régimen que combatió y sella su lugar entre los mártires de la libertad en América Latina.

Autor

Pedro Corzo es un historiador, ensayista, periodista e intelectual público cubano especializado en historia política de Cuba y América Latina, con una trayectoria profesional de varias décadas en investigación, medios de comunicación y producción documental. Es colaborador habitual de importantes medios en español como El Nuevo Herald, La Prensa, El Mundo y Montonero, así como de múltiples plataformas digitales enfocadas en análisis político y memoria histórica. Corzo es conductor del programa Opiniones en WLRN Canal 17, donde lidera debates y conversaciones en profundidad sobre temas políticos y sociales contemporáneos. Ha producido 16 documentales históricos, entre ellos Zapata, Boitel vive, Los sin derechos, Muriendo a plazos y Las torturas de Castro, muchos de los cuales abordan la represión política, el exilio y la resistencia. Es autor de 23 libros, entre ellos Guevara: Anatomía de un mito, El espionaje cubano en Estados Unidos y La República que perdimos, y actualmente se desempeña como vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio y del PEN Club Cubano en el Exilio.

El Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, es un grupo de expertos no partidista especializado en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. 

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de The Epoch Times


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