¿El colesterol alto es realmente malo? Depende

La relación entre el colesterol y las enfermedades cardíacas es más compleja de lo que se suele creer

Imagen de colesterol en la sangre. (Anusorn Nakdee/Shutterstock).

Imagen de colesterol en la sangre. (Anusorn Nakdee/Shutterstock).

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8 de abril de 2026, 3:14 p. m.
| Actualizado el8 de abril de 2026, 3:14 p. m.

Cuando le dicen que tiene el colesterol alto, suele sonar como una sentencia: o empieza a tomar estatinas o se arriesga a sufrir un ataque al corazón o un derrame cerebral.

Sin embargo, estudios recientes muestran que el colesterol alto no es tan perjudicial como se creía. No obstante, en las redes sociales el mensaje se ha desviado drásticamente, con afirmaciones que van desde "el colesterol alto podría salvarle la vida" hasta "el colesterol alto es el secreto para vivir más de 100 años".

Entonces, ¿el colesterol alto es realmente "bueno" o "malo"?

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La realidad es más compleja de lo que sugieren ambos extremos. La pregunta más útil quizás no sea si el colesterol alto es perjudicial, sino cuándo y en quién realmente representa un riesgo.

La "paradoja de los lípidos"

Algunos influencers de la salud en las redes sociales han dado un giro a la percepción del colesterol, promoviéndolo como una clave para la longevidad en lugar de algo que deba reducirse con un tratamiento agresivo.

Gran parte de este debate en internet se basa en investigaciones reales. Un estudio sueco de 2023 siguió a participantes mayores durante 35 años y descubrió que aquellos con niveles más altos de colesterol total tenían más probabilidades de vivir hasta los 100 años. En otro estudio de 2025 , los investigadores hallaron que los adultos de 90 años o más con niveles de colesterol LDL o colesterol "malo" por encima de 130 mg/dL vivían más tiempo que aquellos con niveles más bajos, a pesar de que la Asociación Americana del Corazón considera como un nivel óptimo estar por debajo de 100 mg/dL.

Sin embargo, un estudio de 2023, que analizó datos de más de 4 millones de veteranos mayores de 18 años, planteó una importante advertencia. Las mayores tasas de mortalidad por cardiopatía coronaria entre los participantes mayores con niveles bajos de colesterol parecían reflejar lo que los investigadores denominaron "causalidad inversa", un fenómeno en el que los datos parecen indicar que A causa B, cuando en realidad es B quien causa A. En otras palabras, una enfermedad subyacente grave puede reducir el colesterol, y no al revés.

Los investigadores denominaron a esto la "paradoja del colesterol" o "paradoja lipídica": la observación contraintuitiva de que los niveles bajos de colesterol LDL y colesterol total se asocian inesperadamente con peores resultados de salud en los estudios.

"Mi preocupación con la hipótesis actual de la "paradoja lipídica" es que también se sabe que los niveles muy bajos de colesterol en personas mayores (especialmente mayores de 80 años) suelen ser un indicador de enfermedades crónicas subyacentes como el cáncer", dijo a The Epoch Times el Dr. Marschall Runge, cardiólogo y exvicepresidente ejecutivo de asuntos médicos de la Universidad de Michigan. "Los estudios publicados que respaldan la "paradoja lipídica" no tuvieron en cuenta estas variables".

"En pocas palabras, el colesterol bajo suele reflejar enfermedades subyacentes, fragilidad, desnutrición o enfermedades crónicas que aumentan de forma independiente el riesgo de mortalidad", expplicó el Dr. Eddie Hackler, cardiólogo de Atlanta, a The Epoch Times. En otras palabras, un colesterol más alto en adultos mayores podría significar que no padecen enfermedades o que están bien nutridos, factores que reducen de forma independiente el riesgo de muerte. Esto podría explicar la asociación entre el colesterol alto y la longevidad observada en los estudios realizados entre participantes de mayor edad.

Sin embargo, Runge señaló que no hay evidencia que descarte la constatación de que el colesterol alto aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas en la población general. "Para la gran mayoría de los adultos (jóvenes y de mediana edad), el colesterol LDL alto sigue siendo un factor determinante de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica, y la reducción del colesterol LDL salva vidas".

Cuestionando la narrativa del colesterol

El debate sobre el colesterol va más allá de la ciencia. La historia también influye.

El colesterol se convirtió en el "villano" de la dieta en 1953, cuando el fisiólogo Ancel Keys introdujo la hipótesis de la relación entre los lípidos y el corazón: la idea de que un alto consumo de grasas totales, grasas saturadas y colesterol dietético conduce a la aterosclerosis (endurecimiento de las arterias). Keys argumentó que reducir las grasas y el colesterol, y reemplazar las grasas saturadas presentes en los productos de origen animal con grasas poliinsaturadas provenientes de aceites vegetales y pescados grasos, podría disminuir el colesterol y el riesgo de enfermedades cardíacas.

Esto dio lugar a una recomendación dietética de la Asociación Estadounidense del Corazón en 1968, en la que se aconsejaba a las personas consumir menos de 300 miligramos de colesterol dietético al día y no comer más de tres huevos enteros a la semana, ya que los huevos son una fuente dietética importante de colesterol.

Sin embargo, estudios posteriores complicaron este panorama. Si bien tener el colesterol alto aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas, algunos estudios clínicos descubrieron que reemplazar las grasas saturadas por grasas poliinsaturadas no redujo la mortalidad por enfermedades cardíacas y, en algunos casos, las tasas de mortalidad aumentaron.

Además, los estudios han demostrado que, para la mayoría de las personas, consumir colesterol en la dieta (como el que se encuentra en los huevos) no eleva significativamente el colesterol en sangre ni afecta de manera relevante el riesgo de padecer enfermedades cardíacas.

La preocupación por la participación de la industria farmacéutica en la lucha contra el colesterol también ha generado escepticismo . Las estatinas, medicamentos para reducir el colesterol, se popularizaron a finales de la década de 1990 y se convirtieron en un mercado lucrativo. Según un informe de 2022, se prevé que el mercado mundial de estatinas alcance los 15,200 MDD en 2027.

Las estatinas se suelen utilizar en personas con niveles de LDL de 190 mg/dL o superiores, o de 70 a 189 mg/dL en pacientes con diabetes o riesgo cardiovascular elevado. Sin embargo, conllevan efectos secundarios, lo que plantea dudas sobre si los beneficios superan los riesgos para todos los pacientes.

¿Qué hace realmente el colesterol en el cuerpo?

A pesar de su reputación, el colesterol no es intrínsecamente dañino; es esencial para la salud y la vitalidad.

Según Runge, el colesterol es un componente estructural de todas las células del cuerpo y ayuda a preservar la integridad de la membrana celular. Además, beneficia la función cerebral. "El cerebro contiene aproximadamente el 25 % del colesterol del cuerpo, que es fundamental para la formación de sinapsis y la transmisión de señales nerviosas".

El colesterol también es un componente básico de todas las hormonas esteroides, como el cortisol, la aldosterona, el estrógeno, la progesterona y la testosterona. Ayuda al cuerpo a producir vitamina D durante la exposición al sol y es necesario para que el hígado produzca ácidos biliares, esenciales para digerir las grasas y absorber vitaminas liposolubles como la A, D, E y K. "Basta con decir que las personas que nacen con niveles muy bajos de colesterol pueden padecer diversos trastornos debilitantes", explicó Runge.

A pesar de los beneficios del colesterol, los niveles elevados pueden provocar la acumulación de placa en las venas y arterias. Sin embargo, es un error común pensar que la acumulación de colesterol obstruye las arterias como la grasa se acumula en un desagüe. En realidad, el colesterol alto estimula la inflamación en las paredes arteriales, lo que conduce a la formación de placa, señaló.

La inflamación o el daño preexistente en las paredes arteriales también contribuyen a la acumulación de placa.

Las partículas de LDL, que transportan colesterol, circulan por la sangre. Si hay demasiadas partículas, o si la pared arterial está dañada por el tabaquismo, la hipertensión u otras afecciones, las partículas de LDL pueden penetrar y quedar atrapadas en el revestimiento interno de la arteria, explicó Runge. Una vez atrapadas, las partículas de LDL se oxidan, un proceso químico que desencadena una respuesta inmunológica.

El cuerpo percibe estas partículas de LDL oxidadas como invasores extraños. El sistema inmunológico envía entonces macrófagos (glóbulos blancos) para que las ingieran. "Los macrófagos se atiborran de colesterol hasta convertirse en "células espumosas" cargadas de grasa", explicó Runge. "Estas células espumosas mueren y se acumulan, formando una estría grasa. Las células del músculo liso migran para cubrir esta estría, formando una capa fibrosa. Esta acumulación es la placa".

A medida que se acumula la placa, puede estrechar la arteria y reducir o bloquear el flujo sanguíneo, lo que puede provocar un derrame cerebral o un infarto. Si la placa se vuelve inestable y se rompe, puede desencadenar la formación de coágulos sanguíneos que obstruyen una arteria y causan un infarto o un derrame cerebral.

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Las investigaciones sugieren que las estatinas pueden ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas porque disminuyen la inflamación, además de reducir el colesterol, lo que puede ayudar a disminuir la formación de placa.

¿Quiénes corren mayor riesgo?

Si bien el colesterol alto puede ser un factor determinante de las enfermedades cardíacas en cualquier persona, Runge señaló que las personas con afecciones de salud específicas deberían preocuparse especialmente por controlar su colesterol, en concreto el LDL-C y la apolipoproteína B, un componente proteico principal de las partículas de colesterol dañinas que provoca la acumulación de placa en las arterias.

El colesterol alto supone un mayor riesgo para quienes ya han sufrido un infarto, un derrame cerebral o han sido diagnosticados con enfermedad arterial periférica. También es más preocupante para quienes padecen diabetes tipo 1 o tipo 2 o hipertensión arterial, ya que estas afecciones pueden dañar los vasos sanguíneos y el revestimiento interno de las arterias, haciéndolas más propensas a la formación de placa.

Además, la enfermedad renal crónica puede provocar anomalías lipídicas específicas y aumentar el riesgo cardiovascular.

La hipercolesterolemia familiar, una afección hereditaria que provoca niveles extremadamente altos de colesterol LDL debido a mutaciones genéticas, es un factor de riesgo menos común pero significativo para las enfermedades cardíacas y la muerte relacionada con ellas, afirmó Runge. Los pacientes con esta afección deben comenzar el tratamiento para reducir el colesterol a una edad temprana, antes de que el daño arterial haya progresado.

Las personas con niveles elevados de lipoproteína(a), una forma de colesterol que se hereda genéticamente, constituyen otro grupo con mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas, especialmente si también tienen niveles elevados de colesterol total.

Según Hackler, un riesgo elevado de enfermedad cardiovascular aterosclerótica a 10 años es otro factor importante. Los médicos pueden determinar el riesgo de una persona a 10 y 30 años utilizando herramientas como la calculadora PREVENT (Predicting Risk of Cardiovascular Disease EVENTs) de la Asociación Americana del Corazón .

Las personas con enfermedades autoinmunes tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas en general, y el colesterol alto agrava este riesgo. Por ejemplo, las personas con lupus tienen un 50 % más de riesgo de sufrir enfermedades cardíacas que quienes no padecen esta afección. Esto se debe a la inflamación crónica relacionada con la enfermedad, la acumulación acelerada de placa en las arterias, el daño al revestimiento interno de los vasos sanguíneos y la presencia de anticuerpos específicos que aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, según sugieren los estudios .

Fumar también aumenta el riesgo, ya que las sustancias químicas del humo del tabaco pueden reducir el colesterol HDL, o colesterol "bueno", y dañar el revestimiento interno de los vasos sanguíneos, lo que provoca la acumulación de placa, explicó Runge.

Dado que los riesgos relacionados con el colesterol varían mucho de una persona a otra, las recomendaciones médicas siguen evolucionando. Lo que no cambia es la importancia de prestar atención a sus valores, ya sean altos o inusualmente bajos, y utilizarlos como punto de partida para una conversación sincera sobre el estilo de vida y la salud cardiovascular.


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