Según un nuevo estudio publicado el 2 de marzo por la revista Journal of the American Medical Association, cada vez son más los adolescentes de Estados Unidos que duermen pocas horas cada noche.
Al analizar los datos de la Encuesta sobre Conductas de Riesgo en los Jóvenes, los investigadores descubrieron que, entre los estudiantes de secundaria estadounidenses, son cada vez más los que afirman dormir cinco horas o menos.
El porcentaje de personas que duermen tan poco aumentó del 15.8 % en 2007 al 23 % en 2023, según indicaron Taeho Greg Rhee, profesor asociado de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Yale, y sus coautores.
Esa fue la razón por la que un mayor número de estudiantes declaró no dormir lo suficiente —el 76.8 %— en 2023, en comparación con el 68.9 % de 2007.
Los investigadores consideraron insuficiente cualquier número de horas de sueño inferior a ocho por noche.
Analizaron los datos de 120,950 estudiantes.
El porcentaje de estudiantes que declaraban dormir seis o siete horas cada noche se mantuvo prácticamente igual, mientras que disminuyó el número de estudiantes que afirmaban dormir ocho o más horas por noche.
“Estos resultados muestran un aumento generalizado de la falta de sueño en todos los grupos demográficos, impulsado en gran medida por el incremento de los casos de sueño muy breve”, señalaron los autores.
Las mujeres eran ligeramente más propensas a sufrir falta de sueño. Los estudiantes de último curso eran mucho más propensos a dormir menos que los de primer curso.
Los estudiantes que indicaban haber dormido menos horas eran más propensos a declarar que experimentaban síntomas de depresión y/o pensamientos suicidas, y a pasar horas durante el día en las redes sociales y jugando a videojuegos.
Entre las limitaciones del estudio se encuentra la falta de algunos factores que podrían contribuir a ello, como los conflictos familiares, según señalaron los investigadores. Estos declararon no tener ningún conflicto de intereses.
Rhee y sus coautores afirmaron que estas tendencias ponen de relieve la necesidad de respuestas a nivel poblacional, como retrasar la hora de inicio de las clases.
Randi Bates, colaboradora editorial de la revista, y su subdirectora, la Dra. Tracy Lieu, afirmaron en un comentario que ajustar los horarios de inicio de las clases podría ayudar a abordar el problema. También sugirieron que los adolescentes eviten el uso de pantallas durante las dos horas previas a acostarse.
Otro estudio publicado en febrero en la revista *Journal of Adolescent Health*, en el que participaron cientos de estudiantes, reveló que retrasar la hora de inicio de las clases se asociaba con que los estudiantes se despertaran más tarde y durmieran más horas los días lectivos.
“Cuando se les ofreció la opción de empezar las clases más tarde, los estudiantes la aceptaron, lo que se tradujo en mejoras cuantificables en el sueño, la salud y los resultados académicos”, escribieron los investigadores responsables de ese artículo, con sede en Suiza. “Por lo tanto, los horarios escolares flexibles pueden ofrecer una forma eficaz de abordar los déficits de sueño en los adolescentes.”
Entre las limitaciones señaladas se encontraba el rango de edad limitado del estudio, principalmente de 13 a 15 años. Los autores no declararon ningún conflicto de intereses.














