La lucha del pueblo iraní, entre la yihad global y los conflictos intercontinentales de las grandes potencias

Manifestantes sostienen banderas iraníes anteriores a la Revolución Islámica de 1979 y un retrato del antiguo sha de Irán, Mohammad Reza Pahlavi, y su viuda, Farah Pahlavi, durante una manifestación en apoyo al pueblo iraní en La Haya, el 31 de enero de 2026. (Phil Nijhuis / diversas fuentes / AFP a través de Getty Images)

Manifestantes sostienen banderas iraníes anteriores a la Revolución Islámica de 1979 y un retrato del antiguo sha de Irán, Mohammad Reza Pahlavi, y su viuda, Farah Pahlavi, durante una manifestación en apoyo al pueblo iraní en La Haya, el 31 de enero de 2026. (Phil Nijhuis / diversas fuentes / AFP a través de Getty Images)

6 de febrero de 2026, 6:18 p. m.
| Actualizado el6 de febrero de 2026, 6:19 p. m.

Opinión

En Irán se está librando una lucha decisiva para el destino de la humanidad… La caída del régimen de los ayatolás y su revolución islámica constituirían un revés de gran importancia estratégica para contener y derrotar el espíritu de yihad que está en auge renovado en la Umma islamiya y la Umma arabiya, desde la caída de Irán, esa nación histórica y poderosa, en manos de una tenebrosa revolución teocrática en 1978.

Esa revolución fue, como explica Octavio Paz en Tiempo nublado, una expresión reactiva de "la revuelta de los particularísimos", frente a la Revolución Blanca del Sha Reza Pahlevi que estaba empeñada en una modernización y occidentalización a marcha forzada, que golpeó las bases económicas de la estructura religiosa del shiismo, que es jerárquica y cultiva desde su origen la mística del martirologio.

Además, ese acontecimiento estuvo determinado en buena medida por los efectos disruptivos que provocaron las sobreganancias petroleras a partir de 1973. El Sha de Irán estuvo de acuerdo con la política de precios incrementados de la OPEP, pero no se sumó al embargo de los países árabes a EE. UU. y Europa, lo que provocaba escozor entre sus vecinos.

No obstante, se ha considerado que la posición errática, ilusa, miope del presidente Carter y su equipo contribuyó a la caída de su mayor aliado en el país de Las Mil y Una Noches, que contribuía junto a Israel al equilibrio regional. El embajador de EE. UU. en la ONU, Andrew Young, hasta llegó a exaltar al Gran Ayatolá como la expresión "más alta de humanismo" en la región, desconociendo quién era en realidad el mayor enemigo de su nación, a la que denominó el Gran Satán.

Muy pronto se verían a las tropas de EE. UU. y Francia huyendo del Líbano tras unos atentados devastadores cometidos por unos shahids con el espíritu de un Hezbolá incipiente, mientras Arafat y la OLP exultantes visitaban Teherán para tejer una fuerte alianza, que después profundizó el liderazgo de Hamás dentro de la estrategia de cerco del Eje de la Resistencia.

En el resto del mundo no se apreció bien lo que significó que el ayatolá Jomeini y sus fieles integristas tomaran el poder y humillaran a los EE. UU. Los mismos líderes estadounidenses, primero, por cálculos electorales, y luego, luchando contra los soviéticos, no columbraron el fenómeno peligroso que estaban contribuyendo a crear y fortalecer. Y más cuando atizaron la mortífera guerra entre Irak e Irán en la que surgieron los Guardianes de la Revolución Islámica en Irán.

Primero, Zbigniew Brzezinski no quiso presionar en esa coyuntura a Irán con acciones de represalia para no favorecer los planes de la URSS en la región; y luego, la administración Reagan se negó a pactar con los soviéticos una acción conjunta para contener el fundamentalismo islamista: la prioridad de EE. UU. era convertir a Afganistán en el Vietnam ruso, lo que consiguió ampliamente al cabo de una década.

Eso explica en el origen por qué el espíritu de yihad global, que fue encendido por la revolución iraní, se fue reforzando, casi simultáneamente, con la lucha triunfal de los mujahidines y talibanes en Afganistán, primero contra los soviéticos y luego contra los propios EE. UU. y la OTAN, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, urdidos por Al Queda, organización protegida de los talibanes, que en realidad no estaban del todo unificados en relación a la agresión en territorio norteamericano. Ya antes, en el último decenio del siglo XX, fue notorio el impacto del espíritu de la yihad en las guerras de Chechenia y, posteriormente, en el conflicto de Kosovo.

Lo que más sorprende es que a lo largo de la dilatada guerra que sobrevino después en Afganistán (2001/22), "estos guerreros de la libertad", contaron siempre con el respaldo y la takiya del ISI, el insidioso servicio de inteligencia de un Pakistán aliado histórico de China, que, actualmente, es el mejor aliado de Irán, mientras el régimen de Kameini ejecuta en todo su territorio una matanza de opositores, que supera la cometida en Tiananmén, Beijing, en 1989. Desde luego, hay que entender que China procura ante todo el suministro seguro de sus hidrocarburos.

Obama, el "apaciguador" de Irán, justificando su premio Nobel.

Sin embargo, más sorprendente resulta que desde la elección de Barack Hussein Obama, fueron los EE. UU. los que emprendieron acciones que estimularon aún más el empuje de la yihad en el mundo: en Egipto tomó el gobierno por vía electoral y con amplia mayoría, Mohamed Morsi, líder supremo de la poderosa Hermandad Musulmana, que fue depuesto por un golpe militar que nadie en el mundo cuestionó.

También se incendiaba el Magreb y el Sahel con la eliminación de Gaddafi y la guerra civil tribal de Libia, a la vez que estallaba Siria.

Mientras tanto, simultáneamente se le otorgaban a Irán, en el 2015, espléndidas ganancias en la mesa de negociaciones de Ginebra: el levantamiento de las sanciones, la oportunidad de avanzar en sus programas de armas avanzadas, incluyendo el enriquecimiento de uranio para fines de su programa nuclear más allá de los usos civiles, y la devolución de una enorme cantidad de recursos económicos que le habían sido retenidos.

También, previo a ese desafortunado acuerdo, llamado Plan de Acción Integral Conjunto, se apañó a su entrañable socio de Hezbolá y a sus cómplices en América Latina, bloqueando el desenlace de la Operación Casandra, ejecutada por la DEA para desmantelar redes del narcotráfico, del lavado y del financiamiento al terrorismo. En ningún caso se podía afectar la firma del Pacto Nuclear, que afortunadamente fue denunciado por el presidente Trump en su primera gestión.

La Guerra de los 12 Días… está por reanudarse pronto, y es seguro que los iraníes están preparando su venganza, como prepararon pacientemente el ataque a Israel el 7 de octubre. Más cuando es ostensible que el presidente Trump está decidido a decapitar el régimen de los ayatolás y sus guardianes.

América Latina y el Caribe son quizás las regiones del mundo desde las que más fácilmente se puede ejecutar esa venganza o represalia, empleando métodos terroristas muy sofisticados por su Guardia Revolucionaria y su aliado Hezbolá, con una acción desestabilizadora de envergadura. En ese contexto, los vínculos estrechos y profundos con el régimen agonizante de la Revolución del Socialismo del Siglo XXI en la región en Venezuela son todavía de cuidado.

No debemos olvidar, que si se reanudara la Guerra de los 12 Días, y se escala a mayores, dentro del actual escenario de guerra global híbrida, el riesgo de que el estrecho de Ormuz y todas las instalaciones de extracción, procesamiento y almacenamiento de petróleo y gas del Golfo Pérsico sean blancos de ataques arrasadores sería muy alto, lo que tendría un impacto en la economía global, y particularmente, en la región Asia Pacífico e Indo Pacífico, ya que son muy dependientes del petróleo importado.

Por eso, el aseguramiento de Venezuela y las Guyanas, así como la región de Alberta en Canadá, por sus enormes reservas hidrocarburíferas, responde a un interés estratégico mayor en este momento tan crítico como decisivo de la historia universal.

El Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami es un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de The Epoch Times.


Cómo puede usted ayudarnos a seguir informando

¿Por qué necesitamos su ayuda para financiar nuestra cobertura informativa en Estados Unidos y en todo el mundo? Porque somos una organización de noticias independiente, libre de la influencia de cualquier gobierno, corporación o partido político. Desde el día que empezamos, hemos enfrentado presiones para silenciarnos, sobre todo del Partido Comunista Chino. Pero no nos doblegaremos. Dependemos de su generosa contribución para seguir ejerciendo un periodismo tradicional. Juntos, podemos seguir difundiendo la verdad, en el botón a continuación podrá hacer una donación:

Síganos en Facebook para informarse al instante

Comentarios (0)

Nuestra comunidad prospera gracias a un diálogo respetuoso, por lo que te pedimos amablemente que sigas nuestras pautas al compartir tus pensamientos, comentarios y experiencia. Esto incluye no realizar ataques personales, ni usar blasfemias o lenguaje despectivo. Aunque fomentamos la discusión, los comentarios no están habilitados en todas las historias, para ayudar a nuestro equipo comunitario a gestionar el alto volumen de respuestas.

TE RECOMENDAMOS
ÚLTIMAS NOTICIAS