El caso Epstein y la izquierda woke

Un grupo de protesta sostiene carteles de Jeffrey Epstein frente al tribunal federal el 8 de julio de 2019 en la ciudad de Nueva York. Epstein fue acusado de delito de tráfico sexual de menores y otro de conspiración para participar en el tráfico sexual de menores. (Stephanie Keith/Getty Images)

Un grupo de protesta sostiene carteles de Jeffrey Epstein frente al tribunal federal el 8 de julio de 2019 en la ciudad de Nueva York. Epstein fue acusado de delito de tráfico sexual de menores y otro de conspiración para participar en el tráfico sexual de menores. (Stephanie Keith/Getty Images)

10 de febrero de 2026, 4:10 p. m.
| Actualizado el10 de febrero de 2026, 4:10 p. m.

Opinión

Por instrucciones del gobierno de Estados Unidos, el FBI ha hecho públicos los archivos digitales de Jeffrey Epstein, los cuales han formado parte de la investigación y juicio frustrado contra uno de los mayores criminales de la historia contemporánea, quien se suicidara en su celda aumentando las inevitables especulaciones.

Se dice que existen también grabaciones naturalmente imposibles de difundirse por la gravedad de sus contenidos. Esto ha desatado más intensidad en los rumores que acompañan al caso.

Se ha revivido así un escándalo que compromete a una gran parte de la élite occidental. Esto sucede por la amplitud de la red de alto nivel en la que se movía Epstein.

Este escándalo ha traído consigo inevitables cuestionamientos y también rumores, morbo o campañas que quieren aprovechar con nubes de humo estos hechos, para beneficio de agendas políticas muy específicas.

Por ejemplo, Vladimir Putin ha podido señalar a toda la élite occidental como la encarnación de la más profunda decadencia. Sus propios actos, como la invasión de Ucrania o la represión de la disidencia interna, no tienen ya eco entonces ante el pudridero revelado.

Sin embargo, es necesario un enfoque más objetivo, porque lo revelado en torno al caso Epstein debe servir para que prevalezca la verdad y también haya un sacudimiento del contexto que se quiere ocultar: el impacto de este caso en lo que se refiere a la ideología impuesta en Occidente por actores vinculados a Epstein y, por tanto de una manera u otra, a sus crímenes.

Y es que el caso Epstein no solo es un tema en torno de las implicaciones de las élites occidentales o de la necesidad de justicia si se piensa en las víctimas inocentes, sino también debe poner en el estrado de los acusados a la ideología que hasta ahora se oculta como uno de los frutos venenosos que, por los responsables vinculados al caso Epstein, forma inevitablemente parte del mismo.

Jeffrey Epstein trabajaba para la familia Rothschild según acreditó ya The Financial Times, demostrando que la relación era estrecha en el ámbito financiero.

La familia Rothschild auspicia también a Georges Soros, el principal promotor de la izquierda woke en el mundo occidental. Su libro: "La sociedad abierta" propone precisamente abolir fronteras entre países, fronteras financieras, fronteras biológicas, fronteras políticas.

Su inspiración en "La sociedad abierta" de Karl R. Popper lleva al extremo el liberalismo, liberalismo nihilista le llamo, que odia la herencia clásica desde Platón, el cristianismo helenizado, la civilización, la idea de Estado, el arte hasta los principios morales, la familia tradicional, las religiones, la espiritualidad, la herencia cultural histórica, la diferenciacion hombre-mujer

Lo "woke", es decir, lo "abierto" ha tenido impacto en lo lingüístico, educativo, político y financiero contribuyendo a "la decadencia de Occidente". El marxismo, fracasado en el mundo, se revitalizó como un marxismo posmoderno con sus pretensiones de derrumbar la civilización tradicional mediante una "revolución cultural" que acabe con jerarquías, valores, sistemas, barreras morales, identidades y culturas, en un batidillo amorfo y nihilista.

La fórmula con la que se ha emprendido esta labor de destrucción ha sido: el comunista Gramsci más el financiero de izquierda Soros y entonces la profecía de Oswaldo Spengler: "La decadencia de Occidente" se cumple así de manera plena.

Se impuso en Occidente la migración desordenada en lugar de impulsar los empleos justos y el crecimiento económico compartido; pero lo peor ha sido el derrumbe de los valores tradicionales y la imposición de supremacías disfrazadas, una de ellas ha sido la cultura LGBT+ y la reivindicación del aborto, una tragedia humana, convertida en un derecho positivo digno de celebración.

Hay una promoción disfrazada de la pedofilia, escondida en la defensa de los derechos LGBTT+. Es una dura afirmación la mía, pero probada por la realidad.

Un ejemplo de esto se encuentra en los propios archivos de Epstein, referidos a los contactos de financiadores del movimiento LGBTT+ internacional con este criminal.

Centrados en la promoción de la ideología de género, específicamente en su aspecto transgénero. Al fin financieros, ven emerger también la industria transgénero derivada de la sexualización artificial de la infancia, usando medicamentos y cirugías.

Matt Walsh, del medio conservador "The Daily Wire" ha revelado esta información concreta. Por ejemplo, el multimillonario Tom Pritzker —financiador internacional de esta agenda—, le comenta a Epstein en varios correos acerca del crecimiento del movimiento LGBTT+ como cobertura de la ideología transgénero.

Por su parte, Roberto Trivers, pionero de la ideología de género y famoso biólogo evolutivo, le comenta también a Epstein acerca de terroríficos avances en experimentos transgenéricos. Pero no olvida el aspecto cultural en la promoción de la ideología transgénero como supuesto derecho humano con la cobertura del movimiento LGBTT+ y sus aliados políticos de izquierda.

Jess Ting le agradece a Epstein el financiamiento de un video de promoción de la ideología transgénero. También le informa acerca de que ya tiene un empleo en un lugar "progresista" como el Centro Mount Sinaí donde puede llevar a cabo cirugías en ese sentido.

Recientemente en México Morena, el partido oficial, intentó se promulgara en Jalisco una ley para favorecer en los niños el cambio de género. Se pudo evitar gracias a una inesperada y férrea oposición de Movimiento Ciudadano, que gobierna en el estado, la cual tuvo el apoyo de los partidos opositores PAN y PRI, a pesar de la tibieza que han tenido antes en relación con este tema, desde adoptar el llamado "lenguaje inclusivo" hasta apoyar la agenda LGBTT+ y a una candidata presidencial "progre" y promotora del aborto, como Xóchitl Gálvez.

Un ejemplo de que no todo está perdido es éste de Jalisco. Pero hay una reacción positiva en el mundo. En Italia, Giorgia Meloni ha logrado prohibir que a los niños en edad escolar se les involucre en las escuelas con la agenda LGBTT+.

En Hungría, el Presidente Viktor Orban es un férreo defensor de la civilización occidental y de los valores cristianos. Ha prohibido la promoción LGBTT+ en el sistema educativo y por ley en Hungría solo se reconocen el sexo femenino y masculino y se penaliza la enseñanza LGBTT+ a niños. Las preferencias sexuales entre adultos constituyen ahí un tema privado.

La pedofilia es un crimen aberrante. Se vincula con la trata, un delito grave que a veces no se percibe en la dimensión que ha alcanzado. Jeffrey Epstein fue protagonista de este delito, que involucró a algunos miembros de élites poderosas.

No todos los personajes mencionados en sus archivos participaron en sus crímenes, pero durante años Epstein y la señora Maxwell, su principal cómplice, se movieron entre élites mientras protagonizaban delitos en su famosa isla, convertida en momentos en una isla del terror.

No veo que, en sí mismos, la derecha o la izquierda tengan que ver con el capítulo Epstein, pero así como en lo individual hubo miembros de la élite occidental metidos en ese fango, en dado caso es la izquierda woke a la que se puede señalar —ver el caso también de Noam Chomsky, célebre intelectual de izquierda convertido en consejero del criminal— como vinculada por su ideología con una historia, la de Jeffrey Epstein, tan oscura como aberrante.

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de The Epoch Times

 


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