Académico uigur denuncia detención en Malasia durante gira de su libro por orden de Beijing

El ciudadano de EE. UU. y uigur afirmó que su caso evidencia la represión transnacional de Beijing y un "precedente peligroso" para estadounidenses en el extranjero

Composición The Epoch Times. (Con imagen de Abdulhakim Idris).

Composición The Epoch Times. (Con imagen de Abdulhakim Idris).

21 de abril de 2026, 3:41 p. m.
| Actualizado el21 de abril de 2026, 3:41 p. m.

Cuando Abdulhakim Idris aterrizó en Kuala Lumpur, Malasia, el 29 de marzo, esperaba asistir a la presentación de su libro, a eventos universitarios y a reuniones con estudiantes. En cambio, según relató el académico uigur, las autoridades malasias lo apartaron en el control de inmigración, le confiscaron su pasaporte estadounidense, lo interrogaron durante unas cinco horas, lo retuvieron por aproximadamente 21 horas y lo embarcaron en un vuelo de salida del país antes del amanecer.

No se ofreció ninguna razón oficial. Su anfitrión malasio le comunicó más tarde que la orden había provenido directamente de Beijing.

Idris, ciudadano estadounidense y director ejecutivo del Centro de Estudios Uigures —con sede en Washington—, afirmó que este episodio no constituyó un asunto migratorio rutinario, sino un caso evidente de represión transnacional por parte del régimen chino: una serie de esfuerzos destinados a silenciar, vigilar y castigar a sus críticos mucho más allá de las fronteras de China.

Afirmó que le inquietaba el hecho de que la influencia del Partido Comunista Chino (PCCh) parezca extenderse ahora incluso a países de mayoría musulmana como Malasia, lugares donde muchos comparten la misma fe que Beijing está reprimiendo en Xinjiang.

"China logró utilizar ahora a un tercer país para detener y expulsar a un ciudadano estadounidense", declaró Idris a The Epoch Times. "Si esto se consolida, sienta un precedente peligroso para todo activista, periodista e investigador estadounidense que trabaje en el extranjero".

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Viaje planeado durante meses

Idris ya había viajado a Malasia con anterioridad. Desde 2022, ha estado llevando a cabo allí labores de defensa de la causa uigur, incluida una reunión presencial con el primer ministro Anwar Ibrahim. En esta ocasión, sus colaboradores malasios habían organizado un programa de diez días que incluía eventos universitarios y encuentros con estudiantes, vinculados al lanzamiento de la edición en malayo de su libro Menace: China’s Colonization of the Islamic World & Uyghur Genocide ("Amenaza: La colonización del mundo islámico y el genocidio uigur por parte de China"). El libro fue traducido al turco, al árabe y al indonesio.

Dos días antes de su viaje, el Centro de Estudios Uigures publicó también un informe sobre la influencia china en los países del sur de Asia, incluida Malasia, señaló Idris.

Llegó al Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur a las 7:00 a. m. Un oficial de inmigración tomó su pasaporte y lo condujo a una oficina contigua. Un hombre que se identificó como agente de la Real Policía de Malasia le comunicó que se le denegaría la entrada y que sería deportado, relató Idris. Según la normativa malasia, los ciudadanos estadounidenses no requieren visado para estancias de negocios o turismo inferiores a 90 días.

"Desde el momento en que fui apartado en el control de inmigración, temí por mi vida", afirmó. "Ahora me encontraba detenido por las fuerzas del orden de Malasia a petición de un Estado [China] que ya ha hecho desaparecer a personas como yo".

Varios hombres vestidos de civil y con gafas oscuras permanecían en la habitación, relató.

"No se identificaron, no me dijeron nada y simplemente observaban en silencio. No sabía quiénes eran ni para quién trabajaban", añadió.

La sala de detención

Tras unas cinco horas de interrogatorio, los agentes trasladaron a Idris a una zona de retención temporal. Había más de 30 personas en el interior y no se veía ninguna vigilancia policial, señaló. Algunos de los detenidos hablaban chino.

"Esto me asustó mucho, pues pensé que podrían atacarme", dijo.

Pasó cerca de 15 horas sentado en un rincón de una celda, a solas con la certeza de que varios activistas uigures fueron asesinados en el extranjero en casos que se han rastreado hasta Beijing.

"Me arrojaron a una celda muy abarrotada, extremadamente sucia e insalubre, donde se hallaban detenidas muchas personas", relató Idris. "Aquel único y breve día se me hizo tan largo como un siglo. Todo tipo de pensamientos extraños y aterradores acudieron a mi mente. Pensé en la posibilidad de que el gobierno chino pudiera aprovecharse del entorno en el que me encontraba para hacerme daño".

A las 4:25 a. m. del 30 de marzo, lo embarcaron en un vuelo de Turkish Airlines y lo enviaron de regreso a los Estados Unidos vía Estambul, donde finalmente le devolvieron el pasaporte. Tras aproximadamente 70 horas de detención y viaje, aterrizó en el Aeropuerto Internacional Dulles, en las afueras de Washington.

El jefe de seguridad chino, en la ciudad

Idris cree que la coincidencia temporal no fue casualidad.

Tres días antes de su llegada —el 26 de marzo—, el ministro de Seguridad del Estado de China, Chen Yixin, se reunió en Kuala Lumpur con el primer ministro Anwar para mantener conversaciones sobre la cooperación bilateral en materia de seguridad.

Mientras Idris permanecía detenido, su anfitrión malasio le comunicó que algunos miembros de la delegación de Chen seguían en el país y que su deportación había sido consecuencia de presiones directas por parte de Beijing. Idris afirmó sospechar que algunos miembros de la delegación china podrían incluso haber estado presentes en la oficina de inmigración durante el tiempo que él permaneció detenido.

El gobierno de Malasia no ha dado explicaciones públicas de por qué se le denegó la entrada.

The Epoch Times se contactó con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Malasia para solicitar comentarios.

Tres décadas de activismo

Idris, de 57 años, nació en Hotan, en la región de Xinjiang, en el extremo occidental de China —zona que los uigures denominan Turquestán Oriental—. Estudió en la Universidad de Al-Azhar, en Egipto, antes de solicitar asilo en Alemania en 1990, convirtiéndose así en uno de los primeros uigures en hacerlo.

Ayudó a fundar la Unión del Turquestán Oriental en Europa, el Congreso Mundial de la Juventud Uigur y el Congreso Mundial Uigur. Se trasladó a Estados Unidos en 2009 y, en 2017, cofundó la organización Campaign for Uyghurs junto con su esposa, Rushan Abbas.

Rushan Abbas, fundadora de Campaign for Uyghurs, interviene durante un acto conmemorativo de la masacre de la plaza de Tiananmen, ocurrida en China el 4 de junio de 1989, celebrado en el Monumento a las Víctimas del Comunismo en Washington el 4 de junio de 2025. (Madalina Vasiliu/The Epoch Times).Rushan Abbas, fundadora de Campaign for Uyghurs, interviene durante un acto conmemorativo de la masacre de la plaza de Tiananmen, ocurrida en China el 4 de junio de 1989, celebrado en el Monumento a las Víctimas del Comunismo en Washington el 4 de junio de 2025. (Madalina Vasiliu/The Epoch Times).

Su libro lo ha convertido en un objetivo particular, afirmó Idris. Tras su publicación, él y su esposa recibieron amenazas de muerte coordinadas y sufrieron acoso digital. Durante un evento de presentación en Yakarta Indonesia, relató, la embajada china movilizó a agentes locales para organizar protestas, en las que se quemaron ejemplares del libro y fotografías suyas.

"El objetivo de Beijing es silenciar mi investigación antes de que llegue a las comunidades de habla malaya", declaró Idris. Su único "crimen", añadió, "es ser disidente de una comunidad perseguida por el gobierno chino y exponer las amenazas más amplias que China representa para la humanidad, la libertad y la democracia".

Represión transnacional

Malasia no es el primer lugar donde Idris se ha topado con la influencia de Beijing en el extranjero.

Durante un viaje a Indonesia en 2024, los funcionarios de inmigración de Pontianak le comunicaron que no podía intervenir en eventos con una visa de turista. En un viaje posterior, realizado en 2025, fue retenido en el aeropuerto de Yakarta durante tres horas antes de que se le permitiera la entrada, tras la intervención de Estados Unidos.

Sin embargo, en Malasia, dicha intervención fracasó. Idris señaló que el Departamento de Estado de EE. UU. y la embajada estadounidense en Kuala Lumpur elevaron su caso ante las autoridades de inmigración malasias, pero "Beijing se impuso".

Este caso se inscribe en un patrón más amplio. En febrero de 2025, Tailandia deportó a 40 uigures a China a petición de Beijing, lo que provocó la imposición de sanciones por parte de Estados Unidos a los funcionarios implicados. En abril de 2025, la policía malasia allanó un recinto privado en Kuala Lumpur y detuvo a decenas de practicantes de Falun Gong, poco antes de una visita estatal del líder chino Xi Jinping.

Desde 1999, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha sometido a los practicantes de Falun Gong en China a detenciones masivas, torturas, trabajos forzados e incluso a la extracción forzada de órganos, en un intento por erradicar esta práctica. Los practicantes de Falun Gong —una disciplina espiritual basada en los principios de verdad, compasión y tolerancia— han ejercido su práctica con total libertad en Malasia durante más de 30 años.

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Rushan Abbas, esposa de Idris y directora ejecutiva de la organización Campaign for Uyghurs, afirmó que el caso de su esposo debería servir como "un llamado de atención" para la comunidad internacional.

"Beijing logró instrumentalizar a un tercer país para detener y expulsar a un ciudadano estadounidense", declaró en un comunicado emitido el 16 de abril.

Adrian Zenz, investigador sénior de la Fundación Conmemorativa de las Víctimas del Comunismo —quien ha documentado exhaustivamente los abusos en Xinjiang—, calificó la situación como "represión transnacional en su expresión más descarada".

"Si la comunidad internacional permite que este precedente se consolide, ningún defensor, periodista o investigador estadounidense que trabaje en el extranjero estará a salvo del alcance de Beijing", declaró Zenz en un comunicado.

La familia como herramienta de presión

Para Idris, la presión es también profundamente personal.

Desde que comenzaron las detenciones masivas en Xinjiang en 2017, ha perdido el contacto con 24 familiares, incluidos su madre, sus hermanos y todos sus sobrinos. En agosto de 2023, una fuente anónima le informó que su padre había fallecido siete meses antes en Hotan. La última vez que escuchó la voz de su padre fue en abril de 2017.

"En la cultura uigur, la familia lo es todo", afirmó Idris. "Ser separado de las propias raíces es una forma de guerra psicológica".

Su cuñada, la médica jubilada Gulshan Abbas, fue detenida por la fuerza en septiembre de 2018, apenas unos días después de que su esposa, Rushan Abbas, hablara públicamente sobre la situación de la familia. En diciembre de 2020, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China confirmó que había sido condenada a 20 años de prisión bajo cargos que, según su familia, carecen de fundamento.

"Me niego a vivir con miedo"

Idris relató que regresó a casa desde Malasia profundamente traumatizado y que, desde entonces, tiene problemas de insognio. Ahora, piensa en su seguridad cada vez que viaja. Aun así, afirmó que la experiencia no ha alterado sus planes.

"Me niego a vivir con miedo", declaró. Aseguró que continuará alzando la voz en el Parlamento Europeo, en las Naciones Unidas y en diversos países de mayoría musulmana.

El PCCh, señaló, está "librando un asalto sistemático contra la fe, la identidad y la dignidad humana", y la única respuesta posible es seguir denunciándolo.

"Cada amenaza que recibo y cada sacrificio que mi familia se ha visto obligada a realizar no hacen más que fortalecer mi determinación", afirmó.


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