En un giro inesperado, la historia de dos hermanitas que fueron encontradas sin vida en la piscina de su casa por su abuela cuando regresaba de hacer las compras, pasó de ser un trágico accidente doméstico a convertirse en una investigación criminal que apunta directamente a la madre de las niñas como culpable.
Sobre este caso, que sucedió en febrero pasado, los reportes iniciales indicaban que los agentes del orden atendieron la llamada sobre un posible ahogamiento de dos pequeñas de 2 y 3 años en una casa de Texas. En aquel momento el sheriff del condado de Harris, Ed González, compartió en una publicación en X que aún no tenían información sobre las circunstancias del incidente.
Sin embargo, una exhaustiva investigación de 3 meses reveló un giro de los acontecimientos. la madre de las niñas, Laura Nicholson de 23 años, había sido acusada de dos cargos por lesiones a menores, difundió el sheriff González.
“Nuestra investigación determinó que ambas niñas tenían cocaína en su organismo en el momento de su fallecimiento”, dice la publicación del sheriff del lunes 11 de mayo en la red social X.
Aunque los registros judiciales indican que la autopsia fue completada el 30 de abril, no mencionan cómo fue que la cocaína llegó a la sangre de las niñas.
La gravedad del hecho derivó en una orden de captura el día viernes, pero la Sra. Nicholson ya no se encontraba en Texas.
Con la intervención del Equipo de Aprehensión de Criminales Violentos (VCAT) en coordinación con el Grupo de Trabajo Regional de Fugitivos del Caribe se encontró su paradero a cientos de kilómetros de distancia. El 11 de mayo, el sheriff informó que Nicholson fue localizada cerca de Fort Myers, en Florida, y se procedió a su detención. Está recluida en la cárcel del condado de Lee esperando su extradición al condado de Harris.
Su hallazgo ayudo a reconstruir en parte lo acontecido, reveló Houston Public Media, un servicio de la Universidad de Houston. La abuela de las pequeñas había acusado previamente a su hija Laura de consumir cocaína, según una investigación de los servicios de protección infantil, como muestran los documentos judiciales. Asimismo, el padre de la acusada compartió que ella solía quedarse dormida con frecuencia, lo que causaba problemas.
"Kinsley y Kelsey no eran solo hermanas", dice su obituario, "eran un rayo de alegría que iluminaba el camino tanto a sus amigos como a su familia con sus sonrisas eternas. Sus risas resonaban en las vidas de quienes las rodeaban, y su espíritu juguetón llenaba los espacios de felicidad, recordándonos a todos la belleza que se encuentra en los placeres sencillos".
Hoy, debido a los fatídicos acontecimientos, esa alegría se ha perdido para siempre.














