En el caso de enfermedades crónicas como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) —que incluye la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn—, muchas personas creen que el dolor se debe únicamente a la hinchazón y la inflamación en el intestino. Sin embargo, las investigaciones más recientes indican que la historia es más compleja: el miedo y las reacciones emocionales pueden alimentar y agravar el dolor persistente.
En realidad, la forma en que el cerebro responde al dolor puede ser tan importante como la inflamación misma.
"El dolor es una sensación física que puede ser muy incómoda, pero el verdadero sufrimiento surge de cómo lo interpretamos", explicó a The Epoch Times Daren Banarsë, psicoterapeuta experimentado con consulta privada en el centro de Londres, que no participó en el estudio.
Un experimento que revela la conexión entre miedo y dolor
El estudio, publicado en noviembre de 2025 en la revista Pain, sugiere que los factores emocionales, especialmente el miedo, puede contribuir al dolor abdominal persistente en personas con EII, incluso cuando la enfermedad está en remisión, es decir, sin inflamación activa.Investigadores del Centro de Psicología Médica y Neurociencia Traslacional de la Universidad del Ruhr en Bochum en Alemania, reclutaron a 43 participantes (21 con colitis ulcerosa y 22 sanos como grupo de control) para un experimento de condicionamiento del miedo.
Los participantes observaban símbolos en una pantalla. Cuando aparecía un símbolo, se aplicaba calor doloroso en el abdomen, mientras que un segundo símbolo no se asociaba con dolor. Esto se hizo para enseñar a los participantes a asociar el primer símbolo con el dolor. Posteriormente, los investigadores mostraron el mismo símbolo sin aplicar calor para ayudarles a desaprender esa respuesta de miedo.
Al día siguiente, los participantes regresaron y se les aplicó el mismo calor doloroso, pero esta vez sin ningún símbolo.
No se trata de tener más miedo en general
Hanna Öhlmann, del Centro de Psicología Médica y Neurociencia Traslacional de la Universidad del Ruhr de Bochum, señaló en el comunicado de prensa del estudio que las investigaciones sobre otras afecciones con dolor crónico, como el síndrome del intestino irritable, muestran que las personas afectadas tienden a desarrollar más miedo al dolor que las personas sanas.Junto con una conducta de evitación persistente, este miedo intensificado puede hacer que el dolor abdominal se perciba como cada vez más amenazante, lo que a su vez puede perpetuar el ciclo del dolor.
Lo más destacado de esta investigación, señaló Banarsë, es que los pacientes con EII no desarrollaron un miedo más intenso que los participantes sanos.
"Por lo tanto, no fue el proceso de aprendizaje en sí lo que difirió, sino más bien cómo el miedo se relacionó con la percepción del dolor", dijo Öhlmann.
Los hallazgos sugieren que la inflamación intestinal repetida a lo largo del tiempo puede modificar la forma en que el cerebro procesa el dolor y el miedo haciendo que el dolor se sienta más intenso incluso cuando la respuesta de miedo inicial no sea mayor.
“Procesaron la conexión miedo-dolor de forma diferente", dijo Banarsë. "Esto indica que el problema no radica en el miedo excesivo, sino en cómo los episodios inflamatorios recurrentes han alterado el funcionamiento del sistema nervioso para procesar el dolor".
Implicaciones importantes para el tratamiento
Estos hallazgos tienen consecuencias importantes para el manejo de la enfermedad, que hasta ahora se ha centrado principalmente en controlar la inflamación."Factores psicológicos, como el estrés, la evitación persistente o el miedo relacionado con el dolor, también podrían desempeñar un papel clave", afirmó Öhlmann. Añadió que, por esta razón, el dolor abdominal crónico debe reconocerse como una característica importante de la enfermedad EII y tratarse adecuadamente.
"Como trastorno intestinal, la EII afecta el eje cerebro-intestino y puede hipersensibilizar todo el sistema nervioso", explicó Banarsë. "Esto significa que uno se vuelve más propenso al dolor, incluso en periodos de baja inflamación. El simple hecho de comprender este mecanismo ya puede ayudar a reducir la ansiedad al experimentar el dolor".
El futuro del tratamiento de la EII: un enfoque multidisciplinario
Banarsë dijo que cree que el futuro del tratamiento de la EII debería incluir un modelo de atención multidisciplinario, con gastroenterólogos trabajando con profesionales de la salud mental especializados en terapias somáticas y cognitivo-conductuales."Tratar la inflamación y enseñar al sistema nervioso del paciente a sentirse seguro en su propio cuerpo son igualmente esenciales para lograr un alivio duradero del dolor", afirmó.
Terapias somáticas como la Experiencia Somática y la Psicoterapia Sensoriomotora pueden resultar especialmente útiles en la EII, ya que regulan el sistema nervioso, pasando de un estado de hipersensibilidad a uno de seguridad y calma.
"También ayudan a liberar la tensión visceral crónica —esa contracción y agarre físico alrededor del núcleo y el diafragma que se produce cuando el miedo y la ansiedad se alojan en el cuerpo", añadió Banarsë.
Estrategias que pueden mejorar la respuesta al dolor
La doctora Nona Kocher, psiquiatra certificada en Quintessence Psychiatry (Miami), quien no participó en el estudio, explica a The Epoch Times que la terapia cognitivo-conductual (TCC) ayuda a las personas con EII a manejar el dolor al cambiar la forma en que piensan sobre él."Enseña a los pacientes a identificar y a cuestionar pensamientos negativos que empeoran el dolor", señaló. La TCC también puede reducir el miedo al dolor al exponer gradualmente a los pacientes a situaciones que normalmente se evitan.
"Esto ayuda al cerebro a aprender que estas situaciones no son peligrosas", agregó, enfatizando que la terapia también enseña relajación y estrategias de afrontamiento para reducir el estrés y el malestar emocional.
"Reducir el miedo y la ansiedad puede hacer que el dolor se perciba como menos intenso y desagradable", afirmó. "Con el tiempo, la TCC rompe el ciclo en el que el miedo agrava el dolor, mejorando así el funcionamiento diario y la calidad de vida".
Kocher también recomienda estrategias específicas que pueden ayudar a los pacientes a reformular las respuestas emocionales al dolor:
- Prácticas de atención plena para conectarse en el momento presente, en lugar de preocuparse por el futuro.
- Técnicas de relajación, como la respiración profunda o la imaginación guiada para reducir la reactividad emocional.
- Diálogo interno positivo para contrarrestar pensamientos que intensifican la percepción del dolor.
"Establecer metas también resulta muy útil", dijo. "Puede ayudar a los pacientes a sentirse más en control y menos abrumados". Kocher dijo que seguir el progreso hacia esos objetivos puede aumentar la motivación y la confianza.
Los pacientes también podrían beneficiarse de compartir sus experiencias con otros para reducir el aislamiento, afirmó. "Celebrar pequeños logros puede ayudar a reforzar estrategias de afrontamiento positivas", concluye Kocher.














