Durante 20 años, contribuí a crear y gestionar restaurantes ecológicos y de cocina vegetal en California llamados Café Gratitude y Gracias Madre. Su misión fundamental se basa en una idea sencilla: la comida es medicina. Todo era ecológico. Sin herbicidas sintéticos. Sin pesticidas. Creía entonces, y sigo creyendo ahora, que cualquier cantidad de residuos químicos es excesiva para la salud humana, especialmente para los niños, cuyos cuerpos aún están sentando las bases para toda la vida.