Se produjo un cambio radical en los sectores público y privado en materia de cambio climático, al darse cuenta los gobiernos y las empresas de que Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ya no será un títere de una camarilla de élites internacionales que pretenden imponer costosas restricciones de emisiones netas cero a las empresas estadounidenses y proyectos climáticos inútiles a nivel internacional a las naciones.