La Copa Mundial de la FIFA 2026 se ha convertido en una edición inédita al ser la que mayor número de selecciones nacionales ha concentrado en su historia y porque ningún mandatario ha estado en las gradas del Estadio Ciudad de México este jueves en la jornada inaugural.
En una imagen insólita, al recinto deportivo más emblemático de México, sede mundialista en tres ocasiones, no acudió ningún jefe de Estado, tampoco la mandataria del país anfitrión, la presidenta de México Claudia Sheinbaum Pardo, dejando la representación política en funcionarios de segundo nivel para el torneo futbolístico más importante a nivel global.
Los mandatarios de Estados Unidos y Canadá, Donald Trump y Mark Carney, líderes de los los otros dos países que celebran esta edición de la Copa del Mundo, tampoco estuvieron presentes en la inauguración.
Lo mismo sucedió con el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, cuya selección jugó el partido de apertura contra la selección de México.
Como personalidad más destacada se encontraba el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, máximo dirigente mundial del fútbol.
Esta circunstancia tan excepcional ya había sido adelantada por la presidenta Sheinbaum, cuando anunció que algunos líderes extranjeros que iban a llegar a México cancelaron su viaje "por razones de sus países".
Para Ricardo Domínguez, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esta ausencia no debe interpretarse como un "desaire" al gobierno del país sede del Mundial, dada la actual situación internacional y ante las críticas a la FIFA por la organización de esta magna cita deportiva.
"En el pasado, estos eventos eran una oportunidad para mostrar al mundo el estado en el que se encontraba un país. Hoy la situación ha cambiado porque ha cambiado la forma de comunicación mundial", le dijo a la agencia de noticias EFE el experto.
Sheinbaum rompe una tradición
Sin embargo, lo más llamativo ha sido la ausencia de la propia mandataria de México, quien decidió regalar su entrada a una joven indígena y ver el partido en una zona habilitada en la Ciudad de México para los aficionados.Rompiendo una tradición de décadas, Sheinbaum se convirtió en la primera jefa de Estado de este siglo de un país anfitrión que no acude a la jornada inaugural de la Copa del Mundo, una práctica que se producía ininterrumpidamente desde al menos el Mundial de 1958 celebrado en Suecia.
En el caso de México, los presidentes durante las sedes mndialistas de 1970 y 1986, Gustavo Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid Hurtado, estuvieron en el recinto de juego, donde recibieron una sonora e histórica abucheada por parte del público local.
El investigador de la UNAM considera la ausencia de Sheinbaum como un acto congruente con su retórica de gobierno de "primero los pobres", y ante los costos estratosféricos de las entradas a los partidos.
"Más que afectar la proyección internacional de México, la favorece [a Sheinbaum]", añadió Domínguez.
La presidenta justificó su decisión en que al partido iban a poder ir "pocas personas", de modo que prefirió verlo con "el pueblo" en un Fan Fest en la capital del país.




















