Las armas chinas, promocionadas como tecnología de élite y bajo costo, colapsaron en escenarios reales como Venezuela e Irán, dejando al descubierto fallas críticas frente a la guerra moderna y poniendo en duda la credibilidad militar de Beijing.
Y el régimen de Xi Jinping reactiva estrategias de la era Mao y traslada su industria al interior del país, en una señal alarmante de que el PCCh ya no se prepara para la posibilidad de guerra, sino para un conflicto que ya considera inevitable.
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