La captura de Nicolás Maduro expone los límites reales del respaldo chino en América Latina y pone en entredicho la “asociación a toda prueba” entre Beijing y Caracas, en medio de la creciente rivalidad con Estados Unidos. Mientras tanto, Washington y Tokio refuerzan su frente de disuasión ante China, advirtiendo que el Indo-Pacífico entra en una era de militarización e incertidumbre que podría redefinir el equilibrio de poder regional.
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