China rompe su cautela y entra de lleno en la guerra de Irán con una ofensiva diplomática que podría cambiarlo todo. Pero detrás de un discurso de paz, emerge una estrategia mucho más profunda.
En pocos días, Beijing activó contactos simultáneos con Europa y Medio Oriente, mientras asegura su acceso energético en una de las rutas más críticas del mundo. Y lo hace jugando en ambos lados del conflicto.
Pero no podemos dejar de hacernos una gran pregunta: ¿China busca realmente detener la guerra… o posicionarse para controlar el nuevo orden que surja después? Las consecuencias podrían extenderse mucho más allá de Oriente Medio, hasta Latinoamérica.
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