Tabla de contenidos
2. El cambio climático (continuación) c. Establecimiento del dogma en la comunidad científica d. Propaganda e intimidación2. El cambio climático (continuación)
b. Establecimiento del dogma en la comunidad científica
El alboroto generado por las fuerzas comunistas en torno al cambio climático no solo tiene la intención de preparar el terreno para un gobierno mundial, sino también destruir la ética de las investigaciones en la comunidad científica.
La climatología es un tema joven con solo unas pocas décadas de historia. Sin embargo, las hipótesis sobre el calentamiento global han sido tomadas prematuramente como un hecho comprobado. Los medios de comunicación han mantenido al calentamiento global en los titulares y han encubierto las inexactitudes de la ciencia subyacente. Los gobiernos despilfarran fondos para investigar la hipótesis del calentamiento global mientras marginan otros hallazgos. Los medios de comunicación y los políticos etiquetan la predicción de un cambio climático catastrófico como algo "científicamente demostrado" y lo difunden por todo el mundo como una doctrina incuestionable. Así pues, el pensamiento sobre la cuestión se ha unificado en gran medida entre el público, y esto ha sembrado en la mente de las personas nociones retorcidas sobre lo correcto y lo incorrecto.Sin importar la reputación académica de un científico, una vez que expresa públicamente sus dudas sobre el dogma del consenso, inmediatamente enfrenta una tremenda presión de sus pares y de las instituciones académicas, la cual lo obliga a retirarse. La gente que vivió en una sociedad comunista totalitaria ha tenido experiencias similares al cuestionar el dogma del partido comunista.
David Bellamy fue un reconocido botánico inglés y presidente de The Wildlife Trusts que escribió docenas de libros y artículos científicos a lo largo de su carrera, y afirmó públicamente que no creía en el dogma del consenso sobre el calentamiento global. The Wildlife Trust respondió con una declaración expresando su descontento y varios meses después lo despidió cuando terminó su término [46]. Ambientalistas que antes lo respetaban comenzaron a poner en duda su capacidad mental. [47]
El Dr. William Gray, reconocido profesor, fue pionero de la investigación estadounidense sobre huracanes. Después de criticar el dogma del consenso sobre el calentamiento global provocado por el hombre, sus propuestas de investigación fueron reiteradamente rechazadas. [48]En su libro Clima de extremos: La ciencia del calentamiento global que no quieren que sepas, el coautor Patrick J. Michaels, expresidente de la Asociación Americana de Climatólogos Estatales y climatólogo de la Universidad de Virginia, enumeró numerosos casos de ambientalistas que suprimieron opiniones científicas con el fin de llegar a su supuesto consenso. Dado que Michaels afirmaba que los cambios en el clima no necesariamente causarían un desastre –y esta postura era inconsistente con el dogma del consenso– el gobernador de Virginia le ordenó dejar de hablar sobre el calentamiento global como climatólogo estatal. Michaels finalmente decidió renunciar. [49]
Mark Albright, climatólogo asistente del estado de Washington, fue despedido luego de un incidente relacionado a unas declaraciones engañosas que hizo el alcalde de Seattle, quien había dicho que "la cantidad de nieve promedio en [la Cordillera de las Cascadas] disminuyó en un 50% desde 1950". Albright comenzó a enviar datos a sus colegas que mostraban que la cantidad de nieve en las Cascadas había aumentado, no disminuido, desde los años 70. El climatólogo del estado en esa época exigió que Albright comenzara a mostrarle sus emails para su revisión antes de enviarlos, y cuando Albright se opuso, lo removieron del cargo. [50]
En países comunistas es común que haya una interferencia política explícita en la ciencia. En países occidentales, las políticas ambientalistas están siendo usadas para interferir con la libertad académica. Es raro ver en publicaciones académicas investigaciones que arrojen dudas sobre el dogma del consenso, un fenómeno que comenzó en los años 1990. En el documental de 1990 La conspiración del invernadero, Michaels dijo que cuando preguntó a un editor por qué uno de sus artículos científicos había sido rechazado para su publicación, la respuesta fue que su artículo debía pasar por un estándar de evaluación más alto que otros [51]. Según el informe del IPCC de 1990, en ese tiempo se entendía que el alcance del calentamiento global era equivalente a cambios naturales en el clima. Por lo tanto, aunque el punto de vista de Michaels era diferente al de muchos otros, no podía ser considerado herético. No obstante, el objetivo de establecer un consenso falso ya estaba establecido, y todos tenían que apoyarlo.
En marzo de 2008, muchos científicos que dudaban del dogma del consenso sobre las cuestiones climáticas realizaron un evento académico privado en Nueva York. Muchos de estos científicos dijeron que encontraron varios obstáculos cuando intentaron publicar sus investigaciones en publicaciones académicas. El meteorólogo Joseph D’Aleo, expresidente del Comité para el Análisis y Pronóstico del Tiempo de la Sociedad Americana de Meteorología, dijo que algunos de sus colegas no se atrevieron a asistir a la reunión por miedo de que se vieran afectados laboralmente. Él creía que “muy probablemente [hay] una mayoría silenciosa de científicos en climatología, meteorología y ciencias relacionadas que no apoyan lo que, según se dice, es la postura del 'consenso'”. [52]
La climatóloga Judith Curry, expresidente de la Escuela de Ciencias Atmosféricas y de la Tierra del Instituto de Tecnología de Georgia, declaró en un testimonio ante el Senado en 2015 que había recibido un email de un científico empleado por la NASA que decía: “Estuve en una pequeña reunión de científicos afiliados a la NASA y nuestro máximo director me dijo que su jefe de la NASA le dijo que no deberíamos tratar de publicar artículos contrarios a las actuales afirmaciones sobre el calentamiento global, porque entonces él (el jefe de la NASA) tendría un dolor de cabeza al contrarrestar la publicidad ‘indeseable’”.
Curry dijo además en su testimonio:
Un científico del clima que hace una declaración de incertidumbre o de un grado de duda sobre el debate del clima es catalogado como negador o ‘mercader de la duda’, y se asume que sus motivos son ideológicos o motivados por el financiamiento de la industria de los combustibles fósiles. Mi propia experiencia al plantear públicamente la preocupación sobre cómo el IPCC cataloga a la incertidumbre dio como resultado que yo sea catalogada como una ‘herética del clima’ que se puso en contra de sus colegas. Hay una enorme presión sobre los científicos climáticos para que se ajusten al tal llamado consenso. Esta presión no solo proviene de políticos, sino de agencias de financiamiento federal, universidades y sociedades profesionales, y de los científicos mismos que son activistas y promotores verdes. Reforzando este consenso están los fuertes intereses monetarios, de reputación y de autoridad. [53]
En enero de 2017, Curry decidió retirarse de su puesto titular, y escribió que "ya no [sé] qué decirle a los estudiantes y posdoctorados respecto a cómo sortear la LOCURA en el campo de la ciencia del clima". En una entrevista de 2017, Curry dijo: "Una vez que se entienden las incertidumbres científicas, el actual camino regulatorio en el que estamos no hace mucho sentido. [...] Necesitamos abrir el diálogo regulatorio hacia un espacio de soluciones más grande. Así que solo tengo la intención de abrir el diálogo y provocar que la gente piense". [54]
Roger Pielke Jr., profesor de la Universidad de Colorado, dijo que la experiencia de Curry demuestra que “tener un puesto titular no es garantía de libertad académica” [55]. Pielke antes fue investigador del Instituto Cooperativo para la Investigación de Ciencias Ambientales de su universidad. Aunque estaba de acuerdo con la mayor parte de las conclusiones del “consenso” del IPCC, fue sometido a presiones similares porque señaló que los datos no respaldaban la idea de que eventos climáticos extremos como huracanes, tornados y sequías aumentaron debido a las emisiones de gases de invernadero. Eventualmente se cambió al Centro de Gobernancia del Deporte de la Universidad de Colorado. [56]
No es de extrañar que Joanne Simpson, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y galardonada científica atmosférica de la NASA, no declarara su escepticismo sobre el “consenso” hasta después de retirarse. “Dado que ya no estoy afiliada a ninguna organización ni recibo ningún financiamiento, puedo hablar con bastante franqueza”, dijo. “Como científica, permanezco escéptica. [...] El fundamento principal de la afirmación de que los gases de invernadero emitidos por el hombre son la causa del calentamiento está basado casi en su totalidad en modelos climáticos. Todos sabemos de la flaqueza de los modelos con respecto al sistema aire-superficie”. [57]
d. Propaganda e intimidación
En el libro La gran metida de pata del calentamiento global: Cómo la madre naturaleza engañó a los máximos científicos climáticos del mundo, Roy Spencer, climatólogo que fue experto en satélites para la NASA, enumeró quince técnicas de propaganda usadas por los ambientalistas, incluyendo causar pánico, apelar a la autoridad, alimentar la mentalidad de rebaño, ataques personales, imponer estereotipos, sensacionalismo y falsear registros. [58]3. Ambientalismo comunista
En las últimas décadas, con las fuerzas comunistas en retroceso y las catástrofes políticas y económicas de los regímenes comunistas expuestas, el comunismo se aferró al ambientalismo para continuar con sus planes.a. Culpar al capitalismo
El ambientalismo trata al capitalismo como el enemigo, por lo que comparte un enemigo en común con el comunismo. Cuando el comunismo sufrió reveses en los movimientos obreros de los países occidentales desarrollados, cambió de marcha y se apropió de la causa ambiental. El activismo normal para la protección del medio ambiente se transformó en un activismo que apunta a derrotar al capitalismo.b. La religionización del ambientalismo
Michael Crichton, autor de Jurassic Park, una vez dijo que el ambientalismo es una de las religiones más poderosas en el mundo occidental de hoy. Dijo que posee la típicas características de una religión: “Hay un Edén inicial, un paraíso, un estado de gracia y unidad con la naturaleza; hay una caída de la gracia hacia un estado de contaminación como resultado de comer del árbol del conocimiento; y como resultado de nuestras acciones, hay un día de juicio final que llegará para todos. Somos todos pecadores energéticos, condenados a morir, a menos que busquemos la salvación, que ahora se llama sustentabilidad. La sustentabilidad es la salvación en la iglesia del medio ambiente”.c. Infiltración política: construyendo un gobierno mundial
Es difícil imponer políticamente el comunismo en el mundo occidental democrático, el cual valora los derechos individuales, la propiedad privada, el Estado de derecho y el libre mercado. El movimiento ambientalista radical requiere el poder del gobierno para forzar a la gente a renunciar a sus propiedades y a su estilo de vida.Si el movimiento es incapaz de despegar, podrían resaltar aún más la visión de una crisis ecológica inminente, fomentando así el pánico y el miedo necesario para influenciar al público y a los gobiernos a aceptar la implementación forzosa de políticas ambientales, y así lograr el objetivo de destruir el capitalismo e imponer el comunismo.
Por lo general, los Estados comunistas reasignan la riqueza mediante una revolución. Sin embargo, a lo largo de los años, este método se hizo cada vez más difícil. Por lo tanto, los ambientalistas adoptaron estrategias indirectas, que obligan a la gente a renunciar silenciosamente a su libertad y propiedad en nombre de evitar la tragedia medioambiental.
Un organizador de campañas del grupo Friends of the Earth (Amigos de la Tierra) declaró en una conferencia de la ONU: “Una respuesta al cambio climático debe tener en su núcleo la redistribución de la riqueza y de los recursos” [73]. Una prominente pensadora verde de la Universidad de Westminster dijo a un periodista que el racionamiento de carbono "tiene que ser impuesto a la gente, les guste o no” y que “la democracia es un objetivo menos importante que proteger al planeta de la muerte de la vida, el fin de la vida en él”.
En la “batalla” contra el cambio climático, Gran Bretaña fue la primera en plantear el concepto de cupones individuales de raciones de carbono. Un científico británico consideró esto como “la introducción de una segunda moneda en la que todos tendrán la misma porción –la redistribución de la riqueza teniendo que comprar créditos de carbono a alguien menos adinerado”.
Quienes vivieron en la Unión Soviética o en la China comunista pueden ver fácilmente a este tipo de racionamiento de carbono como otro método para formar un sistema totalitario. En China, los cupones de alimentos se solían usar para comprar productos básicos como aceite de cocina, granos y tela. Con el racionamiento de alimentos se distribuía la riqueza mientras el gobierno central tenía control supremo sobre las propiedades y la libertad de la gente.
Los ambientalistas también usan su ideología para restringir la libertad individual. En países de Occidente, generar la imagen de una catástrofe ambiental inminente se volvió una forma conveniente de persuadir a la gente para que renuncie a sus derechos. La Carbon Sense Coalition de Australia propuso una lista de nuevas leyes para obligar a la gente a modificar su comportamiento en nombre de resolver el calentamiento global:
- Prohibir las bombillas incandescentes [...]
- Prohibir las fogatas y las salamandras
- Prohibir el agua embotellada
- Prohibir que los autos privados circulen en ciertas áreas
- Prohibir los televisores plasma
- Prohibir los aeropuertos nuevos
- Prohibir las extensiones de los aeropuertos existentes
- Prohibir el modo reposo en electrodomésticos
- Prohibir la energía generada por carbón
- Prohibir los sistemas eléctricos de agua caliente
- Prohibir vacacionar en auto
- Prohibir los fines de semana de tres días
- Cobrar impuestos por bebés
- Cobrar impuestos por automóviles grandes [...]
- Cobrar impuestos sobre áreas de estacionamiento en los supermercados
- Cobrar impuestos sobre la basura
- Cobrar impuestos por tener una segunda vivienda
- Cobrar impuestos por tener dos autos
- Cobrar impuestos por volar en avión para vacacionar
- Cobrar impuestos sobre la electricidad para subsidiar la [energía] solar
- Cobrar impuestos sobre los salones de exhibición de grandes automóviles
- Cobrar impuestos ecológicos a los autos que entren a las ciudades
- Requerir permisos para conducir un auto más allá de los límites de tu ciudad
- Limitar las opciones de electrodomésticos
- Emitir créditos de carbono para cada persona
- Dictar los estándares de eficiencia de combustible
- Investigar cómo reducir la producción de metano de los alces de Noruega [...]
- Quitar las líneas blancas de los caminos para hacer que los motoristas conduzcan con más cuidado [....] [74]
El ambientalismo también es usado para expandir el tamaño y la autoridad del gobierno. Varios países occidentales no solo tienen grandes agencias de protección ambiental, sino que también usan al medio ambiente como una excusa para establecer nuevas agencias gubernamentales y expandir la autoridad de las agencias existentes. Todas las agencias tienen una tendencia burocrática hacia la autopreservación y la expansión, y las agencias ambientales no son la excepción. Abusan de su poder para difundir la versión de la catástrofe ambiental al público en general a fin de obtener más financiamiento y asegurar sus puestos dentro de la estructura gubernamental. Por supuesto, los contribuyentes son los que pagan la cuenta.
La ciudad de San Francisco estableció un puesto de Jefe de Clima con un salario anual de USD 160,000. Uno de los vecindarios más pobre de Londres, Tower Hamlets, llegó a tener cincuenta y ocho cargos oficiales relacionados con el cambio climático [75]. La lógica es la misma que las de universidades y empresas que contratan funcionarios de “diversidad”.
El ambientalismo se usa para sugerir que la democracia quedó obsoleta y así presionar por el establecimiento de un gobierno totalitario multinacional o incluso global. Los ambientalistas afirman que las democracias no pueden manejar la crisis ambiental que se avecina. En cambio, sostienen que para superar los desafíos que se vienen, se deben adoptar formas totalitarias o autoritarias de gobierno, o al menos algunos de sus aspectos. [76]
La autora Janet Biehl resumió este tipo de mentalidad diciendo que "la crisis ecológica solo se puede resolver mediante métodos totalitarios" y “es necesaria una ‘ecodictadura’” [77]. Lo que implica es que ninguna sociedad libre se sometería voluntariamente a lo que requiere la agenda verde.
Paul R. Ehrlich, uno de los fundadores del ambientalismo, escribió en el libro Cómo ser un sobreviviente: un plan para salvar la astronave Tierra:
1. Debe incorporarse el control poblacional tanto en países sobredesarrollados como en países subdesarrollados;
2. Los países sobredesarrollados deben ser menos desarrollados;
3. Los países subdesarrollados deben ser semidesarrollados;
4. Deben establecerse procedimientos para monitorear y regular el sistema mundial en un impulso continuo por mantener un equilibrio óptimo entre población, recursos y medio ambiente. [78]
En la práctica, excepto por un gobierno totalitario global, ningún gobierno u organización podría acumular tanta autoridad. En definitiva, los programas que proponen los ambientalistas glorifican al totalitarismo comunista y sugieren que el sistema comunista es superior.
Reuters estimó en un artículo de 2007 que debido a la política de un solo hijo implementada en los años 80, el PCCh fue capaz de limitar su población a 1300 millones, 300 millones menos que los 1600 millones que se habían calculado. El autor del artículo señaló que la política del PCCh tenía el efecto secundario de contribuir a la reducción de las emisiones globales de carbono, ignorando así la brutalidad con la que se aplicó dicha medida totalitaria –que incluye abortos y esterilizaciones forzados, y persecución económica– además del trauma y sufrimiento que provocó a las millones de mujeres chinas y sus familias cuyos derechos fundamentales y privacidad fueron pisoteados. [79]
Uno de los asuntos más relevantes que afectan al medio ambiente es la contaminación. A pesar de privar de la vida a cientos de millones de bebés, el modelo económico del PCCh consume energía a un ritmo enorme, lo que convierte a la República Popular China en el contaminador más grande del mundo, con la peor polución del aire en grandes ciudades y una severa contaminación del agua. La mayoría de los ríos en China continental ya no tienen agua apta para consumo; el aire contaminado vuela desde China hasta Corea y Japón, e incluso cruza el Océano Pacífico y llega a la Costa Oeste de Estados Unidos.
Lógicamente, los verdaderos ambientalistas deberían hacer de la China comunista el blanco principal de sus críticas, pero curiosamente, muchos elogian al PCCh, e incluso lo ven como la esperanza de la protección ambiental. El sitio web del Partido Comunista de EE. UU., People’s World, reportó extensamente sobre noticias ambientales. El tema central de sus artículos es que las medidas ambientalistas del gobierno de Trump destruirán el país e incluso el mundo, mientras que el PCCh es la fuerza para su salvación. [80]
Klaus escribió en su libro: “El ambientalismo es un movimiento que intenta cambiar radicalmente el mundo sin importar las consecuencias (a costa de vidas humanas y severas restricciones a la libertad individual). Intenta cambiar a la humanidad, el comportamiento humano, la estructura de la sociedad, el sistema de valores, ¡simplemente todo!” [81]
Klaus cree que la actitud de los ambientalistas hacia la naturaleza es análoga al enfoque de Marx hacia la economía: “El objetivo en ambos casos es reemplazar la evolución libre y espontánea del mundo (y la humanidad) por lo que sería un planeamiento óptimo, central o –usando el adjetivo de moda– global del desarrollo mundial. Similar al caso del comunismo, este enfoque es utópico y produciría resultados completamente diferentes de los deseados. Como otras utopías, esta nunca podrá materializarse, y los intentos por hacer que se materialice solo pueden ser llevados a cabo restringiendo la libertad, a través de la dictadura de una minoría pequeña y elitista por sobre la abrumadora mayoría”. [82]
